Capítulo 03

2228 Palabras
Tynan acomoda una vez más la chaqueta pomposa que este día helado decidió utilizar, recolocando en el proceso, su bufanda hasta por encima de sus labios que parecen estarse agrietando por el frío de la mañana. Eran aproximadamente las siete treinta cuando llegó a este lugar a esperar por su único amigo. Jimmy pasa por él algunas veces a la semana, al descubrir que el rubio caminaba desde su residencia a la universidad todos los días de ida y vuelta, esto con la meta de horrar el dinero del transporte público para algún deber universitario o su propio semestre. Ahora que lo recuerda, todavía le parece graciosa la cara incrédula de Jimmy al preguntarle por qué hacía algo como eso. Él aseguró que la universidad tampoco era algo tan primordial como para hacer tantos sacrificios. Eso le causó sentimientos encontrados, ya que para Tynan, un chico que sueña con salir del infierno en cual vive, este es todo el camino que tiene para conseguir algo mejor para sí mismo. No obstante, entiende que su anaranjado amigo no esté muy motivado en obtener su título universitario, al él mismo aclarar, que independientemente de lograrlo o no, se tendría que ocupar de la administración de las farmacéuticas de su padre. Quizás por eso es que se llevan tan bien, porque sin necesidad de muchas palabras, ambos comprenden lo complicado y desdichados de los polos opuestos que conforman sus mundos. Tan diferentes, pero tan infelices. Una camioneta con los vidrios poralizados se detiene justo frente él, arrancándolo de sus pensamientos que siempre circulan por los mismos trillados temas. Su primera impresión es que dicha camioneta ha usurpado el lugar del MRW de su amigo, sin embargo, un momento después el vidrio del conductor es descendido y una mujer de gran belleza le sonríe con alegría Ella no tarda demasiado en invitar a subir, y el rubio obedece, como un niño pequeño. —B-Buenos días. Gracias por recogerme. Saluda una vez sube en el asiento trasero, descubriendo a su amigo medio adormilado junto la otra puerta, que solo mueve una mano en saludo hacia su dirección sin mucho interés. Definitivamente algo tuvo que pasarle para que tuviera ese ánimo, ¿Tiene ojeras? Oh… —Buenos días, Tyn. No hay problema, siempre que pueda servir, lo haré con gusto—es lo que responde Hanna. Hanna es la hermana mayor de su amigo, una mujer bastante amable y centrada. A pesar de llevarle solo tres años a Jimmy, siempre ha ocupado ese rol materno que la madre de ambos nunca le interesó mantener—. Por cierto, él está molesto desde hace un buen rato, lo único que hace es refunfuñar como un anciano. No le prestes atención si dice alguna bobería. —¡No estoy molesto!—se queja el pelinaranja con fastidio, cubriéndose el rostro con la chaqueta que no ha ocupado en todo el viaje—. Eres tan insistente con lo mismo. Fastidiosa. —¿Por qué está molesto?—pregunta de igual manera Tynan, consiguiendo unos hombros elevados por parte de la mujer. —¡Ya dije que no estoy molesto! Luego de una breve discusión de hermanos en la cual brotan sobrenombres nada bonitos de parte y parte, ambos son dejados en la entrada de la universidad con la promesa de venirlos a recoger a la hora de salida. Solo allí, es que Tynan se acerca a Jimmy para corregir el mal colocado cuello de su chaqueta y preguntarle de la manera más serena posible por su estado. —¿Por qué estás molesto? —No estoy molesto—vuelve aclarar, resguardando sus manos del frío con ayuda de los guantes peludos que obtiene de uno de los bolsillos—. Solo estoy un poco… No sé. —¿Molesto? —Puede—acepta gruñón, no soportando el dolor de cabeza que le está reventando los nervios. Cree que fue mala idea irse de fiesta anoche domingo, emborracharse, drogarse y terminar follando con ese tipo que ni recuerda el rostro. «Un día de estos te vas a morir» suena la voz de su consciencia, y odia admitir que se escucha como su hermana mayor, aunque otras veces se oye como su padre. En realidad, son un fastidio ambos por partes iguales; su padre siempre queriendo controlar su vida laboral, y su hermana su vida personal. Maravilloso, el títere Jimmy Poirier, así debería ser llamado. —Todo mejorará—lo alienta Tynan, pasando un brazo por encima de sus hombros para poder calentar la frialdad de no siente su piel, sino su alma—. Puedes hablarme de lo que desees, aquí estoy. Porque esta persona rota que anda en modo de piloto automático, no es ni la sombra de lo que alguna vez fue; ahora solo queda ese que todos los días de la semana vive para una fiesta, ya que un día amaneció y vio su vida demasiado controlada, demasiado monótona y perfecta, como para estar apenas en los veinte, decidiendo así, cambiarla a una más alocada que hiciera a su padre perder los nervios y preguntar por qué le tuvo que tocar un hijo varón tan desobediente. Se volvió en algo que no deseaba, únicamente para demostrar que el único que poseía el control de su vida, era sí mismo. Es solo que con el pasar de los años, el grado de descontrol subía, y ahora que tiene veintidós, ya no sabe cómo detenerse, siente que si lo hace, simplemente la velocidad obtenida le hará quedar destrozado en algún lado. No se ha endurecido, solo se ha vuelto un desastre de sentimientos reprimidos que algún día saldrán de la peor manera. —Gracias, Tyn. Sé que puedo hablarte de estas cosas, es solo que no quiero hacerlo—murmura bajito, sentándose una vez deciden ocupar un banco de piedra en la zona resguardada del campus. Tynan rápidamente obtiene un gorro de lana de su mochila para poder colarlo a su amigo y así cuidar el frío de sus orejas. —Al menos, no quiero hablarte de esto. Este lado mío… Lo odio cuando estoy contigo, ¿Sabes?—expresa, tocando el gorro con sentimiento—. A veces no sé debido a qué te convertiste en mi amigo, eres tan bueno, una excelente persona, en serio lamento que no muchos puedan ver eso en ti. —No importa—asegura, tomando sus manos para calentarlas entre las suyas por puro instinto—. Tú lo notaste, ¿No es eso suficiente? Además, también recuerda que tú eres una bella persona, Jimmy. —Nadie más que tú dice esas cosas. Eres increíble—al volverse un consentidor cuando está con su cálido amigo, peina sus hebras dorados lo mejor posible, al estar chatas sobre su frente—. Si no me importara dañar nuestra amistad, te haría mi chico. —Oh, vamos, no me digas eso tú también—se queja en un puchero, alejando su mano de su rostro—. ¿Es el mes de mandar a la zona de amigos a Tynan? Ya basta con lo mismo, es la peor excusa utilizada para no admitir que les soy desagradable. —Espera, espera, ¿Quién te ha mandado a la friendzone? Y, no eres desagradable, eres preciosísimo. Pese al cumplido, Tynan no se siente precisamente muy lindo, nunca lo ha hecho, puede que sea debido al trato y mala forma en la que su madre se dirige a él desde que comenzó su adolescencia. Después de una sola mirada llena de tristeza, Jimmy comprende a la perfección que se trata del mocoso ese que no le cae ni un poco bien, ¡Es que todavía recuerda cuando lo conoció por casualidad! Jung se atrevió a echarle una mirada de puro celos, casi como si fuese un perro que está cuidando su comarca. Sí, Jung es el perro y Tynan su territorio. ¿Ridículo? Claro que sí, más si tuvo la osadía de rechazar los sentimientos de su lindo amigo cuando estos fueron confesados. —¿Te dijo lo mismo que yo? Eso de no querer dañar la amistad… —No quiero hablar de eso ahora. Vayamos dentro del salón a esperar que se haga la hora de la clase. Está helando aquí. —Tyn… Siempre pensaré que lo mejor es que se den un tiempo—opina. —Lo estamos haciendo, él lo pidió hace un par de semanas atrás—son las palabras que hacen detener a Jimmy en medio del pasillo casi vacío, al desconocer esa información. Tynan también lo hace, girándose hacia él—. La cuestión es… Que siento que este tiempo que nos daremos es el final de todo, ¿Es normal que sea así? Porque lo siento de esa manera, y no quiero que ocurra. Jungie es importante para mí… Siento que es el único hogar al cual pueda volver las veces que quiera y que no me va a rechazar por ser quien soy. Lo amo de mil maneras diferentes. —Lo sé, mi Tyn, lo sé. Jimmy lo consuela al comenzar a lagrimear, al por fin ser capaz de poner en palabras todos aquellos sentimientos que estuvo guardando para sí mismo. Es difícil cuando te cuesta expresarte. Es muy difícil poder confiar si has vivido por años en un entorno donde hasta lo más minino, te vuelve un sujeto vulnerable, alguien que existe solo para ser maltratado y denigrado. Este día Tynan por fin aceptó la decisión que Jung tomó, aceptó que era la mejor para ambos, teniendo una seguridad ciega que sus caminos se volverían a unir en algún punto. Lo que ignoraba completamente, es que sus caminos a partir de ese día se distanciarían tanto, que la atención que cada uno tenía sobre el otro, simplemente se terminaría de difuminar como una nube en una fuerte corriente de viento. Del nosotros quedó únicamente una casi imperceptible y delgada línea que uniría sus vida de por vida. Y es que aunque ellos lo desconozcan por el momento, su destino siempre ha sido el compartir más que un complicado amor unidireccional. (..) La música para este punto de la madrugada se vuelve tediosa para aquellos que no poseen ni una gota de alcohol en su sistema, y si trabajas haciendo tragos en un lugar nocturno que hace vida de miércoles a domingos hasta las cinco de la mañana sin turnos rotativos, tendrías una migraña como la que Jung Johnson no se puede quitar de encima ni porque lo anhele. Lo odia, debe admitir. Al principio cuando pudo conseguir el empleo con solo diecinueve años, una edad temprana para entrar en esta clase de sitios, le pareció el mejor trabajo; la paga era exorbitante desde su punto de vista, al solo vivir con la mesada semanal que su madre le daba, pero al quedar completamente desamparado sin ella, comprendió lo que era estar sin un solo centavo. Debido a eso, creyó que drenar la desdicha de estar vivo robando tragos y divirtiéndose con las muchas personas que conoció era perfecto, y más, si le pagaban esa cantidad. Pero ahora, tres años después haciendo lo mismo, oyendo la misma música, preparando los mismos tragos, viendo la misma gente que no puede salir del bucle en el cual él mismo cayó, se dio cuenta de lo agotador que es. Sin contar, por supuesto, estos constantes malestares debido a las pocas horas de sueño que a veces tiene. Está pensado seriamente el cambiar a un empleo diurno, sin embargo, le falta muy poco para poder reunir una suma gorda de dinero para su propio apartamento, nada de alquiler, nada de ese tipo estudio viejo y que está casi cayéndose. Este sería su lugar. Quizás cuando ese momento llegue, pueda sacar a Tynan de la casa de su madre, y darle un sitio en el cual pueda estar tranquilo sin preocuparse de los episodios agresivos que la mujer tiene cada vez que se droga de más. Ese ha sido su pensar desde hace tiempo; obtener su apartamento y mudarse con Tyn, devolverle el apoyo que siempre le ha brindado... Solo digamos que la situación se ha complicado mucho al descubrir los sentimientos del mayor, junto con aquel nada desagradable deseo de corresponder de una manera lujuriosa. —Es una mierda—asegura, sirviéndose sin mucho disimulo un trago de vodka puro que muere con la misma rapidez que es servido. —Uy~ siempre he dicho que la única forma de manejar los problemas es encarándolos, de lo contrario, ellos te joderán a ti—es lo que Richard, su joven jefe, dice. Él no es mucho mayor que Jung, puede que acabara de cumplir los veintiuno, pero lo conoce desde que llegó aquí—. ¿Qué sucede contigo? ¿De nuevo la migraña ha aparecido? Te di la oportunidad de salir de vacaciones el mes pasado y no quisiste, debiste pensarlo mejor. —¿Vacaciones contigo en Europa? Oh, y que son pagadas por tu padre. Nah, no soy tan vividor como crees—niega, apartando su ondulado cabello azabache de los ojos. Le sonríe, cruzando sus brazos por sobre su pecho, dejando muy visible el brazo que posee un arte corporal muy bonito desde la opinión de muchos—. Además, ya te he dicho que los rubios no me van. Al menos, no todos los rubios. -Hany G.
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