El día que me tocó despedirme de mi madre para salir del país, fue una despedida muy emotiva para ambos. No hay nada más doloroso que tener que abandonar a quien amas. Y de hecho me sentí cual perpetrador al hacerlo. Fue como si la vida me obligará a ocupar el papel de mi padre cuando abandono a mamá. La abracé tan fuerte que incluso, me separó y miró a los ojos como si sospechara que no me volvería a ver. –¿Te vas para siempre hijo? –No madre, sólo para estabilizarme económicamente y luego te mando a buscar. –Pero… –Sé que nunca abandonarias tu casa, y tus plantas, ni a tu marido, pero, en algún momento nos toca tomar las decisiones más difíciles de nuestras vidas. Hoy me toca a mí, dejar a quienes amo, con la esperanza de volver a encontrarnos. Esa es una promesa tan difícil de

