En mi mente

1841 Palabras
Eiden Una semana ha pasado y no la puedo sacar de mi mente, he intentado tener sexo con otras mujeres pero me es imposible, ninguna le excita, ninguna huele también como ella, ninguna tiene su mirada, ninguna es ella. Llegó como todas más noche a la soledad de mi departamento, me acuesto en la cama y tomo la almohada que aún tiene el olor de su perfume, se que parezco maniático y un acosador, porque aún sigo vigilándola. Abro mi móvil y veo las últimas fotos que su guardaespaldas me ha mandado, en algunas se ve que está trabajando, en otras está platicando con sus amigos y en las últimas está cenando con Gabriel, esas son las que me molestan en demasiado, se que solo son amigos pero puedo notar que él quiere algo más que una simple amistad. Decido dejar de torturarme y apago mi celular, me levanto para colocarme la pijama, tengo que dormir mañana es la fiesta de mi hermana y aunque no quiera tengo que asistir. Tomó un vaso con agua y me acuesto, cierro los ojos para así quedarme dormido. Al día siguiente me levanto por la alarma la cual apagó de inmediato, me pasó la mano por la cara, no puedo creer que nuevamente soñé con ella, maldigo porque no sé qué diablos me está pasando, jamás me había sentido así por ninguna mujer. Me levanto con pesadez entro al baño y me doy una ducha de agua fría tengo que aplacar a mi amigo. Me cambio con ropa casual, no es una fiesta de gala así que no tengo por qué vestirme tan formal. Tomó mi celular, mi cartera y las llaves de mi carro, salgo de mi departamento ya en el estacionamiento me están esperando mis guardaespaldas los cuales salen al mismo tiempo que yo…. Unas horas más tarde llego a la casa de mi hermana para encontrarme con un caos total. Gente entrando y saliendo, camionetas de lo que supongo son los floristas, decoradores y el servicio de catering. Doy un suspiro pesado y me dirijo al despacho donde estoy seguro que se encuentra Daniel escondiéndose de mi hermana. Abro la puerta y efectivamente, está con una copa de whisky viendo por la ventana todo el caos. Eiden —No es muy temprano para tomar. Daniel —Si estuvieras en mi lugar también estarías tomando. Eiden —Que puede ser tan caótico como para estar aquí escondido. Daniel —Luz me preguntó que cuál color quería, entre rojo carmín y rojo cereza, yo le dije que era el mismo color y casi me corta la cabeza. Tu ves alguna diferencia. Me dijo mientras me señalaba dos pedazos de tela, la verdad si tenían el mismo color. Eiden —Jajajaja ya me imagino que se puso como loca. Daniel —Si ríete ya te veré a ti cuando tengas que escoger algún tipo de pintura para el cuarto de tu bebé. La sonrisa se me borró por completo porque jamás me había planteado tener hijos. Eiden —Eso jamás pasará, sabes bien lo que pienso de las mujeres y el amor. Daniel —Eso decimos todos, hasta que nos llega la mujer que pone nuestro mundo de cabeza. Daniel tenía la mirada puesta en Luz, mientras que a mi mente vino la imagen del rostro de Alexandra. Alexandra Llegamos a la casa si es que se le puede decir casa a esta enorme mansión rodeada por inmensos árboles, sin duda es hermosa. Llegamos y comenzamos a montar los postes que trajimos y los utensilios que voy a ocupar para los demás que voy a preparar. Después de dejar todo listo, prosigo a colocarme mi filipina roja que hace juego con los jeans negros que traigo. Me recojo el pelo en un moño alto y me coloco la maya para después colocarme el gorro. Luz —Estas lista la gente está llegando y a muchos les llamo la atención tus postres. —Deja que prueben las crepas francesas y los croissant. —Les van a encantar, bien vamos. Cómo dijo Luz sus invitados quedaron fascinados por mis postres tanto que un tío de ella que es más o menos de mi edad quería platicar conmigo para una contratación en los eventos de su empresa a lo cual acepté de inmediato hablar con él señor. Luz —Fausto ella es Alexandra la chef, Alexandra el es mi tío Fausto. Alexandra —Un gusto señor. Fausto —El gusto es mío, pero no me llames señor solo soy un poco más grande que tú. Alexandra —Esta bien, es un gusto Fausto. Tomó mi mano y acaricio levemente mis nudillos algo que me incomoda un poco, no sé por qué. Luz —Bien los dejo para que platiquen. Luz se fue dejándome con su tío. Fausto —Bien Alexandra me gustaría platicar pero en otro lugar, ven vamos a una de las mesas. Alexandra —Claro solo deje que me quite esto. Me quite la filipina, el gorro y la red, le dije a Lili que iba a platicar con el señor que no le tardaba. Salí del lugar y camine junto con el señor Fausto a una de las mesas que había en el jardín, no me pasó desapercibida las miradas de algunas personas quienes hablaban entre si y no sabía si de mi o de otra cosa Fausto —Ven sentémonos aquí. Alexandra —Si claro. Fausto —No le hagas caso a sus miradas, son mujeres envidiosas. Alexandra —Envidiosas! Que me podrían envidiar a mi. Fausto —Lo hermosa que eres. Su mirada me recorrió del pecho a mi rostro cosa que no me agrado mucho, Fausto no es una persona desagradable, todo lo contrario es alto y guapo, muy guapo pero no me gusta como me ve. Alexandra —Mejor dígame qué es lo que quiere platicar conmigo. Fausto —Alexandra voy a ir al grano, quiero que seas mi chef repostería particular. Alexandra —Como que particular. Fausto —Si así como lo escuchaste, aquí la mayoría somos empresarios y hacemos varios tipos de eventos, por lo general en todos se ofrecen aperitivos entre ellos postres, a varios de nosotros mejor dicho a todos nos gustó tu repostería así que quiero que solo trabajes para mí. Alexandra —Ósea que solo podría cocinar para tus eventos. Fausto —Así es. Alexandra —No me conviene más que cocine para los eventos de los demás, no le veía nada de malo. Fausto —Eso sería imposible ya que somos una familia muy competitiva y una vez que trabajas para uno no puedes trabajar para el otro. Le iba a responder cuando una voz hizo que volteara y unas manos en mi cintura hicieron que me levantará de mi asiento. Edien —Lo siento Fausto pero ella ya es mía. Eiden Seguía en mi despacho pensando en esa hermosa pelirroja, no entendía porque no había podido sacarme de la mente sus hermosos ojos, su cabello rizado, su dulce olor y esos gemidos que hacía cada vez que la hacía mía. Esto ya le estaba frustrado, no quería ir a buscarla pero tenía la necesidad de hacerlo de volver a hacerla mía, que dijera mi nombre una y otra y otra vez. Luz —Sabia que ibas a estar aquí. Eiden —Me estabas buscando. Luz —Así es ya es hora que diga a los buitres de afuera para que los invite y tú aquí encerrado. Eiden —Sabes bien que no tolero a los buitres y más a él idiota de Fausto con su quiero lo que tú tienes porque es mío no tuyo, no sé por qué mi hermano te dejo cargo de todo. Luz —Sabes como es Fausto, el hubiera querido quedarse con todo lo de mi papá, pero el fue más inteligente y te lo dejo a ti. Edien —Dejemos ese tema y mejor vamos a ver a tus lindos invitados. Salimos del despacho y nos dirigimos hasta el jardín donde se lleva a cabo la fiesta, pasamos por la cocina que está en el exterior y me pareció ver a alguien conocido, volteé para verificar que me equivocaba cuando Luz dijo algo que llamo mi atención. Luz —Al parecer Fausto se interesó mucho en la chica del catering. Vi hacia donde estaba el idiota de Fausto cuando la Vi a ella…. Eiden —Alexandra. Dije en un susurro que mi hermana alcanzó a escuchar. Luz —La conoces. Una semana, una maldita semana que no puedo dejar de pensar en ella, una semana la cual no sale de mi mente y ahora la veo aquí y platicando con él, veo como la toma de la mano y una ira se apodera de mi, ignoro a mi hermana para caminar hasta la feliz pareja, llegó hasta donde están y escucho lo que él le dice. La quiere para que trabaje para el, pero a mí no me engaña conozco a Fausto Smith como la palma de mi mano y no está interesado en su servicio de catering, está interesado en ella. Eiden —Lo siento Fausto pero ella es mía. Ambos voltean a verme yo la tomo de la cintura y la paro de su asiento para pegar su cuerpo discretamente al mío. Fausto —Eiden no sabía que Alexandra trabajaba para ti. Eiden —Por algo está aquí no crees. Fausto se paró y sonrió, saco una tarjeta de su saco y se la dio a ella, quien aún no decía ninguna palabra. Fausto —Es una pena que trabajes para mí sobrino, pero en fin si algún día decides dejar de hacerlo, no dudes en buscarme, nod vemos hermosa. Tomó su mano y dejó un beso en ella, a mi solo me dio una sonrisa arrogante. Eiden —Imbécil. Agarre del brazo a Alexandra quien parecía estar en shock y la lleve al interior de la casa para ser preciso hasta mi habitación, una vez adentro cerré con seguro. Eiden —Que haces aquí. Alexandra —Que hago aquí, mejor dime qué diablos acaba de pasar allá fuera porque le dijiste a Fausto que yo era tuya. Eiden —Porque así es, eres mía estás trabajando para mí. Alexandra —Disculpa pero no soy de nadie, solo vine a trabajar y no para ti, sino para la señora Luz. Eiden —Luz es mi hermana lo que quiere decir que trabajas para mí. Alexandra —Pero da la casualidad que la que me contrato fue ella y no tu, así que no digas que soy tuya porque no es así. Eiden —Esta bien entonces te prohíbo trabajar para el imbécil de Fausto. No sé porque le dije eso pero el echo de saber que ese idiota podía querer algo con ella me llenaba de ira. Alexandra —Quién eres tú para prohibirme con quién trabajar. No le dije nada solo estampe mis labios con los de ella, ella se resistió al principio pero después se entregó de la misma manera que yo…..
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