LILY —¡Ni se te ocurra volver a ponerme una mano encima, imbécil!— solté mientras me zafaba de su agarre, con el corazón bombeando pura rabia y susto. Me había quitado un poco la camisa y no se hasta que punto me miró el cuerpo. Salí disparada de esa oficina sin mirar atrás. El tipo estaba ebrio. ¿A quién se le ocurre? ¿Casarme con él? ¿Yo? ¿En qué mente enferma cabía esa idea? Subí directo a la habitación de invitados y me desplomé. El llanto me salió al instante. Me quedé dormida llorando, con el corazón destrozado. Al día siguiente, unos golpes en la puerta me sacaron del sueño rico que tenia. La cabeza me latía feo. Supongo que tanto llorar también pasa factura. No es como si me hubiera manoseado ni nada, pero esa forma de tocarme… me dejó desconcertada. Y ahí fue que me puse a pen

