LILY Ya van tres semanas desde que acepté casarme con Oliver y, honestamente, esto se siente raro. Oliver casi ni aparece por casa. Y cuando lo hace, se encierra en su despacho. A mí ni me dirige la palabra. Cuando en la oficina se enteraron de que íbamos a casarnos, algunos pusieron cara de “¿es en serio?”. Me miraban como si fuera una trepadora. Pero bueno, no me importaban sus comentarios, llegábamos juntos, de la mano, como si todo fuera amor. Ese era el único momento del día en que me tocaba. Literal. —Ya te mandé los archivos —le dije cuando entré en su oficina. Él ni me miró. —Gracias —me dijo, con ese tono seco que ya me tenía harta. Seguro seguía pensando en Paula. Ese pasado que no lo suelta. Cerré la puerta sin decir nada más. Yo también andaba al límite. Y él, con su fr

