Capítulo 12
— Aquí llega el angelito de la casa…
Mamá arrastró la silla de ruedas de mi hermano.
— ¿Cómo amaneciste, Peque?
Pregunté, acariciando su cabeza.
— Bien… — la voz de mi hermano estaba algo rasposa — Aunque sigo con sueño…
— Oh… peque…
— ¿Esta tarde qué tienes que hacer?
Preguntó mamá de pronto.
— Tengo clases de violín
Le recordé. Odiaba tocar el violín, realmente no era algo que me gustase. No tenía talento alguno para la música, apenas y lograba tocar un par de notas, no pasaba más allá de las canciones básicas como el “Cumpleaños Feliz”, mamá me obligaba a tocar esa canción en todos sus cumpleaños, era la única canción que me salía perfectamente bien. Además, siempre terminaba con los dedos adoloridos y un fuerte dolor de cabeza. Para rematar, la maestra me daba fuertes golpes en la espalda con una vara, al estilo antiguo supongo. Ahora que lo pienso, mi vida estaba repleta de mujeres con horrible carácter.
— Oh… de acuerdo… — mamá dejó su taza de café a un lado — Quería que te quedaras en casa así podía ir a hacer unas diligencias — la miré atenta, realmente quería que me pidiera que me quede en casa y así no tener que ir a las clases de violín — Pero mejor vas a distraerte un poco… — acarició mi rostro, me estremecí — Hemos pasado una horrible noche, las dos, y nos merecemos un descanso…
— Sí…
— Eres muy valiente Maddy, tú solita pudiste lidiar con todo… — mamá volvió a tomar su taza de café — Estoy muy orgullosa en la señorita en la que te estás convirtiendo
— Gracias…
No, no me sentía feliz por sus halagos, porque sabía que eran palabras vacías. La noche de la recaída de Eddy, mi madre me gritó que me odiaba y que era una inútil, ahora me decía toda esa mierda solo para estar tranquila con su consciencia. Sin embargo, como ya te mencioné, quería desesperadamente el afecto de mi madre, así que aceptaba sus migajas con una sonrisa en el rostro. Mamá solo me trataba con cariño cuando sabía que se había equivocado a ese extremo. Mamá no era una buena madre…
— Bueno… — mamá dejó de acariciar mi rostro, fue un alivio — Apresúrate que tienes que irte a la escuela — asentí — Y te recuerdo que no has hecho la limpieza en estos días, así que cuando regrese a casa quiero encontrar los baños limpios… ¿De acuerdo?
— Sí mamá…
— Bien… — mamá volvió a su rostro severo — Porque de lo contrario no saldrás este sábado
— Sí mamá…
— Bien… — me miró — ¿Qué esperas? ¡Ya vete!
— ¡Sí…!
Me apresuré a tomar mi mochila. Mamá podía pasar de ser una dulce mujer a una loca histérica en cuestión de segundos, así que lo mejor era huir cuando ella misma te daba la oportunidad. Salí de casa y comencé mi travesía hacia la caseta de seguridad, iba cantando en voz baja una canción de Simple Plan. Sus canciones me gustaban mucho, hasta el día de hoy me siguen gustando, si algún día necesitas de una ayudita para subirte el ánimo, escucha Simple Plan. Sus canciones me acompañaron en mi adolescencia, las usaba como fondo musical para casi todo lo que hacía, como cocinar, lavar los platos, limpiar la casa, y escribir las tareas para el curso de Escritura Creativa. Me había dado cuenta que lograba escribir, es decir, me sentía más inspirada, cuando tenía una buena canción sonando en mis oídos. Solía poner sus canciones más alegres cuando quería escribir algo alegre, sus baladas cuando quería escribir algo triste, sus canciones más duras para escenas fuertes. De todos los cursos que estaba llevando ese año, Escritura Creativa era de los que más me gustaba y ese día en particular tendría ese curso, teníamos que entregar un cuento y esperaba que el mío gustase. Había escrito acerca de una adolescente que vivía con su horrible madre que la maltrataba constantemente. En mi historia, la protagonista necesitaba ayuda para salir de ese hoyo, pero más que nada, necesitaba hallar su fuerza interior para lograr escapar de las garras de su abusiva madre. Ella tenía una mejor amiga, pero poco podía hacer, pues la protagonista vivía en un miedo constante. También tenía un mejor amigo, pero del mismo modo, poco podía hacer si la protagonista no hacía algo para salir de ese lugar. Entonces, aparecía un príncipe azul, pero no para salvarla, sino para darle una motivación por la cual querer dejar de ser una persona maltratada. Este príncipe le enseñaba, le daba las herramientas para poder salir adelante lejos de la mano opresora de su progenitora… y lo logra… ¿Quién diría que ese pequeño cuento después se convertiría en un excito comercial y que vendería millones de copias y que ahora estaría firmando un contrato para filmar la serie en Netflix?
— ¡Maddy!
Escuché, seguido del sonido de un claxon.
— No puede ser…
Susurré, parpadeando varias veces para comprobar que no estaba soñando, pero era verdad. Un viejo Rambler verde estaba estacionado a un lado de la calle y a su lado estaba Nathaniel Jones con el uniforme bien puesto y el cabello peinado hacia atrás. No podía creerlo, no podía salir de mi asombro. Este chico tenía que hacerse un viaje de casi una hora para venir a la escuela ¡Y llegaba temprano! Y que haya estado ahí, esperándome, significaba que había salido de casa muy temprano en la mañana. No podía creerlo, pero era feliz, me sentía feliz, jamás nadie, nunca, había hecho algo así por mí…
— Hola…
Caminó hacia mí.
— Ho… hola…
Nos miramos fijamente, él me sonrió y yo le devolví el gesto.
— ¿Te ayudo?
Señaló mi mochila.
— Eh… sí… claro…
Le entregué mi mochila.
— Vamos…
Me indicó, guiándome hacia su auto.
— Ah… — me abroché el cinturón de seguridad — ¿Hace cuanto que estás esperando?
— No mucho, llegué y a los pocos minutos apareciste
— ¿Y por qué…?
— ¿Por qué, qué cosa?
Puso en marcha el auto.
— ¿Por qué has venido a recogerme?
— Porque quería hacerlo
— Ah…
Fue lo único que dije.
— ¿Cómo está tu hermanito?
— De buen humor — contesté, jugueteando con la correa de mi mochila — Se siente bien… supongo que es la ventaja de ser pequeño
— Esa es una de las ventajas de ser pequeño
— Sí…
Seguí jugueteando con las correas de mi mochila. El momento me parecía tan surrealista. Ya sé que a cada rato digo que no podía creer lo que sucedía, pero es que, para mi yo de quince años, todo esto era nuevo. Jamás había tenido novio, jamás me habían tomado de la mano, besado o recogido de mi casa para irnos a la escuela ¡Jamás! Todo era nuevo para mí. Al comenzar el año escolar ni siquiera me interesaba el tema de tener novio ¡Pero en ese momento estaba empezando a querer tener uno! Porque técnicamente Nate no era mi novio, en ese momento no sabía qué éramos a ciencia cierta. Sabía que le gustaba, ya me había besado dos veces y me estaba preparando mentalmente para el tercer beso, pero no sabía si eso significaba que era mi novio o si solo éramos dos personas que se gustaban y se daban besos ¡No lo sabía! Así que, por todo eso y más, no podía creer nada de lo que estaba sucediendo.
— Hoy no estás nerviosa
— No… — confesé, intentando sonreír — No me siento nerviosa…
— Es bueno oír eso…
Nate acarició mi cabeza como si fuera un perrito, eso sí me hizo sonreír de verdad.
— Y gracias por venir a recogerme…
Entramos en los terrenos de la escuela.
— Fue un placer
— Sí… bueno… eh… — de pronto me puse nerviosa — Tengo clases, así que…
Abrí la puerta del auto.
— Maddy…
Me detuve.
— ¿Qué…?
Nos miramos fijamente.
— Tenemos la misma clase ¿Recuerdas?
Era cierto, teníamos Biología juntos.
— Cierto…
Nate soltó otra risita, tomando su mochila del asiento trasero y saliendo del auto. Rodeó el auto a toda velocidad, abrió mi puerta y me tendió la mano. Me quedé quieta por unos instantes sin saber qué hacer ¡Es que realmente no sabía qué hacer! Te recuerdo que nunca tuve novio o algo parecido. Finalmente, tomé su mano y salí del auto. Me sentía rara, ahí en el estacionamiento de la escuela, a la mira del resto de la población estudiantil que veía a este chico guapo tomarme de la mano. Él no era mi novio, ni siquiera podía decir que era mi amigo, así que le solté la mano y me aferré a mi mochila con fuerza.
— ¿Vamos?
— Sí…
Contesté en un susurro.
— ¿Después de clases harás algo?
— Tengo clase de violín
— Oh… sabes tocar el violín
— No realmente — confesé, estábamos caminando por los pasillos de la escuela, me sentía como si de pronto me hubiese convertido en un ente alienígena o algo así, porque sentía como si de pronto todos en la escuela me estuviesen mirando — La verdad es que no me gusta tocar el violín
— ¿Entonces por qué tomas clases?
El chico nuevo me miró con confusión.
— Porque…
No sabía qué contestarle ¿Qué le podía decir? ¿Qué mi madre estaba loca y que quería presumirme ante sus amigas? ¿Que la única razón por la que llevo tantas actividades extracurriculares era porque mi madre me decía que debía de tener un historial académico interesante, créditos extra hasta para compartir y que solo así las universidades se interesarían en mí? No quería decirle nada de eso, en serio que no quería.
— ¡Nate! — Lucy y Ariadna aparecieron de pronto — Justo a ti te estaba buscando
— Hola, claro… ¿Qué pasó?
— Mañana iremos al Under 18 por el cumpleaños de Ari… — contestó Lucy, sonriéndole de forma coqueta y engarfiando su brazo al de Nate — ¿Quieres ir? — preguntó — Todos iremos — con “Todos” se refería al grupo de populares — Vamos, sí…
— Puede ser… — contestó, retirando su brazo de las garras de Lucy — ¿Quieres ir?
— ¿Eh…?
Le miré, se estaba dirigiendo a mí.
— Mañana, al Under 18 con nosotros
— Ah… pues… — miré a Nate y de ahí a las chicas, ellas me miraban con confusión — Pues… yo…
— Madeleine nunca va al Under 18
Habló Ariadna, mirándome fijamente.
— Sí va, fue la semana pasada — entonces Nate acarició mi cabeza como perrito, delante de las dos chicas populares — ¿Qué dices?
— Es que… yo… — me estaba poniendo muy nerviosa por enésima vez en su presencia — No creo que pueda… — bajé la mirada — Pero no te detengas por mí, ve con Lucy… — Nate me miró con confusión, mi corazón comenzó a latir a toda velocidad — Eh… les dejo, tengo clases
— Nos vemos Maddy
Lucy me sonrió, abrazándose al brazo de Nate, quien me miró con la confusión escrita por todo el rostro. No dije nada más, me aferré a las correas de mi mochila y caminé hacia el laboratorio de biología. Me sentía incómoda y avergonzada ¡Lucy Fallon le había coqueteado! Y él ni se había inmutado ¡No hizo ningún gesto! Si había una prueba para comprobar que todo lo que había ocurrido en las últimas semanas era cierto, había sido ese momento ¡No podía creerlo! Lucy Fallon era considerada una de las chicas más guapas de la escuela ¡Hasta yo la consideraba extremadamente guapa! Tenía lindo cuerpo, un cabello de infarto y sabía cómo coquetear ¿Cómo era posible que Nathaniel Johns, el guapísimo chico nuevo, me prefiriera a mí en vez de a ella? No podía evitar sonreír, realmente me hacía sentir más optimista y feliz, más confiada en mí misma.
— ¿Por qué te fuiste de esa forma?
Preguntó Nate, sentándose a mi lado.
— Ah… porque… pues…
Pero repito, tal como te vengo repitiendo en los capítulos pasados, yo era una muy insegura adolescente de quince años.
— Para mí eres más bonita que Lucy… — soltó de pronto, acariciando mi cabeza como si fuese un perrito y sonriéndome — No dejes que te hagan sentir insegura contigo misma
No sabía qué contestar a ello ¡No sabía qué contestar a ello! Mi madre siempre hablaba de las apariencias de las hijas de sus amigas, siempre decía que mi apariencia no era como el de ellas, siempre me hacía sentir como si no fuese suficiente para nadie, haciéndome sentir mal conmigo misma, haciéndome sentir horrible, como una vaca. Pero ahí estaba este chico, este guapo chico de espalda ancha y cuerpo atlético, diciéndome que yo era más bonita que una de las chicas más guapas de la escuela.
— Eh… de acuerdo…
— ¿Quieres ir mañana al Under 18?
— No creo que pueda…
Volví a contestar, sintiéndome un poco más tranquila, ya no tan nerviosa.
— ¿Por qué?
— Porque realmente no voy a ese tipo de lugares — contesté — No me dan permiso para ir…
— ¿No te dan permiso?
— No… — negué con la cabeza, sacando mi libro de biología — Mamá no me dejaría ir…
— Oh…
— Sí… pero si quieres ir… — nos miramos — Puedes ir, con Lucy y los demás…
— ¿Me estás dando permiso?
Preguntó, soltando una risita.
— ¡¿Qué?! — abrí al máximo los ojos — No, por supuesto que no… — me acomodé las gafas — No tengo por qué darte permiso… es decir… ni que fueras mi novio o algo por el estilo… ni siquiera somos amigos… — me golpeé mentalmente, eso último había sido un error muy estúpido de mi parte y el rostro serio de Nate lo confirmaba — Lo siento…
— Creí que ya éramos amigos
— Lo somos — me apresuré a contestar — Pero… — bajo la cabeza — Eso no nos da ningún derecho de controlar la vida del otro… ¿Cierto?
— Cierto…
No sonrió ni hizo ningún gesto, creo que herí sus sentimientos en ese momento.
— Ey… — estiré mi mano hacia su brazo, me detuve a mitad de camino — Eh… perdón… por lo que dije… yo…
— Entiendo Maddy, no hay ningún problema
— Sí eres mi amigo… — mordí mi labio inferior, lo había arruinado todo — Lo siento…
— Te dije que no había ningún problema, deja de disculparte — me encogí en mi asiento, temblando, sus palabras sonaban muy duras — ¿Estás bien?
— ¡Sí…! — me apresuré a contestar, nerviosa — Es que… no quiero que estés enfadado conmigo y… — respiré hondo, me iba a poner a hiperventilar — No me gusta cuando la gente se enfada conmigo…
— No estoy enfadado contigo… calma… — me acarició la cabeza como un perrito — ¿Qué te han hecho como para que estés al borde de las lágrimas cuando alguien se enfada contigo?
Su rostro se veía preocupado, bajé la mirada y mordí mi labio inferior ¿Qué me habían hecho? ¿En serio quería saber qué me habían hecho? ¿Estaba preparada para contestar algo así? Tan solo hace un par de noches atrás, mi madre casi me había desnucado de una bofetada por enfadarse conmigo, así que… ¿Por qué siempre estaba a punto de llorar cuando alguien se enfadaba conmigo? ¿Por qué tenía esa reacción?
— Me da miedo… — susurré — Que se enfaden conmigo me da miedo…
— ¿Por qué…? — nos miramos fijamente, no podía contestar, me daba mucha vergüenza — Escucha… ¿Qué te parece si en vez de ir al Under 18, vamos al cine?
— ¿Qué…?
Le miré con sorpresa ¿Me estaba invitando a salir? ¿Nate John me estaba invitando a salir?
— Sí, mañana paso por tu casa a las cuatro
— ¿Mañana…?
Mi cerebro al instante recordó lo que mamá me había dicho, que debía de hacer todos mis quehaceres antes de que ella regresara o no podría salir ese sábado. Eso significaba que tendría que regresar volando de mi clase de violín y ponerme en modo Cenicienta antes de que mamá regrese del trabajo ¡Iba a ser difícil! Pero no imposible, sobre todo con la motivación de poder salir con Nathaniel Johns. Solo esperaba que mamá me permitiera salir con él… en verdad esperaba que dijera que sí…
— Sí, mañana…
Y entonces, acercó su mano a la mía, apenas rozándola. Mi corazón volvió a dar un vuelco ¡Me quería tomar de la mano! No aparté la mano, no quería, y él tampoco lo hizo. Una extraña sensación de calor emanaba de su piel, era agradable. Miré a sus verdes, me fascinaban, los suyos brillaban y quizá los míos también lo hacían, inexplicablemente me sentía feliz. En momentos como esos es que podía confirmar que todo lo que estaba ocurriendo era verdad, realmente le gustaba a Nathaniel Johns y él me gustaba a mí ¡No lo podía creer! Aunque, en ese momento, por fin estaba creyendo. Nathaniel Johns gustaba de la insegura, tímida y nerviosa de Madeleine Tucker ¿Podía ser posible? ¿De verdad podía pasar algo así? ¡¿A mí? Al parecer, sí era posible que alguien guste de otra en tan poco tiempo y sin ningún motivo en específico. Nathaniel y yo apenas y nos conocíamos, nuestro primer encuentro había sido hace unas cuantas semanas y ya habían pasado tantas cosas ¡Todo había sido tan rápido e intenso! Pero supongo que algunas cosas deben de ser de cierta forma y en nuestro caso, las cosas eran rápidas e intensas.
— Tendré que pedir permiso… — contesté, sin apartar la mirada de su rostro — Pero… me encantaría…
— Bien, me alegra que te encante
Y entonces lo hizo de nuevo, acariciarme la cabeza como si fuera un perrito, jamás creí que me llegaría a acostumbrar ese gesto y que éste me llegaría a gustar tanto. Nathaniel me dedicó una última sonrisa y yo me tuve que obligar a dejar de mirarle, pues el profesor Monk había entrado y la clase debía de dar inicio. Nuevamente acercó su mano a la mía, sobre el mesón, y ahí la dejó. Sonreí para mis adentros y agradecí a la vida el ser zurda para no tener que apartar mi mano de la suya.