Capítulo 01
—Tynan, ¿Estás con nosotros?
Los párpados del rubio se mueven repetidas veces al poder salir del trance en cual se encontraba, pudiendo así centrarse en la voz de su profesor de arte que le hablaba solo medio minuto atrás. El hombre de escaso cabello y sonrisa cálida, lo observa con paciencia desde su lugar, en espera de que responda a lo que le acaba de preguntar. Al reconocer el rostro perdido del que irónicamente es su mejor estudiante, decide repetir puntualmente la pregunta sin alterarse ni siquiera un poco.
—¿Puedes compartir tu opinión sobre la pintura que nos acompaña el día de hoy?— señala con cuidado el cuadro sobre el caballete a un lado del pizarrón, mismo cuadro que lo hizo perderse dentro de sí mismo al comienzo de la clase.
Tynan se acomoda un tanto incómodo en su asiento, al percibir la mirada de toda la clase en su persona, casi como si hubiesen estado esperando dicha opinión durante mucho tiempo.
Entre movimientos lentos, deja el lápiz sobre su cuaderno que aún posee las páginas en blanco, y fija sus ojos castaños en el lienzo; la misma es una pintura abstracta donde el tono violeta destaca entre pequeños tintes rosas y celestes, otorgando una sensación de tranquilidad y paz.
—Se siente paz—comienza a decir, callando los pequeños susurros de los demás estudiantes—. Al mirarla, siento una gratificante tranquilidad. El color violeta transmite mucha serenidad, al menos, psicológicamente de esa forma está descrito, aunque también está esa otra parte contrapuesta que no deseo tocar ahora mismo. En este caso, estoy seguro que el creador de esta obra buscaba una forma efectiva de relajación, y… En mi opinión, personal, es efectivo. Al menos, ha funcionado conmigo.
—En conclusión—interrumpe el hombre, al faltar poco para finalizar la clase—, ¿crees que es un trabajo que posee la técnica necesaria para ser evaluado como positivo?—indaga con verdadero interés—. Yo opino que el utilizar el violeta fue su mejor decisión, ningún otro color posee las condiciones tan opuestas de lo femenino y masculino como este. Es un diez para mí.
—En realidad, y si me permite decirlo, creo los colores no deben de ser estereotipados o separados en grupos—opina con cierta timidez—. Sé que siempre se ha relacionado el azul con los chicos y el rojo con las chicas. Al igual que el blanco con la inocencia, y el rosa con la dulzura y delicadeza que solo las féminas deben poseer. No obstante, ¿Qué sucede cuando es un chico el que desea vestir de rosa? ¿O es una prostituta la que anhela utilizar el blanco? ¿Qué pasa cuando el chico depresivo no viste de n***o, o cuando el contaminador utiliza el verde?
«¿Qué sucede cuando él ama el rojo y no cree en el amor?»
—Solo creo que…—alza la vista, distinguiendo más de una mirada extraña venir de sus compañeros—, creo que cada color puede representar lo que las personas quieran que represente. Y sobre su pregunta, sí, el cuadro reúne todos los requisitos para ser evaluado como positivo. Es un excelente trabajo—termina diciendo, achicándose en su lugar.
Por un momento todos permanecen en silencio, solo mirándolo y repitiendo mentalmente cuán extraño puede ser ese chico que siempre está solo por todos los pasillos de la universidad sin ningún amigo que lo acompañe. El marginado. Así muchos piensan de él.
Un momento después, el profesor agradece su punto de vista y continúa con la clase anunciando que el artista estaría vendiendo dicho cuadro en ese mismo día en una pequeña exposición, también que para la próxima clase tendrán una evaluación artística con acuarelas y lienzo. A pesar de que Tynan desea seguir con el rumbo de la materia, un lindo cupcakes con crema de arándanos, que la chica del asiento de atrás le pasa disimuladamente entre asientos, lo distrae.
Tynan gira un poco sorprendido, y ella mueve sus labios en un «Feliz cumpleaños atrasado» Que lo hacen sonreír con total sinceridad y nervios. Seguido, da un tímido «Gracias» Ganándose un sonrojo que cubre ligeramente sus mejillas antes pálidas.
Es el primer obsequio que obtiene desde el día de su cumpleaños, ya que nadie recordó la fecha, y no los culpa, el haber nacido un día antes de año nuevo no fue su mejor momento para salir del vientre de su madre. Además, no es como si tuviera la más larga lista de amigos como para esperar globos y un gran pastel con su nombre. Aunque no puede renegar ahora, ya que al menos alguien sí prestó atención mientras hablaba.
Victoria es una buena compañera de clases, no podría decir que son verdaderamente amigos, pero sí han poseído un par de charlas que nada tiene que ver con las materias de la universidad. Y fue lo suficientemente atenta, como para recordar su cumpleaños, Incluso si ya pasaron un par de días de ello.
«Pero él no te felicitó, Jung también lo olvidó.»
Su rostro entristece debido a esas palabras crueles que su cabeza se encarga de decir, para lastimarlo cada vez que un poco de felicidad lo embarga. Eleva sus ojos del cupcakes y los centra nuevamente en la pintura, percibiendo la tranquilidad tomarlo para alejar esos malos pensamientos que desde hace un par de años para acá, le acompañan en su día a día.
Violeta…
«Quisiera que Jung mirara este cuadro» piensa, yendo nuevamente por ese sendero. «Daría lo que fuera para que él también sintiera lo mismo que yo… Sé que nunca pasará, porque él odia el amor, y es rojo, así como yo soy azul, y detesto mirar la grandeza de un cielo que me hace ser conocedor que Jung está en algún lugar apreciando una belleza que mi tono descolorido no posee.»
Azul, que puede volverse el más hermoso violeta si él llegase a tocarme…
-Hany G.