Emilio Estaba que me llevaba el maldito diablo, si Mila no se quitaba en este momento del frente del auto, estoy más que seguro que yo mismo me bajo y la quito. —¡Mila!, por enésima vez si no te quitas no podremos hablar con tranquilidad —dije. —Está bien, bájate y hablamos, tu no puedes tirarme a la basura como si yo fuera un trapo sucio después de lo que pasó anoche en tres los dos, además si te digo que pude quedar embarazada es porque así es, y de una buena vez te advierto no voy hacer tu conejillo de indias —dijo realmente ofuscada. Suavice mi rostro, y dejé salir una pequeña sonrisa, tal vez ella así que quitaría de mi caminó. —Está bien Mila, entonces entra a casa, habla con tu padre, en una hora vengo por ti. Tu y yo tenemos que hablar —dije, es más que evidente que a la mal
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