Capítulo 2.

2915 Palabras
Luego de reflexionar acerca de mi nueva vida y otras muchas cosas decido enfocarme en prepararme para la dichosa cena, y para ello elegí unos tacones rojos acompañando un vestido n***o y una cartera también de color rojo. Termino de vestirme y observo detenidamente mi trabajo, simple y elegante, satisfecha arreglo mi cabello, pero un golpe en la puerta me interrumpe, al abrirlo me encuentro con una muy arreglada Maggi.   – Mel ¡Wow! Estas hermosa.   – Gracias, igual tú.  –  realmente era hermosa. Su cabellera negra y sus ojos azules eran cautivadores y la manera en la que estaba arreglada la hacía aún más linda.   – Nena todos caerán de rodillas cuando te vean, incluso tu padre.  No pude contenerme y me largué a carcajadas. Si, a carcajadas por esa idea tan ridícula, si antes nadie cayó de rodillas porque ahora lo harían. La miré a Maggi que me observaba un poco sorprendida.   –  ¿Quiéres entrar?  –  le pregunto. no quiero incomodarla más.   –  Claro, pero solo vine a decirte que ya todos están listos.   –  Si, déjame agarrar mi abrigo y mi bolso.  Dejo pasar a Maggi y luego cierro la puerta entonces veo como Maggi recorre la vista por mi cuarto y se detiene en mis bolsos sin desempacar.   –  ¡Ay nena! Necesitas muebles y yo voy a ayudarte  –  cuando estaba a punto de negarme acerca de su oferta interviene y objeta  –  Sé que Tania quiere que te ocupes sola de todo, pero quiero ayudarte.   – Gracias  –  es hermosa y perfecta. La quiero, me cae bien.   – Bueno bajemos, Tania odia que salgamos tarde.  Empiezo a creer que Tania odia todo lo que los demás hagan, pero mejor mi comentario me lo dejo para mi.  Cuando tomé mi bolso me coloqué mi abrigo y nos dispusimos a bajar con Maggi cuando escucho una fracción de conversación y era Jonas.  Gracias Mamá  Se le escuchaba feliz, por lo menos alguien se encontraba feliz. Volteo a mirar a Maggi y me sonríe débilmente, pero su sonrisa no llega a sus ojos. Sé que algo oculta, pero ¿Qué es? Entonces un grito me despierta de mi ensoñación y la voz chirriante de Tania invade todos mis pensamientos.   –  ¡Niña baja! ¿Maggi dónde estás?  ¡Wow! ¡Qué gritos! ¡Qué odiosa! ¿Cómo mi padre pudo haberse casado con esta mujer?  Ya en el garage, Tania nos esperaba dando golpecitos en el suelo con sus tacones negros de tacón aguja que la dejan unos 15cm más alta. ¡Wow! Esta mujer sabe vestirse exageradamente con ropa cara. Pollera tubo de diseñador, camisa de seda o raso, no tengo idea, pero a kilómetros te dabas cuenta que valía más que mi propio teléfono, que por cierto es un poco antiguo.   –  Niña cuando salgamos la próxima vez quiero que nos esperes, tú a nosotros, no nosotros a tí, ¿Queda claro?  Maldita bruja, odiosa y detestable.   –  Seguro  –  era decir solo eso o una barbaridad de cosas que realmente me las estoy tragando con toda la fuerza sobrehumana que no sabía que tenía.  Entonces escucho un suspiro profundo que proviene de mi padre, no me había dado cuenta que había aguantado la respiración. ¡Qué risa! Ahora entiendo cómo es esto ella pone las reglas y todos los seguimos, alguien cuestiona todos morimos ¡Qué bonito! Mi padre se encarga de abrirnos la puerta a cada uno, pero cuando le abre a Maggi en unos segundos fugaces le susurra algo en el oído.  Wow, secretos ¡Qué interesante!  Al llegar quedo pasmada, el lugar donde supuestamente comeríamos es realmente hermoso, muy exageradamente galante, está claro que ellos solo comen en lugares como estos. Caros, exclusivos y con gente realmente importante ¿Por qué sino quién más comería aquí? Gente importante y rica, muy rica.  Bajamos y la “Señora perfecta” se ocupó de arreglar a Jonas y a mi padre quien me mira y mira a Maggi. No pude evitar preguntarme qué ocurría entre esos dos, había cierta complicidad que había llegado a captar.   –  Por favor, todos compórtense. Aquí viene mucha gente importante y no queremos quedar mal – Gracias por la indirecta, bruja.   –  No te preocupes Tania, sé cómo comportarme en lugares como este.  No pude evitar hablar, debía parar, necesitaba callarme, pero de verdad se me hace difícil ¡Dios! Mi paciencia tiene un límite y digamos que no soy la persona más paciente del mundo, que no continúe con eso porque no me hago responsable de lo que pueda decir.   –  Entremos familia, tengo hambre  –  mi padre queriendo hacer las cosas más fáciles para todos y menos incómodas.  Al entrar un camarero nos esperaba todo sonriente, como en esas películas donde los restaurantes franceses tienen al administrador en la entrada con las reservas, aquí era lo mismo. Yo, claramente, me sentía fuera de lugar, jamás creí que mi padre viviera una vida como esta.  Él nunca había hablado acerca de su vida, acerca de quién era, de que era rico y alguien con recursos en la sociedad. De pequeña preguntaba por esos autos caros, pero mi padre tan solo decía que los tenía por el trabajo y yo boba lo creía, creía que era así, aunque ahora que lo pienso aún no sé cuál es su trabajo.  Recuerdo las veces que ha ido a visitarme me ha regalado un montón de cosas de diversas formas y yo ingenua me alegraba y valoraba mucho todo eso. Pero viendo donde vamos a cenar veo que comprarme regalos no le costaba nada.  Luego que el camarero, que nos había recibido, nos sirve los vinos para la entrada y nos entrega el menú para ordenar. Yo me encontraba completamente indignada ¡Los platos eran raros, asquerosos y caros! Pero hice mi mayor esfuerzo en mantenerme seria y elegir un plato dentro de todo modesto y normal, todo bajo la inquisitiva mirada de la bruja de mi madrastra. Me decidí por un Turlu Turco, sabía lo que era así que dentro de todo no quedaría mal.  Una vez ya esperando nuestras órdenes una familia se nos acerca y por supuesto eran de esas que “No hablan con la chusma”. Sus miradas en alto y su caminar decían todo, la única pregunta que surgía en mi interior era de si conocían a mi padre, porque sino no entendía el por qué estaban mirando nuestra mesa. Mi duda rápidamente fue respondida cuando la bruja de Tania sonrió de más y falsamente.   –  ¡Buenas noches, Tania querida!  –  Saluda la mujer.  Una rubia con cirugías por toda la cara con una sonrisa falsa, igual a Tania. Ambas provocan en mí cierta repulsión, no comprendía porque la necesidad de retocarse la cara si luego es notorio que todo es falso.   –  Marian ¿Cómo estás? ¡Ay querida!  – mi madrastra voltea hacia nosotros luego de saludar a la señora cirugías y fija su mirada en mí  – Déjame presentarte a la hija perdida de Josh, Melinda Caine.  ¿Qué cosa? ¿Perdida? ¡Como la odio!  Nunca estuve perdida, existe una diferencia entre elegir vivir con una demente o con mis tías. Pero ya verá, ¿Cree que no puedo sobrellevar la situación?   –  Buenas noches, señora…  –  Titubeo.   –  McGuire, pero dime Marian.   –  Señor McGuire, es un placer conocerla, Melinda Caine, pero me puede decir Mel.   – ¡Wow! Bonito nombre, además de que eres muy educada y muy bonita  – dice mirándome de pie a cabeza, luego dirigiéndose a Tania  – Perfecta hijastra, pero es mayor y lleva el apellido de Josh, no me parece muy perdida.  Sonrío, porque al parecer esta mujer tiene sentido común.   –  La verdad Marian tiene razón, creció junto a sus tías y quisimos evitar el cambio durante la secundaria, pero como ahora irá a la universidad decidimos traerla.   –  Muy sabio de tu parte Josh  –  responde quien supongo es el señor McGuire  –  Por cierto, soy Roman McGuire uno de los amigos de tu padre.   –  Un placer señor, ¿Por qué no nos acompañan esta noche? Dos más no hacen nada.  Todos ríen, pero a excepción de Tania, todos lo hacen abiertamente son risas reales, claramente mi querida madrastra no se lo esperaba, tal parece que sus planes para mí eran otros.   – ¡Claro!  –  contesta emocionada Marian  – Pediré que nos acoplen una mesa más, no cabemos todos ya que falta mi hijo, Rush.  ¡Oh, tiene un hijo! Bien, gente nueva y joven no es lo mío.  ¿Por qué tuviste que invitarlos? Soy una tonta.  Luego de trasladarnos a una mesa más amplia, ya que acoplar mesas no es la costumbre de este lugar, todos bebíamos vino caro y de diferentes años y bodegas cuando un chico todo agitado con el pelo todo revuelto, ropa cara y desaliñada aparece saludando a todos en la mesa con un saludo general. Entonces fue imposible no escuchar el suspiro desalentado de Tania.  No lo soporta, está claro.   – Hijo podrías ser más puntual la próxima vez, y como ves nos encontramos con amigos  –  declara Marian señalando nuestra parte de la mesa.   – Sí madre, pero como sabes vengo de estar muy ocupado.   – Pero ya estás ¿No? Es lo que importa  –  dice mi padre en su defensa  –  Vamos siéntate.  El amigo de mi padre, Roman le sonríe agradecido, está claro que estas señoras de ciudad son todas iguales son un rompedero de cabeza para sus esposos.   – Por fin alguien que entiende, gracias Josh  – comenta un poco engreído, pero se calla inmediatamente cuando nuestras miradas se encuentran, me sonríe y me guiña un ojo  – ¡Wow! Josh quién es esa hermosa chica.   – Cuidado Rush  – advierte su madre  –  Es una Caine. Hija del mismísimo Josh Caine, no la molestes.   – Tranquila Marian, mi hija es lista y sabe cuidarse.  Todos ríen, menos yo. No comprendía porque lo decía.   –  Josh me ofendes. No debes preocuparte, si es tu hija, está fuera de mi radar.   – Más te vale Rush, mi hermana no es como tus muchas novias.  ¿Otras novias? Estoy frente a un donjuán ¡Vaya! Ahora entiendo.   –  ¡Jonas!  – lo reprende Tania.   – Gracias por advertirme, pero si se cuidarme  –  digo, todos ríen menos Tania que nos mira con el ceño fruncido, por cierto me percato que Rush aún está observando así que decido presentarme  – Por cierto, soy Melinda, pero me dicen Mel, ah y no me gustan los chicos como tú así que estamos bien y sin peligro.   – ¡Oh, oh wow! Eres dura igual que tu padre. Un placer Mel, soy Rush ya que no trataré de conquistarte aún podemos ser amigos ¿No? Digo nuestros padres lo son ¿O eso tampoco podemos?  La pregunta no va dirigida a nadie, pero Rush busca la respuesta mirando a todos en la mesa, pero todos nos observan a él y a mí, y viceversa. Esto es interesante, Rush es interesante y sí me gustaría ser amiga suya ya que supongo que así podré estar cerca de él, tampoco es que muera por estarlo, pero su sonrisa es embriagadora y tiene algo que me dice que será alguien de confianza.   –  Claro que podemos ser amigos.   –  Genial  – dice y abraza a su madre, quien pobre lo mira preocupada  –  No te preocupes, la cuidaré, es mi primer amiga.  ¿Con qué su primer amiga? Interesante  Luego de la inesperada cena con los McGuire, que gracias a ellos se volvió emocionante, volvimos a casa. Yo no veía la hora de irme a dormir, estaba exhausta, pero también feliz ya que Tania no se divirtió tanto. Habría pensado que sería una tonta, que no sabría comportarme, no sabría usar los tenedores, pero mis tías hicieron lo suyo. Siempre decían que sería una famosa doctora y escritora y debería estar preparada.  Cuando ya estaba subiendo las escaleras escucho mi nombre. Era Jonas. Estaba parado en la entrada de la escalinata que lleva a mi cuarto.   – ¿Qué ocurre?   – Puedo pedirte un abrazo antes de dormir.   – ¿Qué? Claro  – sorprendida contesto y veo como se acerca a mí. Lo abrazo y le doy un beso, lo observo y veo lo hermoso que es  – Buenas noches Joe.   – Buenas noches Mel, ah y me alegro que ya tengas un amigo, aunque se trate de Rush.  –  lo miro y veo que realmente se preocupaba por mí, es tierno.   – Tranquilo. Ve a dormir.  –  lo despido y se va. Sonrío conmigo misma porque me gusta esto, sentirme querida y más saber que quien me aprecia es mi hermano.  Cuando ya estaba recostada y lista para apagar la luz, alguien llama a la puerta. ¿Quién mierdas sería? Fue un día largo y quisiera acostarme a dormir de una vez por todas. Me desperezo y abro la puerta, grande fue mi sorpresa de ver a mi padre. Me mira y sonríe. Es obvio que quiere decir algo, pero que no sabe cómo.   – Mel ¿Ya estabas durmiendo?  –  dice un poco avergonzado.  Ahora veo por quien salí, le cuesta hablar.   –  No pa… ¿Quieres pasar?   – ¿Quieres hablar?  –  contesta.   – Si quieres, sí.  – sonríe y lo dejo pasar.  Mi padre entra despacio observa todo, qué momento más incómodo, acaso viene a ver cómo está la habitación. Bueno, fue mi primer día no puedo ordenar todo sola, estoy cansada.   – Mel quería felicitarte por lo de esta noche.   – Gracias papá. Mis tías me educaron bien, aunque, Tania aún cree que no se hacer nada.   –  A los McGuire les caíste bien. Roman me dijo que eras muy parecida a mí…  –  ríe un poco  –  en algunas muy pocas cosas.  Me río, no pensé que viniera solo para felicitarme. No esperaba eso.   – Me alegra papá, me alegra que le haya caído bien a tus amigos y que no te haya hecho pasar vergüenza.   –  ¿Vergüenza? No, estaba nervioso porque fue nuestra primera cena familiar.  ¿Qué? Nerviosos por salir todos juntos, bueno entiendo que fue la primera vez todos juntos, pero como sea lo comprendo.   – Veo que te hacen falta muebles ¿Quieres pasar a mi despacho por la mañana y te daré dinero? Si.  No sabía qué responder a eso ¿Qué dirá Tania a eso? No quiero que me compre cosas y luego que me lo recuerde de por vida.   –  Supongo que sí, pero no quisiera que Tania se molestara por gastar su dinero.   – No gastarás su dinero  –  lo miro bien  – Melinda, la tarjeta que voy a darte es mía no es suya, cada quien tiene la suya ¿Ok? No te preocupes por eso.  Es terco. Igual que yo, así que me resisto de llevarle la contraria porque sé que no cederá.   – Bueno, está bien.   – No te preocupes. Histeriqueos no escucharás.  –  luego mirando hacía la puerta, pero dudando de si irse o no  –  Mañana pasa, y si quieres Tania puede acompañarte a comprar.  Eso no, nunca ¿Por qué querría algo así? ¡Cielo Santo! Para que me taladre los oídos. Prefiero quedarme sin nada a que ella elija todo.   –  No papá, prefiero hacerlo sola y poder hacer las cosas a mi manera.   – Entiendo, bueno también puedes ir con Maggi, ella no decidirá por tí.  – ríe y yo también, entendió perfectamente mis razones.   – Ok mañana por la mañana paso y veo si después del almuerzo Maggi quiere venir, no deseo que Tania se enoje con ella por encargarse de mí también. No le corresponde.   – Como desees.  – Me mira con esos ojos que dicen mil y una cosas, pero sin media palabra. Me acerco lo abrazo, dentro muy dentro mío lo quiero. Sé que es mi padre, aunque no estuvo en esos momentos difíciles en donde uno necesita de su padre  – Bueno pequeña, mi pequeña. Es hora de dormir que mañana tendrás un día duro.   –  Sí papá.  Me despido de mi padre. Al principio la charla había sido algo rara, pero luego fue algo más normal. Con mis tías hablábamos, pero no se sentía de la misma manera que cuando hablaba con mi padre, aunque lo que de verdad añoro es hablar con mi madre, saber lo que sentiría hacer eso.  Esperaba algún día encontrar esa paz en mi interior, tener mi final. Aunque no la recuerdo a mi madre ya que según mis tías falleció cuando tenía 3 años, pero que nunca encontraron el cuerpo. Toda mi vida tuve esa sensación de que algo en mi faltaba, que alguien en mi vida me hacía falta y sí. Me hacía falta una madre, esa persona que se supone me daría consejos y me regañaba por no cumplirlos. Tenía la esperanza de que ahora al compartir un hogar con mi padre pueda tener la posibilidad de tener mi final, poder sacarme esa sensación de falta y poder entender finalmente que mi madre ya no está.  Además quería convencer a mi padre que hablara sobre ella, mis tías casi no lo hacían porque era algo que les dolía mucho, pero solo quería conocer más sobre ella. Sé que tengo un gran parecido a mi padre, pero supongo que en algo me debo parecer a mi madre. Solo quiero conocerla, solo pido eso.
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