Capítulo 3.

1364 Palabras
Al otro día decidí madrugar, para mi suerte nadie estaba levantado, pero sabía que no tardarían. Preparo un poco de café y subo una taza a mi habitación para terminar de hacer la cama, tomar una ducha y vestirme. Al terminar miro mi reloj, eran las 8:00 a.m. y casi no escuchaba nada, entonces decidí tomarme un tiempo para mi lectura, no por estar aquí dejaré algunos de mis hábitos y leer era algo que me fascinaba.  Al pasar, creo unas horas o minutos, la verdad no sé cuántos, pero mi teléfono comenzó a sonar, cuando lo veo no identifico el número, aunque dudé por un cuarto de segundo si contestar o no, lo hice.   –  Hola.   – Hola, ¿Melinda?  –  esa voz, me resultaba vagamente familiar, pero no recordaba de dónde.  – Si, ¿Quién habla?  – pregunto dudosa. Entonces ríe, la voz profunda de este chico y su risa hacen que una descarga se propague por todo mi cuerpo.   – Veo que anoche no me prestaste nada de atención.   – ¿Cómo que anoche…?  – entonces supe quién era  – Tú, ¿Cómo conseguiste mi número?   – Bueno  – comienza a titubear  – Fue tu padre. Acabo de salir de su despacho y me comentó que querías ir de compras, pero que no podrías hasta después del almuerzo.   – ¡Wow! Veo que mi padre prácticamente te contó todos mis planes.   – Espero no te molestes, pero estaba pensando que sí te gustaría ir conmigo.  No pude evitar contener la risa ¿Rush McGuire de compras conmigo?   – ¿Por qué te causa tanta risa? Solo quiero acompañarte, se que cuando las mujeres salen a comprar tardan mucho y es preferible que salgas ahora así te alcanzará el día.  Buen punto. No lo había pensado, pero yo no soy como las otras mujeres, no pienso tardar tanto, es más odio comprar, aunque esto es algo que necesito hacer.   – Agradezco que quieras acompañarme, pero no me iré de shopping a comprar ropa.   – ¿Entonces?  – pregunta un tanto sorprendido.   – Bueno, acabo de mudarme y necesito decorar mi habitación. Eso requiere comprar muebles, cortinas y algunas otras cosas. No creo que quieras pasar por eso.   – Creeme Melinda  – ríe y suspira  – Perdón, pero creeme que comprar muebles es mejor, mucho mejor que comprar ropa.   – Veo que no te emociona salir a comprar ropa ¿Te ibas a sacrificar?  – Escucho como ríe y la verdad es una sonrisa contagiosa.   – Quería que fuéramos amigos, tu padre me comentó que no conoces a nadie así que, quería intentar una amistad.   – Y viste una gran oportunidad con esto de salir a comprar  – se carcajea, pero no solo lo escucho en el teléfono, lo escucho como si estuviera cerca  – ¿Dónde estás que te estoy escuchando?   – Sal al balcón  – contesta. Casualmente me encontraba sentada ahí, así que me inclino hacia delante y lo veo, todo sonriente mirándome. Entonces me percato que es verdad, anoche no le había estado prestando tanta atención, porque debo admitir, es muy atractivo y tiene un algo que lo vuelve magnético. Ahora entendía porque tiene a las chicas como las tiene, locas y dispuestas.   – ¿Y, vendrás?   – Bueno, pero tengo que cambiarme ¿Quieres subir o esperar fuera?   – ¿Puedo subir?  – Asiento  – Ok, entraré por esta escalera porque no deseo ir por la puerta delantera y cruzarme con alguien indeseado, ya sabes.   – Como prefieras, total esta se supone que es mi entrada privada y tú eres mi invitado.  Mientras esperaba a que subiera decido llamar a mi padre y avisarle de mis nuevos planes con mi nuevo amigo, además de que Rush estaba por subir y esperarme en la sala de mi habitación. Aceptó sin más e incluso sonaba alegre, quedamos con que antes de marcharme pasaría por su despacho porque él me daría algo.  Luego de eso me concentré en buscar algo que vestir ya que se supone que saldré con Rush McGuire, eso llamará la atención de muchas personas y más aún cuando se enteren de cuál es mi apellido porque por lo que veo mi padre es alguien influyente entre estas personas. Necesitaba ser lo que todos esperarían que fuera, alguien con clase y a la altura de esta familia, haría lo que estuviera en mis manos para lograrlo, no le daría el gusto a la arpía de madrastra que tengo.   – ¿Dónde estás?   – Rush, en mi cuarto. Ya voy  – digo mientras termino de cambiarme.  Opté por algo cómodo, pero fino no quería quedar mal. Un short n***o de gabardina con una blusa blanca de encaje y tacones negros. Termino de vestirme y dejo que Rush entre a mi cuarto mientras termino de cambiarme y vamos haciendo una lista de las cosas que necesito.   – Deberíamos estar saliendo, ¿Terminaste?   – Si  –  contesto, tomo mi bolso y vamos hacia la puerta.  Al abrirla me quedo estática ya que me encuentro de frente a Tania quien en segundos su rostro se transformó en ira pura mirándome a mí y luego desviando la mirada a Rush, quien también se había petrificado a mi lado.   – ¿Se puede saber qué hace éste aquí, en tu cuarto? ¿Quién crees que eres? En la primera ya metes hombres a tu cama, una desubicada completamente.   – Disculpe señora, pero creo que está malinterpretando las cosas y nos está ofendiendo  – Contesta Rush con una voz gruesa llena de ira  – No debería hablar sin saber.   – ¿Ofendiendo? Tú me ofendes a mí, los dos. Esta es mi casa y tú niña no haces lo que se te plazca.   – Estaba esperando por su hija para ir de compras, no es nada malo eso. ¡Ay Rush!  El rostro de Tania se amargó aún más si es que se podía.   – Esta no es mi hija, no es nada mía así que…   – ¡Tania!  – la voz de mi padre nos sobresaltó a todos, él estaba ahí en el último peldaño de las escaleras observándonos a todos  – Cuida lo que dirás. Es tu casa, pero también es la mía como lo es de Jonas y por lo tanto de ella y respetarás su espacio.   – Pero Josh, en su primera noche ya mete un hombre a su cama…   – ¿Has escuchado? Rush acaba de decirte que la esperaba para salir de compras o es que no razonas. No faltes al respeto. Además, es mayor de edad puede hacer o estar lo quiera con quien quiera, es su decisión. Y desde ayer, desde que llegó aquí le di el consentimiento de que en su espacio nadie le molestará y podrá recibir todas las visitas que quiera.   – Tú de verdad crees ese cuento, de que saldrán de compras, ¡Por favor!  Mi padre eufórico y con la paciencia por el suelo la tomó por los hombros y la miró fijamente.   – Fui yo quien abrió la puerta esta mañana para que entrara, fui yo quien le contó de los planes de compras de mi hija. Y mi hija  – lo dice recalcando esto último  – No es una cualquiera, avisó que Rush subiría para esperarla. Aquí la que no sabe nada eres tú.   – Tania, si no te importa quisiera pasar, tengo que salir ahora porque me llevará tiempo el asunto que tengo.   – ¿Josh? Dile algo, escucha como me habla.  ¿Qué? Alucina claramente.   – No exageres, Melinda te habló bien aún después de como la trataste. Lo feliz que estoy porque mi padre la está poniendo en su lugar, nadie tiene una idea de lo mucho que lo estoy disfrutando.   – Melinda, vamos  –  todos miran a Rush y para dar por terminado esto me acerco a él tomo su mano y como podemos cruzamos a Tania.   – Hija, esto es tuyo. Efectivo y unas tarjetas de débito y crédito.  Me entrega un sobre y en ese momento podía sentir como los ojos de Tania nos perforaban con intensidad.   – ¿Cómo? Josh ¿Qué diablos haces?   – Necesita comprar cosas, es mi dinero, no el tuyo. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR