Capítulo 02

2278 Palabras
Jung Johnson nunca ha necesitado algo absurdo como el amor en pareja. Él siempre ha sido esa clase de persona que piensa que el amor solo es una excusa para limitar tu vida con los usuales «No puedes andar con nadie más» «Solo me debes querer a mí» «Nada más tienes que tener ojos para mí» Y todo lo que representa una relación de exclusividad. Muchas personas a su alrededor piensan que en algún momento de su existencia, tuvo una relación que le marcó, y por eso piensa de este modo, pero la realidad nada tiene que ver con eso. ¿Cómo herir un corazón que jamás ha sido entregado a nadie? Este amargado chico de tan solo veinte dos años, jamás ha entregado su corazón a nadie, siendo esa la causa principal de que la palabra «Amor» No signifique más que un concepto en el diccionario de los inteligentes, y un medio para follar de los mentirosos. Por suerte, él no necesita de esos medios para poseer un cuerpo a su lado las veces que desee. Jung Johnson no necesita mentir, incluso, ese es uno de los pequeños, muy gigantes, defectos de su tortuosa personalidad: su cruda sinceridad. No lo culpen por a veces no poseer tacto, el camino recorrido hasta ahora, le orilló a ser un individuo crudo. Más, cuando notó que muchas personas están podridas en un montón de cursis mentiras que solo desean lastimar. —Que jodido frío hace—se queja, al entrar a la pequeña tienda donde acostumbra a comprar reservas de comida. Y con reservas de comida, según su nulo conocimiento de lo sano, se refiere única y exclusivamente a fideos instantáneos de todas las presentaciones posibles. Otro punto en contra de Jung, es nada más y nada menos, que su flojera por preparar una comida que mantenga los componentes necesarios para una dieta balanceada. Eso jamás estará en primer plano, siempre y cuando quite el hambre, puede comer lo que sea. Al detenerse frente el surtido anaquel, sus ojos negros se desvían a un lado quedando prendado del chico que está tomando lo que parece ser un chocolate caliente en una de las mesitas de la tienda que están dispuestas para comer los fideos. ¿Cómo se respira? Quiere saber, ¿Acaso el frío ha afectado tanto sus pulmones o verdaderamente se siente sin aire al distinguir a este individuo? Cabello menta; piel nívea; con rasgos hermosamente delicados y felinos. Precioso, tan deslumbrante. Si algún humano tuviera que representar a un ángel en algún instante, ese chico lo podría ser con una facilidad espeluznante. —¿Jungie?—es el sobrenombre que interrumpe sus pensamientos demasiado estúpidos para su gusto. ¿Ángel? Absurdo—. Vaya, que sorpresa encontrarte aquí, justo estaba por marcar tu número. Al girar al otro lado del pasillo, allí puede encontrar al rubio de facciones suaves que mantiene su móvil en una mano, y en la otra, una canastilla con varios productos enlatados; arroz; un par de galletas que de seguro son para él, y carne. Jung solo ahí es que cae en cuenta que ha estado un par de minutos frente los diferentes tipos de fideos que están disponibles, y que no ha tomado ninguno. Maravilloso, es un acosador. —Ey, ¿De compras? Al parecer este se ha vuelto el lugar perfecto para reunirnos—menciona con normalidad, tomando un par de porciones de unos fideos picantes que tanto le gustan—. Por cierto, ni intentes marcarme, he perdido mi teléfono hace unas noches en el bar… Ya sabes, mis actividades nocturnas son movidas—insinúa. —Oh, era nuevo, ¿no? Es una lástima que lo hayas perdido tan pronto—susurra Tynan de forma casi inaudible, completamente cabizbajo. ¿Una traducción de eso? Que ha tenido mucho sexo las últimas noches y que por eso lo ha perdido. Tynan se siente como un tonto, un completo tonto que no deja de revivir en este Jung al chico del cual se enamoró años atrás. No es el mismo, la vida se encargó de volverlo alguien irreconocible para él, e incluso así, todavía espera tenerlo de vuelta en algún momento, ¿No es absurdo? Jung al ser tan observador, no pasa por alto la forma en la que su amigo de pronto parece apagado, eso le hace ser consciente que ha dado un detalle realmente innecesario en su explicación. Que idiota. Y es que desde el día que Tynan le confesó que gusta de su persona, y Jung le rechazó de la manera más amable posible, ha intentado contra todo pronóstico de no contar cosas que con anterioridad contaba, o simplemente, hacer como si no poseyera una vida s****l activa en ningún sentido. Sin embargo, todavía existe una que otra fuga de información que ocurre de manera inconsciente, así como esta. Es mortificante llevar una relación de amistad «Normal» entre ellos. Verdaderamente trata de seguir a su lado como el mismo Tynan lo pidió, ¿Qué dice? Le quiere mucho, su amigo es un chico amable, estúpidamente bueno, y tienen tanta historia juntos, que sencillamente no se halla a sí mismo estando completamente alejado de él; es como una estúpida necesidad de su amistad, de todo lo que significa ese rubio de ojos castaños que ha sido lo más constante que ha tenido en su vida. — Yo…- —¿Q-Quieres venir a casa hoy?—interrumpe Tynan, sabiendo perfectamente lo que vendría después de ese «Yo… Lo siento» no quiere un lo siento de sus labios. Duelen—. Esa mujer no está desde ayer que fue a un viaje, no habría ningún problema si te quedas, prepararé carne. —No puedo… Eh, tengo algo por hacer—se sincera, caminando al lugar dispuesto para preparar sus fideos. Tynan lo sigue sin saber si debería o no hacerlo—. ¿Qué tal el jueves? Seguro que puedes hacer algún hueco en tu horario de universitario para ese día, sabes que los fines de semana son complicados para mí, el bar me absorbe como un agujero n***o. ¿Qué se supone que está haciendo? Es lo que quiere saber, una vez echa el agua hirviendo en los fideos; inicialmente solo quería comprar y volver a casa para comerlos con tranquilidad, pero al ver a ese mentolado sentado tan solitario en ese lugar, su idea de una cena serena en casa perdió color, y todo lo ha hecho sin previa meditación. Perfecto, Jung el impulsivo hace aparición. —Si no puedes venir, ¿Puedo acompañarte mientras comes?—pide como última opción, al no querer volver a la soledad de su casa tan pronto. Rayos, Jung en serio odia ese sentimiento de querer y no poder, que percibe cuando está junto a Tynan. Cada vez que mira su rostro y encuentra las esquinas de sus labios hacia abajo, se siente mal, como el único culpable de no poder corresponder lo que quisiera corresponder. No puede, no va a dañar su relación por unos polvos. Él no puede darle lo que su amigo quiere, entonces, ¿Por qué lo hace? ¿Por qué sigue percibiendo en cada una de sus acciones el estar dispuesto a joder lo que queda de su amistad? Claro, es porque al igual que Jung, el sentimiento en Tynan es demasiado terco y hasta masoquista como para dejarlo ir. Él no puede seguir ignorando lo que Tynan expresa entre líneas. No es justo para ninguno continuar de la misma forma en la que han llevado los últimos siete meses. —Detente, no va a funcionar—espeta con la mayor serenidad que conserva, tomando por total sorpresa al rubio—. Es tan agotador el procesar que te gusto, y más, el que yo mismo acepte estar dispuesto a resolver esa química que tenemos—expresa, sintiéndose miserable—. A veces necesito despejarme y no tener presente que alguien que veo como mi hermano mayor, siente ese tipo de atracción por mí. Se vuelve tedioso el mantenerse centrado, cuando siento este morbo de follarte tan mal, de… Joderte. En serio estoy intentando que esto funcione, pero no me lo dejas nada fácil. Déjame respirar, por favor—suplica. El pulso del mayor desciende dramáticamente con esas palabras que no esperaba recibir. La sequedad en su garganta se vuelve lastimosa para el momento que quiere decir alguna cosa, quizás negar la posibilidad de querer sentirlo dentro, ensanchando y jodiendo su agujero. Solo unos balbuceos es lo mejor que sale de él, hallándose ridículo, al casi súplicar una atención que Jung no está dispuesto a dar… ¿Acaso en algún momento estuvo dispuesto a darle algo más que una sesión de sexo? No, eso ya lo sabía, y aun así, guardaba la esperanza de que el chico rudo se ablandara con él, así como esas malditas historias románticas que le gusta consumir. Que patético. Tynan muerde la parte interna de su mejilla desviando la mirada avergonzado de sí mismo. Odia ser así de suave con Jung, odia obtener el papel de hermano en su relación de amistad que se volvió demasiado forzada. ¡Claro que quiere mandar todo al diablo! Sabe que se lastima casa día con soportar estas cosas, pero Jung es tan necesario como el mismo oxígeno en su vida. No se trata de no querer follar, si es con él, lo quiere todo, no obstante, no solo desea eso; se trata de sentimientos auténticos direccionados al chico, de amor, de aprecio, y sabe que nada de eso es reciproco. —Entiendo. Por favor… Usa esto, hace frío. Tynan aparta de forma rápida una bufanda azul de su cuello, y la coloca a un lado de Jung, pidiéndole sin palabras que cuide de su salud y no sea tan descuidado al salir sin abrigo en estos días helados de enero. Al menos, eso es lo que entiende el menor con su demostración. Es cierto que ellos nunca han sido personas de muchas palabras, ambos conocen al otro como si fueran la misma persona, o al menos de esa forma era en el pasado. —Tyn, es lo mejor para ambos. —Que tengas feliz tarde, Jungie—Tynan se apura a decir para salir de ese lugar lo más rápido posible. Está seguro que la expresión que posee en ese momento es la peor que haya podido expresar ante Jung. ¿La decepción se puede tocar? Porque tiene garantía que la suya se ha vuelto tangible para el mundo. Con la poca dignidad que su absurdo amor por su mejor amigo le ha dejado, da la media vuelta y parte hacia la puerta. ¿Jung hace el intento de detenerlo? Claro que no, él nunca lo ha hecho en los años que se conocen, al ser fiel creyente que las personas son humanos libres que poseen el derecho de decidir marcharse cuando deseen hacerlo, sin ser detenidos. Claro… Él y su estúpida forma de ver el mundo. Tynan sabe que no se trata de eso, es lo que no le importa lo suficiente como para tratar de direccionarlo hacia él otra vez, pero sabe que algún día lo hará, no con él, pero lo hará cuando caiga por alguien de la misma forma en que Tynan lo está hacia él. «Jamás seré el violeta que brinde serenidad a su vida. Debería de entenderlo de una vez.» —Maldita sea—se reprocha Jung en un suspiro frustrado, tomando la fina bufanda entre sus manos, y percibiendo su suavidad. A pesar de querer llevarla hasta su nariz para poder olfatear esa fragancia tan suave que Tynan utiliza, no lo hace, no necesita olerla, sabe perfecta que el aroma será el mismo con el cual se ha despertado por años al dormir en el mismo lugar. Así de estrecha ha sido su relación. Por esos detalles, es que no termina de entrar en su cabeza cómo es que no se dio de cuenta antes que el mayor tenía un enamoramiento por él, o que al menos, que le llamaban la atención los chicos. Es verdad que hasta cierto punto Tynan siempre fue más atento de lo que otros podrían, pero eso lo asemejaba a la cercana relación que han mantenido, nunca pensó que en el camino de su amistad podría haber desarrollado esos sentimientos hacia él, y tampoco es que Jung fuera ciego, Tynan es muy hermoso; esa piel besada por el sol; ese cabello en ondas delicadas en un rubio cenizo, y ojos castaños. Es precioso. Nunca se ha detenido a sí mismo a opinar sobre la belleza que posee, no creía que admitir lo guapo que es lo hiciera susceptible a sus encantos. No obstante, ahí está él luchando contra aquel deseo desenfrenado de reclamarlo como suyo, únicamente por el placer morboso de dominarlo de esa manera, así como lo ha hecho en otros aspectos más de su vida. No es por quererlo o que le guste algo más allá de su redondo culo, es solo algo carnal que al final terminará estropeando la historia que tienen. No es estúpido, conoce a Tynan, sabe que el hombre esperará más de lo que está dispuesto a dar… No va a sacrificar lo que queda de su amistad por unos encuentros que quedaran en la habitación. No lo hará. Niega, tratando de despejar su cabeza que está hecha un lío debido a Tynan. Cuando recuerda sus fideos, también recuerda al chico menta que está en… Ningún lado, se ha ido, se ha marchado de la misma forma en que lo ha hecho Tynan. Y lo peor de todo, es que cree que ha sido lo mejor para todos. -Hany G.
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