Los lunes por la noche no son buenos días para Tynan, no porque al día siguiente tenga su primera clase a las siete treinta durante casi tres horas seguidas, no, es más porque los lunes por las noches es cuando suele abrirse la puerta principal de la casa para anunciar la llegada de su madre del fin de semana con su cliente. Debido a su llegada, es que se encierra en su cuarto muy temprano en la tarde, preparando su cena casi inmediatamente después de llegar de la universidad, y manteniéndola en algún lugar de su escritorio hasta que le ataque el hambre para devorarla en completo silencio.
Básicamente, los lunes por la noche prefiere hacer como si no existiese.
De forma regular se coloca los audífonos a todo volumen y finge que los sonidos estridentes vienen de la música que escucha, y no de la poca bajilla que poseen rompiéndose, de los muebles volcándose y cuadros. Sin embargo, aquellas maldiciones provenientes de su madre como de su pareja, que es algo así como su proxeneta, se elevan mucho más alto que cualquier género musical que decida escuchar, así como está sucediendo ahora.
Esto le da ansiedad, mucha, de esa que siempre le hace hacer sangrar las uñas de sus manos por morderlas fuera de sí, al pedir y suplicar a nadie en particular que se callen, que dejen de pelear por una maldita vez en la vida, que simplemente se metan en su habitación y no le den más que limpiar para mañana.
No es fácil para él ignorar esta situación que se repite más de lo que es recomendado, debería estar acostumbrado, es cierto, pero no puede habituarse a esas peleas feroces, en la forma en que se hablan o maldicen, incluso, aquella nueva afición del tipo por meterse con él. Es tan ridículo cuando sucede, ¿Por qué intenta ir contra alguien que no tiene que ver en sus problemas? Tynan entendió a la mala que en conflictos de parejas no debe meterse, menos, si su madre es quien termina regresando mil veces al mismo tipo que la prostituye con aquella excusa de un retorcido amor.
Todo está mal, lo sabe, es basura tener que vivir en su sitio en el cual no quiere, pero no puede hacer más por sí mismo ahora, debe soportar, debe aguantar un poco más allí para poder graduarse… Tiene que armarse de paciencia y seguir como va, como un fuerte puente que soporta la tormenta a pesar que desee venirse abajo de vez en cuando.
—¡Es que eres estúpida!—es lo primero que escucha cuando empieza a sonar el instrumental de una de sus canciones favoritas. Quiere quitarla, quiere colocar un rock muy ruidoso que le haga ignorar aquello, pero una vez más, no lo hace—. ¡¿Crees que tienes derecho a eso?! ¡Es mi parte del dinero, los clientes vienen de MI, DE MI! ¡QUE NO SE TE OLVIDE QUE TRABAJAS DEBIDO A MÍ!
—¿ME HAS OÍDO DECIR LO CONTRARIO, MALDITO IDIOTA?—allí es que comienza. Su madre lanza la primera cosa que encuentra contra una de las paredes. Eso no hace inmutar a Tynan, que solo se hunde más en su cama consiguiendo una opresión en el pecho—. ¡Todo el maldito tiempo sacando en cara lo de tus clientes, que trabajo gracias a ti, que puedo mantener esta casa gracias a ti, y quién recuerda toda esa cantidad de mierda que tu boca suelta! ¡Cállate por una vez en tu vida!
—¿Entonces a quién deberías agradecer? ¿A tu tonto hijo que busca un futuro en los libros? ¡Anda a preguntarle a todos esos profesionales que están barriendo la calle, si sirve para algo más su título! ¡Te he dicho que el mocoso tiene que trabajar si vive aquí, tiene que dar algo más que sus servicios de limpieza!
—¡DÉJALO FUERA DE ESTO, ES MI MALDITA CASA Y SI TYNAN QUIERE ESTUDIAR, PUES QUE LO HAGA! ¿QUIÉN TE CREES PARA DECIR LO QUE TIENE QUE HACER? ¡NO ERES SU PADRE, Y NI SIQUIERA ASÍ TE LO PERMITIRÍA!
—¡NI SIQUIERA TÚ SABES QUIÉN EN SU PADRE!
—¡¿Y VOY A LLORAR POR ELLO?!—grita con todas sus fuerzas, pateando la mesita de madera que está en medio de la destruida casa. Los parpados de Tynan se cierran con cansancio por oír una vez más la misma cosa—. ¡QUE TE DEN, IMBÉCIL! ¡NO TIENES ABSOLUTAMENTE NADA QUE DECIR AL RESPECTO, PORQUE LOS HIJOS QUE MANTUVISTE POR AÑOS NO FUERON MÁS QUE PRODUCTO DE OTRO TIPO! ¡TE VIERON LA CARA DE CABRÓN, DE IMBÉCIL, METIÉNDOTE HIJOS QUE NI SIQUIERA FUISTE CAPAZ DE HACER! ¡INSERVIBLE!
—¡YA CÁLLATE!
—¡NO ME CALLO, Y SI TANTO QUIERES, CÁLLAME TÚ!
Un ruido seco y un golpe sobre el piso, hace que los parpados de Tynan se abran de inmediato. Deja los audífonos a un lado, medio parándose con ayuda de sus codos para lo próximo a suceder, y es que es obvio que el tipo ha golpeado a su madre, pero eso ni siquiera es lo que le hace helar la sangre, le alerta lo que sabe viene después, y es que después de vivir veintiún años con su mamá le hace saber que tendrá que interferir antes de que cometa una locura… Una que la pueda llevar a la cárcel.
—Maldito idiota, te vas arrepentir—la escucha decir. Tynan se levanta de la cama de un salto, quita el seguro de su puerta y cruza el pasillo completamente acelerado.
Antes de poder hacer algo, ya su madre se ha ido sobre el tipo para devolverle el golpe, allí es cuando comienza un toma y dame de ambas partes, cachetadas, patadas, mordiscos y jalones de cabello; la violencia en su máxima expresión. Ambos demuestran por medio de sus acciones el odio que han ido aguardando con cada discusión en el último año que han vivido como pareja. Por un momento, uno efímero, Tynan quisiera no interferir, quisiera dejar que se maten si es lo que desean, que cada uno se vuelva el verdugo del otro, como ambos han sido el de él.
Pero esa estupidez suya, esa que dice querer a una mujer que le ha hecho la vida imposible en muchos aspectos, le pide que evite una tragedia. De esa forma, es que el rubio se mete en medio de ambos, recibiendo en el proceso un par de golpes y patadas que por el momento, no le duelen en absoluto, al menos, hasta que el tipo golpea su rostro con muchísima fuerza hasta lograr apagar un poco sus luces.
No obstante, eso parece ser suficiente para separar a ambas personas.
Al tipo no haberse podido defender como lo haría en otras circunstancias, decide pagar toda aquella ira acumulada con un hombre, ese hombre por supuesto que será el bastardo de la mujer que le ha jodida la paciencia. Por ello es que toma al chico de la camisa y lo estampa con demasiada dureza contra la pared más próxima, el primer golpe es en el estómago, tan fuerte, que Tynan siente que la comida que acaba de ingerir sería vomitada en el proceso de recuperar sus sentidos. Un rodillazo en su costado derecho, seguido de un golpe certero al nivel de su oído, que hace que un pitito sea todo lo que pueda escuchar por los próximos minutos.
Sus ojos llenos de lágrimas no pueden enfocar, siente su boca llena de sangre y sus delgados brazos solo pueden luchar por puro instinto contra el fornido hombre que parece hecho de cemento. Entonces una mano presiona su manzana de adán, percibiendo la asfixia y desesperación de no tener fuerza para librarse de esto, de no poder luchar, de ser demasiado débil. Sonidos agónicos llenan su cabeza, y por un momento, piensa en Jung, en todos esos momentos en que lo defendió, deseando que le salvase una vez más.
Siempre ha sido así de patético, de débil. Lo odia.
Tynan percibe entre la borrosidad de su casi desmayo, algo contundente ir contra la nuca del tipo, no siendo lo suficientemente fuerte como para desmayarlo, pero lo justo para alejarlo del rubio que cae al suelo sin fuerza para comenzar a toser de una manera enfermiza, en medio de ello, el vómito brota con arqueadas que le hacen querer morir. Se siente demasiado abrumado.
—¡TE VOY A MATAR, HIJO DE PUTA! ¡TE DIJE QUE LO DEJARAS FUERA DE ESTO, TE LO DIJE!
Antes de siquiera poder recuperarse, su mamá alza un cuchillo de veinte centímetros con dirección al tipo jadeante que solo la mira horrorizado desde su lugar. Tynan se tiene que arrastrar para poder jalar y abrazarla por la cadera para evitar que apuñale al tipo, ella lucha complementa fuera de sí, jurándole que le daría muerte por haber golpeado a su hijo de esa manera. Nunca la había visto así, tan… Descontrolada, casi no puede con su fuerza que es otorgada por la ira, adrenalina, por aquel método de defensa que muchas madres sacan a relucir cuando de cuidar a sus crías se trata.
El tipo apenas ve la oportunidad, se coloca de pie tambaleante y dejando ver la sangre que su cabeza rota deja salir, yendo hacia la puerta jurándole a su madre que se vengará más temprano que tarde por esa amenaza que no pudo cumplir. Ella le grita de vuelta que aquí estará esperando por él, que ni crea que le tiene miedo o algo parecido, que venga con lo que quiera, que ella se lo devolverá mil veces peor por hijo de puta.
Entonces deja el cuchillo a un lado, permitiendo que sus manos temblorosas tomen el rostro de su hijo y pueda verificar de esa manera, que su rostro solo tiene una pequeña marca, sin embargo, en su cuello ya son visibles las marcas rojizas que en algún momento se volverán moradas. Ni siquiera quiere saber cómo estará su estómago o costado que recibieron de lleno lo peor del hombre. Definitivamente le dio a su hijo toda la fuerza que evitó poner en ella.
—L-Lo siento, Tyn—es lo que pide ella con lágrimas, sobando las mejillas de Tynan que rápidamente son inundadas de lágrimas.
Entonces comienza a llorar, llora sin importarle que su madre le vea, llora todavía con sus manos huesudas y temblorosas en sus mejillas, porque ese lo siento sabe que significa más que una disculpa por este momento, y lo odia, lo odia porque un lo siento no hará que ame su vida, que ame su entorno, sus raíces. Un lo siento no lo hará sentir amado, no le hará querer seguir adelante. Es poco para todo lo que ha soportado, es como si no fuera nada.
No puede perdonarle que lo haya expuesto a esto durante toda la vida, sencillamente, no podrá.
-Hany