—Tienes que comer —insiste, acercándose con un plato de carne cortada en pequeños trozos. No puedo evitar reír. Toma el tenedor, pincha un trozo de carne y lo acerca a mi boca. —Abre la boca —dice como si fuera un bebé, y me río. —Eres un tonto —comento, y abro la boca para que me dé el trozo de carne. Me alimenta como si fuera una niña. No puedo creer lo tierno que es. Cuando termino de comer, él me observa. —¿Quieres que te lleve a la cama? —pregunta. —Puedo caminar —digo. Él se ríe. —Pero sería tierno llevarte a la cama —murmura bajando la cabeza, y puedo ver que sus mejillas se vuelven rojas. —¿Estás avergonzado? —pregunto. Él se encoge de hombros. —Quizás un poco —dice, y me río. Le doy un beso en los labios, sintiéndome muy especial a su lado. Pronto nos damos cuenta de q

