Capítulo 4.

1667 Palabras
Luego de horas recorriendo varios locales de arreglos de interiores viendo muebles, cortinas, sábanas y hasta lámparas decidimos descansar. Ver a Rush caminar a mi lado recorriendo esos lugares sin rechistar opinando sobre los muebles y las decoraciones me hizo mucha gracia, me divertí como hace mucho no lo hacía. Fue realmente impresionante para mí, no lo conocía, pero verlo tan concentrado en nuestra labor me di cuenta que no era un mal sujeto.  Lo que no pude evitar darme cuenta fueron las miradas curiosas que nos seguían a todas partes, todos incrédulos de ver a Rush McGuire caminando por la ciudad con una amiguita nueva de su brazo. Y más aún comprando muebles y cosas como esas. Algo muy extraño para una cita y más teniendo en cuenta el historial que mi nuevo amigo tiene. Pero bueno, esto ayudó a que comprendiera algo nuevo de todas las personas que viven aquí, son chismosas y les encanta meterse en los asuntos de los demás.  –  Me sorprende cómo tomas la vida aquí, llena de chismosos – sorprendida por su comentario, lo miro algo confusa – Digo, por la forma en que todos nos miran. Supongo que en la playa no es así.  –  Tienes razón, la gente costera es diferente, porque nos conocemos entre todos y bueno ya somos comunes. Aquí, bueno, nadie sabe quién es la chica que pasea del brazo de Rush McGuire – digo haciendo énfasis en su nombre con los dedos y a consecuencia de eso ambos reímos a carcajadas.  – Sabes que no eres una de mis amiguitas, eres una amiga de verdad y por cierto, una muy graciosa. – dice mirándome fijamente provocando en mí una descarga eléctrica que recorría todo mi ser. Esto nunca me había ocurrido antes, con nadie – ¿Qué pasa?  – Nada. Vayamos a comer, estoy muy cansada.  – ¿Y con esos zapatos cómo no estarlos?  Lo miro y me largo a reir. No pensé que se fuera a fijar en la comodidad de mis zapatos, aunque admito que tampoco creí que llegaríamos a entendernos, pero hasta ahora todo parecía ir muy bien. Reímos, hicimos chistes, recorrimos tantos lugares porque no me decidía con muchas cosas y él como un buen amigo se había mantenido a mi lado y se había comportado muy bien. Podía creer que de verdad estaba floreciendo algo lindo entre nosotros.  Nuevamente nos pusimos en marcha, pero esta vez porque queríamos encontrar un lugar bueno donde comer algo, me encontraba famélica y de verdad muy cansada. Como no nos decidimos dónde comer Rush mencionó un buen lugar que conocía y fuimos hasta allí, para mi suerte fuimos con el auto ya que eran varias cuadras más y mis pies ya no daban más.  Tardamos un poco para estacionar, pero cuando lo conseguimos mi fuerza de voluntad era muy poca como para caminar hasta adentro. Al parecer Rush se percató ya que con una sonrisa en su rostro me tomó de las manos y fue tirando de mí para que avanzara esos pocos pasos hasta adentro.  Todos en el restaurante voltearon a mirar cuando pusimos un pie adentro y debo admitir que estaba muerta de los nervios muy repentinamente. Sin embargo, Rush nunca me soltó la mano y eso me dió la suficiente confianza para seguir sin mirar a nadie en particular.  – Señor McGuire, que sorpresa.  – Buenas tardes, quería una mesa para dos, por favor.  – Sí señor. – Entonces el jefe de sala con solo sonar sus dedos hizo que un camarero apareciera a nuestro lado – Señores, él será el encargado de su mesa y los atenderá en todo lo que necesiten.  – Muchas gracias, lo seguimos.  Al llegar a nuestra mesa teníamos a todos en el restaurante intrigados y sin poder masticar correctamente la curiosidad consumía a todos a nuestro alrededor. No comprendía cuál era el problema en todo caso, acaso no podíamos dos jóvenes salir a comer. No necesariamente significaba que algo pasaba entre nosotros por venir a almorzar, solo esperaba que se acostumbren a verme por ahí con Rush porque era mi único amigo y me gustaba pasar tiempo con él.  – Déjame decirte que nunca me prestaron más atención como hoy – Rush me mira y sonríe con una de esas sonrisas de “No te preocupes” tan encantadora.  – Hasta que se acostumbren de verte, pero lamento darte una mala noticia – me dice haciendo caras graciosas. Hago un gesto con la cabeza para que continúe – Cuando tu padre te presente como su hija oficialmente, tendrás a todos los reporteros detrás tuyo. Y no durará poco tiempo.  – No lo había pensado tanto, pero tienes razón.  – Igual, no te preocupes. No te dejaré sola, confía en mí, no dejaría que pases toda esa locura sin mí.  No sabía qué decir, no me había esperado eso. Rush dándome aliento y brindándome apoyo, me sorprendió tanto que me dejó sin palabras.  – Listo, basta de tanta cursilería – digo, pero no es porque no me guste realmente, la verdad es que no quería seguir escuchando cosas así. Mis tías eran las únicas me daban aliento y me apoyaban en todo, pero escuchar a otra persona brindándome lo mismo era mucho para mí.  – Como quieras – lo miro y veo que hace una mueca. Entonces miro a mis costados esperando que nadie me viera hacer lo que tenía planeado, tomo una servilleta y se lo lanzo haciendo que se sorprenda – ¿Qué acabas de hacer? – No contesto y él ríe – Como quieras, ya te lo cobraré.  – ¡Qué bonito! –  una voz chillona nos sacó por completo de nuestro momento ya que sonaba muy penetrante y aturdía. Miro detrás mío y una rubia pomposa como una barbie se encontraba cruzada de brazos y una mirada furiosa – ¡Wow! ¿Quién lo diría? Veo que esta vez te costó más conseguir una noche. Rush ¿Estás perdiendo tu encanto?  Miro a Rush y no estaba segura de si se encontraba bien, por su rostro pasaban varios colores. En sus ojos veía  desesperación, vergüenza y hasta una súplica silenciosa. Al parecer no tenía en sus planes esto, estaba claro en su mirada.  Aquella rubia bocona aún estaba detrás mío, podía sentirla, pero no tenía muchas ganas de girarme y enfrentarla. En sí no era mi problema, pero estaba pendiente en Rush, esto lo había tomado por sorpresa a tal punto que lo dejó paralizado. Así que no tenía opción debía de decir algo, no por mí más bien por él.  – Buenas tardes – digo moviendo mi silla y poniéndome de pie enfrentando a esta mujer. – Creo que has llegado en un mal momento, como verás estábamos a punto de comer.  La mujer frente a mí sonreía con un aire de superioridad, debía de ser una de esas niñas ricas.  – Pero bueno ¿Qué tenemos aquí? Una cualquiera hablándome como si nada, a mí. Escúchame nena a mi no me hablas con ese tonito. { – ¡Kendra, basta! –  por fin Rush reaccionó – Tú no le hables en ese “tonito”  Lo miro y me sorprendió al ver en sus ojos una rabia imponente. No lo había visto así en estas horas, se había mostrado amable y divertido, alguien que le gustaba hacer bromas y pasarla bien, y no había visto ningún rastro de una persona con un enojo tan grande como el que él contenía en su interior.   – Rush, tranquilo – trato de calmarlo.Entonces me toma de la cintura y me atrae a él, de una manera muy posesiva.  – Y desde cuando Rush McGuire sale a defender a una de sus gatitas – ¿Qué? ¿De verdad? Ahora veo porque Marian le advirtió que conmigo no debía jugar. Era un playboy consumado y todos lo sabían, ahora me trataban como a una de sus amiguitas.  – Escúchame Kendra, ella no es ninguna gatita y debes respetarla porque, que te quede claro Kendra, ella ni siquiera se acerca a lo que eres tú. – él la mira y luego me mira a mí y suelta una carcajada –  Porque, que yo recuerde, tú fuiste una de mis gatitas y sabes que no salgo a comer con ninguna.  Eso era todo lo que Kendra pudo soportar que no dudo en irse, me quedé impresionada por cómo Rush la trató y la colocó en su lugar, lo miro y lo encuentro mirándome fijamente esperando que dijera algo, pero ni yo ni él dijimos nada más.  – Señor McGuire ¿Está todo bien? – era el jefe de sala del restaurante preguntándonos cómo estábamos, pero Rush claramente, no estaba bien.  – Estamos bien – respondo – Pero me preguntaba si tendría un lugar más privado donde podríamos disfrutar del almuerzo.  – Claro señorita, síganme por favor.  – Gracias – miro a Rush, tomo su mano y mis bolsas junto con mi cartera – Vamos Rush.  Caminamos siguiendo al jefe de sala y al camarero que nos habían asignado hasta una mesa que estaba detrás de una enorme y muy original cortina que por supuesto, hacía juego  con todo el decorado del lugar.  Rush me corre una de las sillas para que pueda sentarme y luego lo hace él a mi lado. Sin decirnos nada solo nos quedamos mirándonos entre nosotros en un silencio algo incómodo. Podía ver como los engranajes en su cabeza giraban sin parar, estaba furioso y su ira aún no había sido contenida del todo. Entendía que no quisiera hablarme, pero también me enfurecia sin razón, estaba preocupada por él y que no me hablara me preocupaba aún más.  Solo quería que volviera a hacer uno de sus chistes, es que tan serio como estaba me ponía algo incómoda. Aunque ahora que lo pensaba mejor, quizás el que estaba más incómodo era él, después de todo por su culpa me habían insultado cuando yo no tenía nada que ver con él. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR