—¿Ya lo sabes? —pregunto divertida. —Toda la empresa lo sabe, cariño —responde, y me da un beso en los labios—. Estoy tan orgulloso de ti —murmura, y sonrío mientras lo abrazo y nos besamos. En ese momento, noto que alguien nos está mirando. Cuando me giro, veo que es Cristina. No puedo creerlo, nos acaba de ver. Puedo ver la decepción en sus ojos mientras se va corriendo. Cuando estoy a punto de alcanzarla, Leonardo me detiene. —Creo que no es el momento —murmura, y suspiro. Mis ojos se llenan de lágrimas. Siento que lo que estaba roto, ahora está más roto que nunca. Cuando llego a casa por la noche, intento enviarle mensajes a Cristina, pero al parecer me ha bloqueado. Me siento triste y mi corazón se llena de pesar. Ella no me dio la oportunidad de explicar que todo sucedió sin quer

