Por más intentos que hacía mi novio de hacerme feliz y yo de valorar su esfuerzo, llegaba un punto en que tenía que fingir las sonrisas, y enseguida se daba vuelta, volvía a sentirme como nunca dejé de hacerlo. Mi semana fue estresante porque acompañé a mí cuñada a las pruebas de vestido y a ver el salón en donde se iba a celebrar el casamiento, me mantuve bastante ocupada por las tardes después de mi horario de trabajo y a la noche Leo se esforzaba un montón por hacer las cosas bien, pero para mí no dejaba de ser frustrante no poder llegar a un orgasmo con mi propio novio. Con Joaco no volvimos a hablar desde esa tensa conversación que tuvimos en el auto, los días se pasaron como agua entre las manos y ni un solo mensaje volví a recibir de su parte, tampoco me animé a enviarlo yo porqu

