Eiden
Llegó a la dichosa subasta de mi tío. Como era de esperarse, está lleno de gente influyente y reporteros.
Al bajar de mi camioneta, un par de reporteros se me acercan, pero son interceptados de inmediato por mi equipo de seguridad. Es obvio que son nuevos porque los demás ya saben que no me gustan las entrevistas.
Entro al salón y comienzo a caminar por el lugar saludando a la gente, llego a la barra de bebidas y me pido un whisky. Cuando una mujer de mi desagrado se me acercó.
Adara —Creí que no te gustaban este tipo de eventos, o al menos eso me decías cuando tú y yo salíamos.
Volteo a ver a la mujer, sigue igual de hermosa que cuando la conocí.
Eiden —Adara, qué haces aquí.
Adara —Lo mismo que tú, querido, vine a ver en qué gasto mi dinero.
Ella es Adara Soler. Cuando la conocí, era una chica que estaba enfocada en estudiar para salir adelante. Yo la admiraba porque, a pesar de lo sucedido en su pasado, veía la vida con alegría, me ayudaba a ser mejor persona o eso creía.
Siempre la llenaba de regalos costosos, éramos novios, pero de esos novios que se respetan, nunca llegamos más allá de unas simples caricias hay hasta que un día llegó a mi departamento dispuesta a tener sexo, yo que la esperaba no quince, entonces fue donde se puso a llorar y me dijo que un maestro la había violado y había quedado embarazada.
Yo ciego de ira salí de mi departamento y fui directo a la facultad, sabía que a esa hora estaba ahí, entre a su oficina y lo golpee sin pensarlo, otro maestro entro y me separó de él, llamaron a la policía y al rector, les conté lo que mi supuesta novia me había dicho y ahí fue dónde supe la verdad.
Eiden —Tu dinero o el de tu marido.
Ella borró la sonrisa, de su perfecto rostro, de la misma manera la borro el día que supe que era la amante del profesor al cual había golpeado y por el cual pierdo mi carrera. Ese día se vinieron abajo las pocas esperanzas que tenía hacia las mujeres.
Adara —Aún sigues resentido por eso, aún sientes cosas por mí.
Solté una carcajada, por el cinismo de esta mujer.
Eiden —Sentir cosas por ti, no me hagas reír, jamás estuve enamorado de ti, no sé el significado de esa palabra y lo supe el día que me enteré de tus engaños, solo era admiración por el supuesto esfuerzo que ponías para superarte, esfuerzo que hacías en la cama de los profesores y alumnos destacados.
Su rostro se endureció y se paró con firmeza.
Adara —En eso tienes razón, me gustaba divertirme y obtener las cosas fáciles y contigo fue muy sencillo, eras demasiado vulnerable, siempre sufriendo por la muerte de tu madre y el desprecio de tu padre.
Ella sabía dónde dar, pero yo era más letal.
Eiden — Y tú, una pobre chica, que mendigaba afecto y vendía su cuerpo por lujos y buenas calificaciones.
Ella estaba por contestar cuando su esposo apareció y se puso a su lado.
Erick —Todo bien, amor.
Después del desastre con el profesor Marx, fue expulsada, sin apoyo ni nada perdió a su bebé. Ya no supe nada de ella, hasta que en un periódico se anunciaba su compromiso con un viejo empresario y actual esposo.
Adara —Si amor, solo...
No la dejo terminar
Eiden —Tropecé con ella y le estaba pidiendo disculpas, señora, una disculpa y con permiso.
Deje a la pareja y me aleje de ellos, no me interesaba escuchar más, no era que me afectaran nada por su estilo, era cierto lo que le había dicho. Jamás la amé, no sé qué es eso, solo sentía lástima por ella.
Seguí caminando por todo el salón hasta que encontré a mi tío. Al lado de él estaba una mujer de cabellos rojos como cerveza. Sentí un pinchazo en el corazón cuando la mujer movió la cabeza y pude ver el lunar en forma de corazón que tenía en la espalda. No podía ser ella, tenía que ser otra mujer.
Pero como era eso posible, no creo que allá dos mujeres con el mismo lunar y en el mismo lugar. Caminé para saludar cuando confirmé que era, ella era Alexandra. Estaba muy hermosa, llevaba un vestido color verde esmeralda, con un escote cerrado, descubierto de la espalda y con una ligera caída hasta los tobillos. La abertura en que tenía hasta la mitad dejaba ver su tonificada pierna. El toque para verse perfecta era su ligero maquillaje, pero sus labios rojos hacían que se antojara sus deliciosos labios.
Eiden —Buenas noches.
Fausto —Sobrino, qué gusto que vinieras.
Eiden —Fausto, señorita Brown, un gusto volverla a encontrar.
Alexandra —Señor Smith.
Ella me saludó muy formal y distante, no sabía qué hacía aquí con mi tío, pero lo iba a averiguar, después de eso la sacaría de este lugar.
Fausto —Bueno, sobrino, te dejamos, vamos a seguir saludando a los demás invitados.
Fausto tomó a Alexandra de la cintura para que caminara, y yo deseaba arrancar de golpe esa mano de su cintura.
Los estuve observando hasta que tuve la oportunidad de que ella se quedara sola y ahí fue donde me acerqué a ella. La tomé del brazo y salí del lugar antes de que mi tío nos viera.
Alexandra.
Voy saliendo del baño cuando siento que alguien me tapa la boca, me arrastra por un pasillo hasta y me saca por una pequeña puerta.
Forcejeo desesperada intentando zafarme del agarre del sujeto, pero es obvio que es mucho más fuerte que yo.
Todo mi ser se comienza a llenar de miedo cuando soy arrojada en una camioneta negra. No puedo ver al sujeto porque estamos en un callejón oscuro, hasta que escucho su voz al momento en que le indica al chófer que arranque.
Alexandra —¿Eiden? Pero, ¿qué te pasa?
Eiden —Solo te hago un favor. Tu cara reflejaba aburrimiento.
Alexandra —¿Con qué derecho te sientes al sacarme de esa manera de la subasta?... detén la camioneta.
Traté de abrir la camioneta, pero él me jaló hacia él impidiendo que tomara la manija.
Alexandra —Que detengas la maldita camioneta con un carajo.
Eiden —No tienes por qué gritar.
Alexandra —Y tú no tenías que actuar de esa manera.
Me separé de él y crucé los brazos, sabía que no iba a hacer posible bajar de esta maldita camioneta.
Alexandra —Quiero que regreses a la subasta, necesito estar ahí.
Eiden —Ni loco te devuelvo a ese lugar, donde mi tío se estaba dando el lujo de pasearte como si fueras de su propiedad.
Alexandra —Eso no era lo que estaba haciendo, me estaba presentando a sus amigos y socios como la organizadora del catering.
Eiden —Eso no parecía, por eso te saqué de ese lugar donde más de uno te comía con la mirada.
Alexandra —Y a ti qué te importa
¿Sí me comían o no?
Eiden —Entonces lo estabas disfrutando, disfrutabas ser el centro de atención.
Inhalé lo más que pude de aire y lo dejé salir.
Alexandra —Dejemos de discutir, solo llévame de nuevo a la subasta.
Le dije, en modo de súplica, estaba fastidiada de sus actos. Pero no pensé que haría lo que hizo.
Me tomo de las caderas y me sentó en sus piernas, apretó un botón el cual subió un vidrio para darnos más privacidad.
Eiden —Eso es lo que quieres.
Dijo mientras pasaba su nariz por mi cuello y sus suaves manos acariciaban mi espalda.
Eiden —Podemos ir a mi departamento y adelantar la noche.
Comenzó a besar mi cuello hasta llegar a mi boca, la cual devoró con desespero.
Eiden —Vamos, Alexandra, ven conmigo.
Alexandra —Tenemos un trato.
Le dije mientras, seguía besando mi cuello, ese acto me excitaba en demasía.
Eiden —Olvídate de eso, además solo estaríamos adelantando lo que va a pasar.
Argumentó mientras subía su mano hasta mi tanga y hacía círculos que provocaban que me humedecí.
Mientras hacía eso, volvió a darme un beso apasionado. Le correspondí el beso de la misma forma. Me dirán que estoy loca y que no le siguiera el juego, lo malo es que yo también quiero jugar.
Alexandra —Está bien, vamos.
Él sonrió con satisfacción, bajó el vidrio y se dirigió a su chófer.
Eiden —A mi departamento.
El hombre solo asintió y siguió manejando. Eiden no dejó que me bajara de sus piernas, solo acariciaba mi espalda mientras su cabeza la recarga en mi pecho.
Ya en esa posición comenzar a acariciar su cabello, era chistoso porque quien nos viera diría que somos una pareja que está muy enamorada, lo cual no es el caso.
No, él no quiere una relación y yo no me quiero enamorar y perder el corazón en algo que nunca tendría futuro.