Cuando desperté la mañana siguiente, algo no estaba bien. Sentía un peso en el pecho que no me dejaba respirar con normalidad, una mezcla de culpa y ansiedad que me arrastraba a abrir el teléfono para distraerme. Pero apenas lo desbloqueé, las notificaciones comenzaron a explotar. Mensajes, llamadas perdidas, menciones en r************* .
Sentí un escalofrío cuando abrí las primeras notificaciones. "Christine, esposa del multimillonario Archie besa a Chicouke en pleno concierto". "¿Quién es la mujer misteriosa que ha robado el corazón del enigmático cantante?" Los titulares estaban en todos lados, como si no hubiese ningún otro escándalo más jugoso que ese.
Las fotos eran obvias. Era yo. Mi rostro no estaba completamente enfocado en algunas tomas, pero en otras, la evidencia era abrumadora. Mi estómago se revolvió cuando vi una foto en la que Chicouke me besaba con descaro, el ángulo lo hacía ver mucho más íntimo de lo que realmente fue. Bueno, en realidad, sí fue íntimo... pero ahora estaba en todas las páginas de chismes. Las r************* estaban inundadas de especulaciones.
El teléfono no paraba de vibrar. Los mensajes de Laura y Barsyt preguntándome si ya había visto el desastre. Incluso algunos conocidos de mi antiguo círculo social de antes de conocer a Archie estaban preguntando si "había vuelto con mi ex".
—No... no, no, no —murmuré mientras deslizaba mi dedo de foto en foto, cada una peor que la anterior.
¿Cómo iba a explicar esto? Archie...
Sentí que el aire me faltaba de nuevo. Archie todavía no sabía nada, y ahora todo el mundo especulaba. Me levanté de la cama, aún en estado de shock. El silencio de la casa era ensordecedor. Thais seguía dormida, y la quietud de la mansión parecía más una advertencia que un alivio.
Decidí enfrentarme a la situación de frente. No podía dejar que Archie se enterara por alguien más. Tenía que decírselo, explicarle la verdad, aunque esa verdad sonara horrible.
Archie estaba en su estudio. Lo encontré sentado en su escritorio, revisando algunos papeles. Cuando entré, me miró, pero no con la usual energía. Había algo apagado en su expresión. Se notaba que había visto las fotos, que sabía lo que había pasado. Aun así, no dijo nada. Y eso era lo que me ponía más nerviosa.
—Archie... —empecé, mi voz temblaba, lo cual era irónico, considerando que había practicado lo que iba a decir durante los últimos minutos.
Él levantó la mirada, sus ojos calmados, pero penetrantes. El silencio era lo peor.
—Vi las fotos, Christine —dijo con una serenidad que me asustó más que cualquier grito o reproche—. Están por todas partes.
Mi corazón se detuvo por un segundo, y sentí como mi garganta se cerraba. La culpa me estrujaba el pecho con fuerza.
—Puedo explicarlo... —dije rápidamente, con las manos temblando—. No fue lo que parece.
Archie me miró durante unos segundos, largos e interminables. Su silencio era aterrador.
—Archie... —comencé de nuevo, mis palabras se derramaban sin orden, tratando de explicar lo inexplicable—. Fui al concierto con Laura y Barsyt, y... Chicouke se acercó a mí. No lo planeé, de verdad. Pero todo se salió de control. Yo no quería que pasara nada, solo... sucedió.
Archie no me interrumpió, lo cual era aún más desconcertante. Solo me observaba con esa mirada tranquila, como si ya supiera todo, como si no hubiera nada más que agregar. ¿Por qué no estaba enojado?
—No puedo con la culpa —continué, sin poder evitar las lágrimas que empezaban a asomarse—. Nunca quise lastimarte, Archie. Nunca. Pero he estado... confundida. Todo ha pasado tan rápido. Nuestro matrimonio, mi vida ahora, todo... Y con Chicouke... lo extrañaba. Extrañaba esos momentos que teníamos cuando éramos jóvenes. Y de alguna manera, volví a caer en eso. No lo planeé, pero pasó, y lo siento. Lo siento muchísimo.
Finalmente, Archie se levantó de su silla. Mi corazón latía tan rápido que temí que fuera a explotar. Me preparé para un grito, para una reacción airada, algo. Pero lo que sucedió me dejó completamente fuera de lugar.
Archie me abrazó.
Un abrazo cálido, reconfortante, pero que al mismo tiempo me confundía más de lo que me aliviaba. Me quedé inmóvil, sin saber cómo reaccionar. Esto no era lo que esperaba.
—Christine, no tienes que disculparte tanto —dijo en un tono suave, casi como si estuviera calmando a un niño pequeño—. Sé que esto es nuevo para ti. Sé que todo esto es abrumador. No espero que te olvides de tu pasado de un día para otro.
Sus palabras me golpearon como una avalancha. No había rastro de enojo en su voz, solo... comprensión. ¿Cómo podía ser tan comprensivo?
—Entiendo que tal vez aún sientas cosas por Chicouke. No soy ciego, Christine. Sé que hay una historia entre ustedes, una que no desaparece de la noche a la mañana.
Lo miré, completamente aturdida. Mi mente se revolvía. ¿Cómo podía reaccionar así?
—Pero lo importante es que hables conmigo, que seas honesta —continuó, manteniendo su tono sereno—. No quiero que te sientas atrapada, ni por nuestra relación ni por esta vida que ahora tienes. Sé que aún estás ajustándote, y no te presionaré. Solo quiero que sepas que puedes tomarte tu tiempo.
Sus palabras deberían haberme aliviado, pero no lo hicieron. Al contrario, me llenaron de un peso aún mayor. No solo por la culpa, sino porque sentía que no lo merecía.
—Archie, no quiero herirte. No quiero que pienses que... que no valoro lo que tenemos —dije, con la voz quebrada.
Archie se apartó un poco, lo suficiente como para mirarme a los ojos, pero mantuvo sus manos sobre mis hombros, como si quisiera que me sintiera anclada.
—Lo sé —dijo con suavidad—. Lo sé, Christine. Pero no estoy aquí para reprocharte nada. Solo quiero que estemos bien, y que seas feliz. Si necesitas tiempo, tómalo.
Mis lágrimas caían sin parar. Lo abracé con fuerza, sintiendo un torbellino de emociones que no podía controlar. Archie era demasiado bueno conmigo.
—Gracias —susurré, sintiéndome más pequeña que nunca—. Gracias por entender.
Pero mientras lo abrazaba, mientras intentaba sentirme agradecida por su comprensión, algo dentro de mí seguía inquieto. El silencio de Archie era extraño. No había enojo, no había reproches... demasiada calma.
Y aunque me tranquilizaba, también me aterraba.