TREINTA Y CINCO.

2915 Palabras

El maldito ascensor no funcionaba y tuve que subir las escaleras hasta el piso en donde se encontraba mi consultorio, maldiciendo y odiando a cada persona que no pagó el impuesto de la luz porque era culpa de ellos que lo hayan cortado. No ayudaba a que mi humor estuviera tan abarrotado últimamente, todo me molestaba y si fuese otro momento, el ejercicio extra no me importunaría, pero dado que nada parecía marchar con la normalidad a la que me había acostumbrado, no concebía que mis vecinos no efectuaran las expensas como correspondía. —Buen día Jaz. —me saludó Pau en cuanto entré al consultorio. Ella ya estaba del otro lado de su escritorio tecleando en la computadora, pero se tomó el tiempo de demostrarme una sonrisa enorme que me obligó a relajar mi expresión enseriada y asentir en sal

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