LIAM El tiempo se detuvo en el pasillo de urgencias. - Señor por favor —la voz del médico era suave, casi irritante en su compasión ensayada—. Entiendo su dolor, pero no puede verla ahora, el cuerpo está... las lesiones faciales fueron severas debido al impacto contra el pavimento, necesitamos prepararla para que pueda despedirse dignamente. - No me importa cómo esté —gruñí, aunque la fuerza se me escapaba por los poros como agua—. Es mi esposa, tengo que verla, tengo que... tengo que pedirle perdón. —Le daremos unos minutos, Sr. por favor espere en la sala de familiares, en cuanto las enfermeras terminen, lo llamaré, se lo prometo. Mason me agarró del brazo, sosteniéndome cuando mis rodillas amenazaron con ceder bajo el peso de mi propia culpa. - Vamos, Liam, siéntat

