Al llegar a casa lo primero que hago es buscar a mis amores, se me hace un poco extraño no encontrarlos en la cocina ayudando a mi madre a preparar la cena.
Con pasos firmes camino hacia la escalera, pero antes de posar el pie sobre el primer escalón escucho risas que provienen de la sala de cine. Al llegar puedo ver que la familia en pleno se encuentra viendo la caricatura de Intensamente. Los más pequeños ríen ante las ocurrencias de los personajes, al igual que los más grandes.
—Esto no se vale. _niego con leves movimientos de cabeza mientras me acerco más a ellos—. No pueden empezar sin mí, me siento traicionado.
—¡Papi! —gritan mis tres tesoros al unísono corriendo en mi dirección para estréchalos en un fuerte abrazo.
—¿Cómo se han portado? —interrogo dándoles un beso a cada uno en la frente.
—Papi nos fue a buscar porque la abuela…
Mi pequeña Dana es interrumpida por su hermano quien toma la palabra.
—Recuerda que la abuela estaba acompañando a madre a comprar, por eso no pudo ir por nosotros.
—Cierto, no lo recordaba, pero no importa. —se encoge de hombros tomando mi mano—. Papi vamos a terminar de ver la comiquita y luego vamos a cenar
Sin refutar tomo asiento junto a mis pequeños mientras los demás comen palomitas de maíz sin decir palabra alguna
«Sé que me ocultan algo, pero luego indagaré en el tema y sé a quien le voy a preguntar»
Cuando la comiquita finaliza los pequeños son los primeros en salir corriendo para ir a lavarse las manos y esperar en el comedor. Yara y Enzo se adelantan a la cocina y mi madre se queda a mi lado tomando mi brazo.
—hijo, tenemos que hablar. —dice con voz entrecortada—, pero seráluego, no quiero empañar la maravillosa noche y la cena que preparamos yara y yo en compañía de los niños.
—Está bien madre. —asiento con resignación pensando que no tendré que recurrir a otra persona para que me explique lo que está sucediendo—. Espero que seas sincera y no me sigas ocultando lo que tanto te agobia.
La veo asentir con un leve movimiento y entramos al comedor donde ya se encuentra la mesa servida, solo faltando la presencia de mi madre y mía.
La cena transcurre con normalidad, entre risas y anécdotas de mis tesoros contando lo que hicieron durante el día disfrutamos del delicioso platillo. Al finalizar soy yo quien se ofrece para lavar los platos.
Estando solo puedo pensar con claridad lo que viví durante mi estadía en Nueva York. No voy a negar que la noche llena de pasión vivida junto a mi remolacha nunca la voy a olvidar. Hasta dormido no he dejado de pensar e ella, esa mujer se ha colado en mis pensamientos de una forma que ni yo mismo se explicar
No dejo de repetirme que entre ella y yo no puede haber nada, es casada y prohibida para mi lo único que tengo que hacer de ahora en adelante es seguir con mis proyectos y compartir con mi familia
—¿Qué te tiene tan pensativo padre? —escucho la voz de Enzo a mi lado
—Es estrés por el trabajo hijo —termino de secar lo platos—. Sabes que el viaje me dejó completamente agotado y no tuve descanso.
—Eso lo sé, pero no puedes negar que después de ese viaje viniste totalmente diferente. —posa su mano sobre mi hombro—. Si quieres hablarlo aquí estaré para escucharte
—Está bien hijo, no te preocupes por mí mejor vamos a dormir que mañana nos espera un día fuerte.
Así cada quien se fue a sus respectivas habitaciones, pero antes de dirigirme a la mía pasé por las habitaciones de mis pequeños. Dejo un beso en cada una de sus frentes y termino de arroparlos. Camino en dirección a la puerta y la cierro para ir hasta mi habitación y darme una larga y relajante ducha.
***
A la mañana siguiente me levanto más temprano que de costumbre. Soy el primero en llegar a la cocina y preparo el desayuno para todos. Una vez tengo la mesa servida, tomo asiento en el puesto de siempre a la espera del resto de la familia. Mi madre es la primera en llegar y se sorprende al ver que todo se encuentra listo.
—Parece que alguien se cayó de la cama. —esboza una gran sonrisa caminando en mi dirección para llenarme de besos—. Por la cara que traes creo que no pudiste pegar un ojo en toda la noche.
—Tienes razón madre, pero no es nada que no tenga solución. —tomo su mano dejando un beso en el dorso—. Mejor ven a sentarte y esperemos a que lleguen los demás.
Cuando todos estamos sentados en la mesa no se hacen esperar los comentarios de los pequeños refiriéndose a lo delicioso que quedó todo y del milagro de ser yo quien lo haya preparado. Las risas no se hicieron esperar a causa de sus comentarios. Al terminar cada quien toma su camino y esta vez me fui directo a la universidad para dar las clases queme corresponden en horas de la mañana.
Al llegar al estacionamiento me quedo en el interior con la vista fija a la nada. De repente en mi campo de visión aparece una melena rojiza y es por eso que me pongo en alerta y salgo del auto cerrando apresurado y corriendo detrás de ella.
Son pocos los metros que me separan de ella y por eso apresuro el paso, sin pensar en más nada la tomo por el hombro para girarla y quedar frente a frente. Mis ojos se abren como platos al darme cuenta de que la mujer que tanto esperaba ver se encuentra finalmente frente a mí. Sin querer separarme de ella por impulso uno sus labios a los míos en un tierno, pero desesperado beso, el cual ella no corresponde en ningún momento, sino que hace todo lo contrario. Muerde mi labio inferior con tanta fuerza que siento el sabor cobre en mis labios.
—¿Qué cree que hace? —alza la mano para estamparme una fuerte cachetada haciendo que vea estrellas de todos los colores—. Es un abusador, pervertido, viejo verde.
Y sin mirar atrás me deja totalmente desconcertado.