—Pero, Kaylah, ¿no eres huérfana? En la boda tuya y de Hendry no aparecieron todos tus parientes. ¿Y quién es este hombre? ¿Es tu amante? Inmediatamente, todos se callaron. Kaylah frunció el ceño y miró, al contrario. Encontró a un hombre apuesto de pie, y junto a él estaba Hendry, que la observaba en silencio. Se preguntó por qué siempre se encontraba con él. Antes de divorciarse, aunque vivían bajo el mismo techo, era difícil verse en un día. Pero después de su divorcio, era tan casual que ella pudiera verle varias veces al día. ¡Qué mala suerte tenía! El rostro de Kaylah se ensombreció. —Quién es él no tiene nada que ver contigo. No seas grosero así. —¿Así que lo admites? Kaylah, no esperaba que fueras una mujer tan libertina. Kaylah se sintió muy incómoda con aquello. Pero ant

