El silencio en el auto de Jhon era casi insoportable. Había visto todo. El beso. La cercanía. La forma en que Michell miraba a Octavio. Aquella imagen se repetía una y otra vez en su mente como una herida abierta. Durante varios minutos permaneció estacionado frente al edificio de Octavio, intentando calmar la mezcla de emociones que lo atravesaban. Rabia. Celos. Pero también algo que no quería admitir: miedo. Miedo de haber perdido definitivamente a Michell. Finalmente encendió el motor. —Esto no se va a quedar así —murmuró. Pisó el acelerador y salió del lugar. No sabía exactamente qué iba a hacer. Solo sabía que necesitaba respuestas. Mientras tanto, en la oficina de Octavio, Michell terminaba de escuchar la llamada de Leo. —Voy para allá —dijo antes de colgar. Octavio

