(Narrador omnisciente)
El pelinegro caminaba por los largos pasillos de la casona de los cazadores pensando en lo que les había dicho Abraham, si la vampiresa estaba loca como él decía todo podría salir muy mal. Camino frustrado a su habitación donde al entrar se topó con la imagen de el elfo dormido en su cama, si bien no era la primera vez que el rubio dormía ahí antes era un niño pequeño ahora era casi un adulto.
Suspirando camino al baño de su habitación donde se despojó de su ropa y entró a la ducha, los minutos pasaban hasta que por fin después de casi una hora decidió salir de debajo de la lluvia artificial. Se puso ropa cómoda para dormir y se dirigió a su cama donde se acomodó con lentitud para no despertar al elfo.
[...]
—Lolo? -susurro moviendo con suavidad al cazador-
—Mmm? -el elfo rió y siguió moviendo al cazador con intención de levantarlo- qué quieres?
—Vamos a comer? -el pelinegro bufo y se tapó hasta la cabeza con las sábanas- vamos Dani
—Déjame dormir hombre -se quejó cuando las cobijas dejaron de cubrir su cuerpo-
—Vamos que quiero pasar tiempo contigo -dijo y jalo al hombre sacándolo de la cama- andando
El cazador con enojo se puso su ropa diaria y salió después del rubio rumbo al comedor donde ya había algunos cazadores y guardianes en el inmenso comedor. El rubio saludó a los pocos que estaban ahí y se sentó jalando al pelinegro haciéndolo sentarse a su lado, unos minutos después ya se encontraban comiendo.
—Tienes tiempo libre para el mediodía? -el pelinegro lo miró y se quedó pensando un momento-
—Para que? -el rubio lo miró mal y terminó su desayuno- Eru
—Quiero que me acompañes a un lugar -dijo con simpleza y el pelinegro terminó de comer- tienes tiempo?
—Supongo -el rubio sonrió y se levantó para jalar al hombre levantándolo de la silla- a ver espérate, no puedo salir fuera contigo
—Por que? -suspiro y miró enojado al pelinegro-
—Ayer en la misión no logramos cazar a una vampiresa peligrosa -dijo y el rubio pareció decepcionado- mira se que querías pasar tiempo conmigo pero lindo no puedo salir contigo fuera
Así pasaron todo el día en la gran biblioteca leyendo algunos libros o jugando algunos juegos de mesa, conforme pasaban los días y los meses la relación de ambos mejoró en sobremanera. Ambos comenzaron una relación, una relación la cual el rubio añoraba desde hacía ya tiempo atrás, podría decirse que todo iba perfecto para ellos.
De lo que él pelinegro no se había percatado era de que lo habían seguido por meses y habían encontrado una de sus debilidades en algunas ocaciones.
[...]
—Pero que sucede? -dijo preocupado al ver el alterado estado en el que se encontraba el pelinegro-
—Tengo que irme -gritó y comenzó a correr con desesperación hacia donde su instinto de protección le indicaba-
Damián y un chico más que se había unido hacia un par de meses a su grupo de caza llamado Ezequiel corrían tras de él, a ambos les había entrado aquella preocupación que él mayor sentía en ese momento.
Los minutos se sentían eternos y pronto se escuchó un grito que hizo que el corazón de él pelinegro doliera, enfurecido sacó su katana que de inmediato se llenó de fuego y con ágiles movimientos decapito a el grupo de vampiros que estaban masacrando a una familia.
Su corazón latía de manera desenfrenada, miró los cuerpos de las personas en el suelo y su corazón se detuvo al ver al esposo de aquella pelirroja que había sido su compañera. Junto a él estaba el cuerpo de un adolescente de 13 años y al darse la vuelta encontró el cuerpo aún con vida de la pelirroja.
—Mary -dijo aterrado arrodillándose frente a la mujer que apenas y respiraba- perdóname, perdóname -sollozo tomando con delicadeza en cuerpo herido de la pelirroja- prometí cuidarte, lo memento tanto
Los ojos azules de esa pelirroja lo miraron, el sonido de su corazón iba apagándose pero aún así esa mujer logró reconocer aquellos ojos desconocidos, aquella voz y su corazón se sintió cálido. Se sintió segura y el miedo en su cuerpo se fue, entre sus brazos cargaba a una pequeña de aproximadamente 2 meses quien se movía con miedo.
—Espera no te vayas -rogó tratando de curar a la mujer- por favor Mary no me dejes tú también -su voz se quebró mirando como el brillo en aquellos ojos azules se iba apagando- por favor
—Cuid... cuida a m-mi be-ebé -dijo con dificultad antes de que su corazón dejara de emitir sonido y un grito desgarrador saliera de la boca del cazador-
Los otros dos solo miraban con tristeza como aquel cazador se rompía frente a ellos sin dejar de rogarle a aquella pelirroja volver, Damián tomó a la pequeña y la entregó a Ezequiel para volver polvo los cuerpos de los vampiros.
Acomodaron los cuerpos de los humanos viendo cómo el pelinegro no dejaba de aferrarse al cuerpo de la pelirroja, pronto el olor a flores nocturnas invadió el lugar y una mujer pelinegra apareció. Elizabeth corrió hacia el cazador y lo abrazó alejándolo poco a poco del cuerpo de la mujer, lo cubrió con sus hermosas alas tratando de reconfortarlo por la pérdida de su única familia.
Logró calmarlo después de unos minutos y tomando a la pequeña bebe caminaron al lugar donde Danilo enterraría a las personas que tanto amaba su pelirroja, un pequeño descampado lleno de flores blancas, un lugar en el que se solían encontrar frecuentemente años atrás ambos cazadores. Con el corazón en su mano y con ayuda de los otros dos comenzaron a cabar tres hoyos, pequeñas lágrimas seguían cayendo por las mejillas del pelinegro y de sus labios salían pequeños sollozos o suspiros.
La mujer pelinegra miraba con dolor al cazador, era la segunda vez que lo veía tan vulnerable, nunca se esperó verlo así, completamente roto. Miró a la pequeña bebe pelirroja que miraba con atención cómo las olas de los árboles se movían con el viento y como la luz del sol se filtraba por los huevos de las ramas.
El pequeño cachorro de lobo aullaba dolido a lo lejos mientras corría hacia el lugar donde estaban enterrando a su antigua dueña, el pelinegro sostuvo un momento el cuerpo de la pelirroja dejando que el lobo se despidiera de ella antes de dejarla en lo profundo del poso que habían hecho.
—Dile adiós amigo -suspiro escuchando los gimoteos del cachorro quien ladraba desesperado-
El lobo la olió gruñó y después gimoteó lamiendo el rostro de la mujer, el pelinegro dejando un beso en su cabello la dejó en el fondo del hoyo y subió para comenzar a echar la tierra enzima.
Desde ese día Danilo no volvió a ser el mismo.