Salir de casa fue un completo desastre. Las mellizas querían que las llevara a la escuela y no podía porque tenía el tiempo justo para llegar a la universidad, contando con no encontrar algún accidentado o embotellamiento en el camino Ethan con su mal genio, solo se cruzó de brazos a la espera de qué decisión se iba a tomar y ver finalmente quien los iba a llevar a la escuela.
Finamente, no tuve más remedio que ser quien los llevara, me gané que mi hijo y nuera prácticamente me mataran con la mirada, pero que le vamos a hacer
Ahora me encuentro de camino a la escuela con los tres terremotos sentados en la parte trasera del carro. Agradezco al cielo que el camino se encontraba despejado para llegar a tiempo.
Estaciono el auto justo frente a la entrada de la escuela y bajo para abrir la puerta y mis tesoros bajen uno a uno del auto. A las princesas las despido con la bendición y un beso en sus frentes, estas inmediatamente salen corriendo ingresando a la escuela donde las recibe su profesora.
Ethan, por su parte, solo niega con leves movimientos de cabeza cruzando sus manos a la altura de su pecho.
—Abuelo, es malo lo que haces al consentir tanto a mis hermanas. —reprocha mirándome directamente a los ojos—. Debes ser más estricto con ellas.
—Lo hago porque los amo. —revuelvo sus cabellos—. ¿Sabes?, necesitamos tener una conversación seria jovencito,
—Yo no he hecho nada malo abuelo —levanta las manos a modo de rendición— Sabes que no soy un niño que moleste y que.
No lo dejo hablar porque lo interrumpo, sé que es un niño ejemplar, pero lo que tengo que hablar con él es referente a su forma de comportarse.
—Eso lo sé campeón, pero es sobre otro tema y es mejor tratarlo en casa, no te preocupes que no es nada malo, ¿de acuerdo?
—Está bien abuelo, ahora sí me despido, ya debo entrar porque no quiero llegar tarde. —tiende su mano para despedirnos y lo veo entrar con pasos firmes al interior del colegio.
Cuando lo veo perderse entre la multitud de estudiantes giro para ingresar a mi auto y cumplir con las actividades del día.
Pocos minutos después me encuentro entrando al estacionamiento de la universidad. Al bajar me encuentro con el decano, que al verme no duda en acercarse para saludar.
—Bienvenido Frederick. —tiende su mano para estrecharla—. Es un placer volver a tenerte nuevamente por estos lares.
—El placer es todo mío decano Adams.
Caminamos por los pasillos conversando sobre los nuevos planes de estudio que se han impuesto este nuevo año. Me pone al tanto de una serie de cambios que se van a llevar a cabo. Nos quedamos parados en la entrada del edificio en el cual el dirige, pero algo llama mi atención y por un instante dejo de escuchar lo que me dice.
Mi vista sigue una melena rojiza, pero esta se pierde entre la multitud de estudiantes que se encuentran transitando de un lado a otro para ir a sus clases.
—¿Estás bien Frederick? —interroga el decano enarcando una ceja.
—No es nada, es que creí ver a alguien conocido, pero no se preocupe. —estrecho su mano para despedirme porque debo ir en busca del nuevo horario de clases—. Luego nos tomamos un café y conversamos sobre el proyecto.
Me despido del hombre para seguir mi camino. Al llegar a mi destino busco el horario de clases que me corresponde dar por este semestre y con pasos firmes voy al aula de clases que me corresponde para comenzar a impartir la clase.
Al ingresar me sorprendo porque la mayoría de mis alumnos ya son hombres y mujeres, hechos y derechos. Agradezco no tener que lidiar con jóvenes.
Al entrar les doy una cordial bienvenida y la respectiva presentación. Esto me hace volver al pasado donde conocí a Yara y de solo recordar una sonrisa se dibuja en mis labios.
Escucho los cuchicheos de mis nuevos alumnos y sé que deben pensar que me estoy volviendo loco o simplemente recordando alguna anécdota.
Sin tiempo que perder le doy inicio a la clase, disfrutando de una de las cosas que tanto amo hacer.
Yara
Todo este tiempo me he sentido satisfecha con lo que hemos logrado en el transcurso de estos años. En este hogar tengo el amor incondicional de mi familia y no tengo queja alguna. Simplemente, soy feliz con todo lo que me rodea He crecido como madre, esposa, mujer, profesional. Es algo que me llena de satisfacción
Sé que no soy la protagonista de esta maravillosa historia, pero estaré presente en algunos capítulos, unos que son muy importantes, en donde esta vez me toca lidiar con muchas situaciones y ocultar algunas cosas que sé que por mucho tiempo no podrán mantenerse así.
Salgo de mis pensamientos al escuchar la voz de mi querida abuela Sol.
—Cariño, creo que debes tomarte un descanso. —se acerca para dejar una taza de té sobre el escritorio.
—En este momento no puedo abuela, sabes que este nuevo proyecto es muy importante y debemos tener todo al día. —le regalo una gran sonrisa tomando la taza tomando un sorbo de este delicioso té de manzanilla y limonaria—. Está muy delicioso.
—Bueno, no abuses, porque luego te enfermas y tienes tres tesoros por los cuales luchar. —toma asiento en la silla frente a mi escritorio.
—Abuela, recuerda que debes hacerte los estudios. —cierro la laptop pare centrar mi atención en ella—. Sabes que ese malestar no hay que dejarlo pasar y es importante ponerle atención desde ahora.
—Eso no es nada, sabes que la vejez no llega sola. —se encoge de hombros restando importancia al asunto, pero yo no estoy de acuerdo en su manera de ver las cosas.
—Sí tú lo dices, no puedo discutir lo contrario.
Conversamos un rato más y luego se retira para tomar una siesta mientras me sumerjo entre más papeles y poder tener todo al día para la junta de mañana.
Las horas pasan sin darme cuenta de la hora. Cuando me sumerjo en el trabajo me concentro tanto que pierdo la noción del tiempo. Guardo las cosas para ir a buscar a los niños y llevarlos a almorzar
Salgo corriendo de la casa para subir al auto, pero antes de salir algo llama mi atención y regreso para encontrarme en la sala a la abuela Sol tirada en el suelo completamente inconsciente.
«¡Demonios no!»