De inmediato tiro de la bata hasta sacársela por los brazos y seguidamente desabrochó el sujetador e hizo lo mismo. Mi madre se giró para ponerse frente a ella y con una sonrisa tímida le dijo. — Que te parecen desnudas, no crees que están algo caídas? Pao las abrazo con sus dos manos abiertas y la elevó a la vez que las presionaba con suavidad. — Siguen siendo igual de preciosas mamá. Te gusta que te las toquen? — Pues… claro. — Y que te las toqué yo? – insiste nuevo mi hermana. Esta vez mi madre dejó el papel de tímida para ser más directa. — Ufff, la verdad es que me está… gustando. Mi hermana continuó amasándolas y acercó la boca hasta uno de los pezones. Paso la lengua por él y la reacción de mi madre casi hace que soltase una carcajada. —

