«Desesperada»
«Angustiada»
«Muerta de miedo», ya no sé ni que estoy experimentando en este momento, ver a la abuela tirada en el suelo completamente inconsciente me lleva al borde de la locura.
«¡Dios que hago!»
Me levanto y lo primero que se me viene a la mente es ir a buscar el teléfono y llamar una ambulancia, después que le indico la dirección y cuelgo la llamada le marco a Enzo
Como puedo le explico lo que está sucediendo entre sollozos. Solo escucho que me tranquilice y manténgala calma, que el se encarga de buscar a los niños y todo lo demás. Antes de colgar la llamada me dice que apenas llegue a la clínica, le avise, pero que no llame a Frederick porque la abuela no estaría de acuerdo.
Busco un cojín para colocarlo debajo de su cabeza mientras esperamos a que lleguen los paramédicos. Al cabo de unos minutos escucho la sirena y eso me confirma que ya se encuentran aquí. Me levanto para recibirlos y en menos de lo que esperaba ya nos encontramos de camino a la clínica.
Al llegar en el área de emergencia se encuentra un grupo de médicos y enfermeras quienes no pierden tiempo en atenderla apena la bajan de la ambulancia, por todo el camino le brindaron los primeros auxilios.
Afortunadamente, se encuentra estable según palabras textuales de uno de los paramédicos. En la sala de espera camino de un lado a otro sintiendo impotencia por no haber podido ayudado más.
«Frederick tiene que saber lo que pasa con su madre»
Camino de un lado a otro, muerta de nervios, los médicos no salen para dar información sobre su estado de salud y eso me llena de ansiedad.
—Amor. —volteo para encontrarme a Enzo, quien viene caminando a grandes zancadas hasta llegar a mi lado—. ¿Qué fue lo que pasó?
—No lo sé, ella..., ella. —rompo en sollozos sin poder articular una frase completa
—Necesito que te calmes para que me puedas explicar —acuna mi rostro entre sus manos dejando un tierno beso en mis labios—. Ahora sí, cuéntame que fue lo que sucedió.
Caminamos hasta sentarnos en la sala de espera y comienzo a relatar los hechos, desde que me llevó el té hasta cuando la encontré tirada en la sala. Mi esposo deja suaves masajes en la espalda para tranquilizarme, cosa que le agradezco además de su presencia. De estar sola ya me hubiera dado un colapso y también me encontraría en emergencia
Le pregunto por los niños a lo que responde que se encuentran bien y no debo preocuparme. Mientras esperamos le insisto en que debe llamar a su padre y decirle lo que está sucediendo, pero igual que la abuela es terco y se niega a llamarlo para ponerlo al tanto.
Al poco rato las puertas se abren para darle paso al médico que la recibió al llegar. Se acerca a nosotros para darnos noticias sobre su estado y doy un gran suspiro de alivio al escuchar que se encuentra estable y fuera de peligro.
Nos explica que tuvo un conato de infarto y que debemos tomar cartas en el asunto desde ya antes de que la situación empeore. Le pedimos verla y este en respuesta dice que debemos esperar a que la pasen a una habitación.
Rato después, nos busca una enfermera para guiarnos hasta la habitación donde se encuentra la abuela. Al entrar lo primero que hace es regalarnos una hermosa sonrisa acompañada de una advertencia.
—Abuela, no podemos seguir así. —reprocho poniendo las manos en jarra—. Casi me muero del susto.
—Ya ves que no fue nada grave. —tiende su mano para que camine en su dirección—. Como te había dicho, son achaques y la vejez no viene sola, cariño.
—Te entendemos abuela, pero debes contarle a papá. No dejes esta carga sobre nuestros hombros, por favor. —súplica con la mirada—. ¿Sabes cómo se va a poner si se entera por una tercera persona?
—Está bien hijo, ya encontraré el momento adecuado. Por lo pronto quiero saber a qué hora del demonio me voy a ir a casa. Los hospitales me enferman.
Enzo y yo solo negamos con un leve movimiento de cabeza. Luego de las indicaciones del médico, ahora nos encontramos de regreso a casa. Mientras vamos de camino, Enzo recibe una llamada de su padre. Pon un instante nuestras miradas se cruzan y o veo suspirar para decirle que no fue a la empresa porque tuvo que ir a una reunión con un cliente de última hora. Al parecer le creyó porque la llamada no demoró mucho.
Cuando estamos finalmente en casa, lo primero que hago es obligar a la abuela a ir a darse una ducha y quedarse recostada mientras me encargo de preparar la cena. Enzo va a buscar a los niños y todo regresa a la normalidad.
«Solo espero no volver a pasar por esto nuevamente»
Frederick
Las horas de clases se pasaron en un abrir y cerrar de ojos, la mañana fue totalmente productiva. Dejé las asignaciones para las próximas clases y ahora me encuentro camino a la empresa.
Al llegar se me hace extraño no encontrar a Enzo en su oficina, frunzo el ceño porque se me hace extraño que no se encuentre en su lugar de trabajo. Saco mi celular y le marco para saber si pasó algo y yo no estaba enterado.
Al segundo repique escucho su voz al otro lado de la línea confirmando que todo se encuentra bien, me explica que tuvo que salir a una reunión de última hora sintiendo un gran alivio por sus palabras.
Camino hasta mi oficina para poner manos a la obra sumergiéndome entre un mar de documentos Esta extraña sensación que presagiaba un mal presentimiento no termina de desaparecer aún escuchando sus palabras de mi hijo
Dejo esos pensamientos negativos a un lado, no queriendo darle importancia a algo que en realidad no es real.
El tiempo pasa entre revisar contratos, atender llamadas y revisar uno que otro correo. Cuando me doy cuenta de la hora decido dejar todo para marcharme a mi hogar a descansar para volver a la rutina que tendré de ahora en adelante.