¿Qué es lo que quieres hacer?

4279 Palabras
Capítulo 13 — ¿Y harán el trabajo en tu casa? Preguntó Sabrina. Ambas estábamos con nuestras charolas yendo hacia nuestra habitual mesa. Ese día solo estábamos ella y yo, Jacob había resfriado y no había ido a la escuela. — Eso parece… Contesté. — ¡Que emoción! — ¿Por qué? — ¡¿Cómo que por qué?! — Sabrina río — Vas a estar a solar, en tu casa, con el chico que se muere por ti — Él no se muere por mí, solo le gusto, mucho… — sentí mis mejillas sonrojarse — Según él — intenté reprimir mi sonrisa — Y estará Eddy — Tu hermanito no cuenta — ¿Por qué? — Porque es chiquito y él hace todo lo que tú le dices, así que no creo que le vaya a decir a tu mamá que un chico guapísimo estuvo besuqueándose en el sofá contigo por horas — ¡¿Qué?! — miré a mi amiga — ¿Quién habló de besuquear? — mi rostro se sentía extremadamente caliente — Haremos nuestro proyecto de biología sobre la reproducción humana… — ¿Y lo pondrán en práctica? — ¡Sabs! Mi amiga comenzó a reír, yo me quería desaparecer, sus palabras sí que me estaban avergonzando. — ¡Oh! ¡Vamos Maddy! — negué con la cabeza — No me vas a negar que te encantaría besuquearte con Nathaniel Johns en tu sofá — no contesté — Además, ya se han besado… dos veces — Sí, pero fueron solo eso… besos… — miré a mi amiga, mordiéndome el labio inferior, esa conversación realmente me estaba haciendo sentir incómoda — No nos besuqueamos ni nada parecido, solo fue… juntar sus labios con los míos — ¿Juntar labios? — Sabrina comenzó a reír — Vaya forma de explicarlo — ¡Es que no sé qué decir! — Pues piensa en algo, porque tu chico nuevo está caminando hacia nosotras… — ¿Qué? Y era verdad, porque Nate estaba caminando hacia nosotras. — Hola chicas — saludó — ¿Buscan mesa? — Eh… — Sí — contestó Sabrina al instante — Ya ves, toda la cafetería se llenó — Vengan conmigo, en mi mesa sobra espacio — Gracias — mi amiga sonrió — Vamos Maddy — ¿Qué crees que haces? — pregunté en un susurro — Es la mesa de los populares — Y tú besaste a uno, eso te vuelve parte de la familia — Sabrina se encogió de hombros — Y a mí me pone más cerca del sexy de Riker Mallow — Solo me estás utilizando para estar cerca del objeto de sus obsesiones Bromeé, Sabrina soltó una carcajada. — Hola a todos Fue lo único que dijo Nate, sentándose al lado de Riker quien nos miró con confusión y una ceja alzada. Era extraño que el mismo Riker me hubiese dicho, el día anterior, que éramos amigos, pero en ese momento, teniéndome delante de su mesa de chicos populares, me miraba como si fuera el bicho más raro del mundo. Miré a Sabrina, ella se sentó en una de las sillas, dejando un asiento libre al lado de Nate. No me senté, no podía, no con el chico rubio mirándome como si fuera una intrusa pese a que había dicho que éramos amigos ¡Eso dejaba en claro que solo eran palabras vacías! Quizá él sí quería burlarse de mí o de Nate por gustar de mí. — Hola chicos Lucy y Ariadna aparecieron. — Ahí me siento yo Señaló Lucy, refiriéndose a la silla al lado de Nate. — Eh… sí… disculpa — Oh… — intervino Nate — Maddy se iba a sentar ahí — Ah… pues… Lucy me miró y luego a Nate. — Ven, siéntate — pidió Nate, tomando mi bandeja — ¿Por qué sigues parada? — Yo… pues… yo… — Solo siéntate, Ratita… Pidió Riker, cruzándose de brazos y dedicándome una sonrisa burlona. — ¿Ratita? Preguntó Nate, mirándome y de vuelta a Riker. — Eso la describe muy bien Bromeó Ariadna, Lucy soltó una risita, asintiendo con la cabeza, solo atiné a mirar fijamente mi plato. — A mí no me parece un buen apodo Habló Sabrina, mirando con enojo al par de chicas. — No, está bien… — intenté reír, no quería sentirme incómoda ni hacerlos sentir incómodos — Me gusta, es un buen apodo… — ¿Ves? Riker volvió a reír, de nuevo miré mi plato y sentí la mano de Sabrina tomar la mía de forma reconfortante. La verdad es que no me agradaba mucho que me dijeran “Rata de Biblioteca”, lo sentía más como una burla que otra cosa, como cuando me llamaban “Lame culos”. Pero no me ibas a escuchar decirlo en voz alta ¿Por qué…? Porque quería agradarles. En ese entonces, hubiese soportado cualquier cosa con tal de agradar. Ahora en mi adultez veo que era una forma muy insana de hacer amigos. Uno siempre debe de ser uno mismo, poniendo límites de lo permitido, nunca dejar que te usen como objeto de burla y menos permitirlo por encajar. El almuerzo siguió su curso como si nada hubiese pasado. Los populares hablaban entre ellos, incluso Nate participaba de las charlas. Hablaban de la nueva temporada de soccer y cómo Riker estaba seguro de que este año ganarían la copa intercolegial, sobre todo porque ahora tenían un arma secreta que era el talentoso jugador nuevo de los Tigres de Golden Hill. A mis quince años no entendía nada de deportes, apenas y sabía los nombres de algunos jugadores de soccer famosos como Messi o Diego Maradona, para mí solo eran once personas corriendo detrás de un balón, pero para Riker y Nate parecía el oxígeno, algo tan importante como la vida misma. Hablaban con tanta pasión del deporte, de cómo España se colocó como el mejor del mundo en la Mundial y cómo a ambos les encantaría jugar para el Real Madrid o algo por el estilo. Ahora… pues… ¡Vamos Barcelona! Pero bueno, volviendo a la historia, me sentía tan fuera de lugar en ese momento y era súper incómodo. Sabrina y yo estábamos calladas, ni siquiera éramos participes de las conversaciones de las porristas, pues ellas solo hablaban de ir al Under 18 al día siguiente. Ni Sabrina ni yo éramos de ir a clubes, sobre todo yo. Es decir, Sabrina sí había ido al Under 18 con Jacob con anterioridad, pero no era algo común, más bien era algo que hacían para salir de lo común. A ellos siempre les gustó bailar, divertirse de forma alocada, pero con prudencia. Ahora que lo pienso, creo que por eso los tres éramos tan buenos amigos, porque ellos tenían una chispa que a mí me faltaba. Agradezco a la vida por haberme dado amigos tan leales como ellos dos y agradezco aún más a la vida porque los sigo conservando. No obstante, algo bueno sí estaba sucediendo en ese incómodo momento, y era el constante roce de la mano de Nate con la mía sobre la mesa ¡A vista de todos! Eso definitivamente mejoraba mucho el momento. La hora del almuerzo terminó. Tomé mis cosas, me despedí de Sabrina, Nate me dedicó una muy hermosa sonrisa y entonces corrí hacia mi siguiente clase, la que había estado esperando durante todo el día: Escritura Creativa. Realmente me emocionaba presentar mi cuento, esperaba que gustara, a mí me había gustado y también a Sabrina, la única persona a la que le leía mis cuentos… hasta ese momento… Entré en mi aula y esperé a que la clase comenzara… — Buenas tardes jóvenes — Buenas tardes profesor Márquez Saludamos todos. — Muy bien, el día de hoy revisaremos sus cuentos… — paseó la mirada por el salón — ¿Quién quiere ir primero? — ¡Yo! Alcé la mano al instante, sacando mi folder rosa de mi mochila. — Como siempre, la lame culos… Oí susurrar a alguien ¡Pero no me importaba! Esta era la única clase en la que realmente me gustaba pasar al frente. — Muy bien, señorita Tucker… — miré al bigotudo profesor y asentí con la cabeza — El escenario es todo suyo… — El cuento que escribí se llama: “Soy una Princesa” — hablé, mirando a todos mis compañeros — “Ella se carcajeó en mi cara, lo hizo a todo pulmón como era costumbre, yo solo callé, no quería discutirle, temía que, si lo hacía, el castigo por mi insolencia fuese severo. Así que, una vez más, soporté su burla hacia mi persona. Y es que no importaba lo mucho que me esforzara, jamás sería suficiente para ella, jamás podría llenar sus expectativas” — miré a mi salón de clases — “Pero era verdad lo que salía de mis labios. El Príncipe me quería, él mismo me lo había confesado en el ocaso mientras las aves se resguardaban en las copas de los árboles y los últimos rayos del sol se dejaban ver” — respiré hondo — “¿Cómo crees que una rata insignificante como tú podría ser objeto del aprecio de tan bello ser como su Alteza? Río ella, acariciándole el rostro con esos largos dedos que a veces le dejaban dolorosas marcas en el cuerpo y el corazón” — miré de nuevo a mis compañeros — “Si alguien tiene oportunidad con él, es aquella doncella de nombre Lily, pues ella es bella, de voz cantarina y a donde sea que vaya siempre atrae las miradas, tú solo podrías atraer la mirada del herrero lleno de mugre, porque con la apariencia que tienes, no creo que alguien más que él pueda posar sus ojos en ti” — miré a mi profesor, él me miraba con atención — “No intento hacerte sentir mal, mi intención solo es protegerte, no quiero que te hagas ilusiones de un posible romance con su Alteza y luego termines con el corazón dañado” — respiré hondo — “Eres mi hija y siempre voy a intentar protegerte, así que deja esas fantasías absurdas, debes de darte cuenta que una persona como tú no puede aspirar a tanto.” — miré a mis compañeros — “Sin embargo, más tarde ese día, el Príncipe llegó en su corcel adornado con una manta color verde” — sonreí — “Tocó la puerta de la casa de la joven y, ante los ojos incrédulos de la madre, solicitó la presencia de la joven, pues él quería que ella fuese su princesa” — hice más grande mi sonrisa — “¿Cómo es posible que, entre todas las doncellas, usted quiera a mi hija? Ella no es bella como las demás, no atrae miradas, no es tan inteligente, no cuenta con ninguna de las cualidades dignas para ser su pareja, ella no es perfecta…” — de nuevo miré a mis compañeros, todos me miraban con atención — “Se equivoca, donde usted ve defectos yo veo la belleza más grande que pueda existir, donde usted ve imperfección, yo veo perfección, ella es perfecta tal cual es” — respiré hondo — “Y diciendo esto, ambos montaron en el caballo y huyeron lejos de esos dedos largos que ya nunca más le harían daño, pues ella era perfecta, era capaz de hacer todo y más, de ir a donde nadie más había ido y hacer cosas extraordinarias, de no ser por el Príncipe ni siquiera ella misma lo sabría. Ella era perfecta, ella era feliz y era su princesa” — bajé la hoja de papel — Gracias… — Eso fue muy… — el profesor parpadeó varias veces — Conmovedor, se nota el sentimiento detrás de este cuento… — Gracias… Volví a sonreír. Después de eso los demás alumnos también pasaron al frente y leyeron su cuento. La clase de Escritura Creativa era realmente entretenida, escribir era liberador para mí. Te contaré algo, un hito importante en mi vida: La separación de mis padres. Las andanzas de mi padre y que descubriéramos que sus demoras tenían nombre y apellido trajo serios problemas a la casa. Me vi en la necesidad de buscar un método de escape a toda esa locura. Cada vez que mis padres se ponían a discutir a gritos, tomaba a mi hermano, nos encerrábamos en mi habitación, le ponía Bob Esponja en mi televisor y yo me sentaba a leer. Después de un rato, mi cerebro dejaba de prestar atención a los gritos y comenzaba a crear vívidas imágenes de un castillo lleno de magos y un pueblo sombrío lleno de vampiros. Leer se volvió mi cápsula de escape de la realidad que estaba viviendo. Fue así que conocí los libros de Harry Potter, siendo el sexto el que más me gustó por todo el romance que sucedía como trama secundaria. Me obsesioné totalmente con una pareja en específico, por lo que empecé a buscar imágenes, videos ¡De todo! Y de esa forma llegué a una página donde los fanáticos escribían sus versiones de la historia, los muy conocidos: Fanfiction. En todos esos meses de caos en casa, me debí de haber leído unos veinte fanfiction. Así que una noche me pregunté: ¿Por qué no escribo mi propio fanfic? ¡Y eso hice! Eso sucedió dos años antes de todos estos sucesos que te estoy contando… ¿Quién diría que gracias a los fanfictions, encontraría mi vocación? — Maddy… Detuve en mi andar, por los vestidores del gimnasio, en el último periodo del día teníamos Educación Física. — ¿Sí? Pregunté, mirando a Lucy Fallon envuelta en una toalla color celeste. — Te quiero preguntar algo — Eh… claro… — la miré con recelo, ella nunca me hablaba y hace un par de horas atrás se había burlado de mí junto con Ariadna — ¿Qué sucede? — A ver… seré directa contigo — comenzó a decir — Me gusta Nate — en ese momento sentí como si un aguijón se clavara en mi pecho — Y he notado que a ti también — Eh… No sabía que contestar. — Y… — Lucy sonrío — Te considero mi amiga… — otra que me consideraba su amiga y sin embargo a la hora de los logros me trataba como si yo fuese una plasta — No quiero que te hagas ilusiones y luego salgas dañada — ¿Perdón…? La miré con una ceja alzada. — Es que… — la chica me miró con una sonrisa petulante dibujada en los labios — Yo sé que también le gusto y… mañana iremos juntos al Under 18 — se cruzó de brazos — Y, bueno, para mantener esta amistad en serio te quiero pedir que por favor no andes de arrastrada con él… — ¿Arrastrada? Pregunté, sintiendo un vacío en el estómago. Me sentía enojada, pero no lo quería exteriorizar. Yo no andaba de arrastrada tras él ¡Nate era el que andaba de arrastrado tras de mí! Y Lucy siempre intentaba estar pegada a él como si fuera una garrapata con traje de porrista, daba vergüenza verla. Sin embargo, saber que a ella también le gustaba Nate traía a mí una nueva clase de inseguridad. Había visto con anterioridad a Nate siendo receptor de los coqueteos de Lucy y sonriéndole, no sabía si eso significaba algo, pero lo que sí podía saber, darme cuenta, era que, al parecer, a él sí le resultaba atractiva. Ya sé, él me había dicho varias veces que no sucedía nada con ella, que me consideraba más bonita a mí ¡Pero no era tonta! Sabía que a él le parecía guapa Lucy y eso me hacía sentir muy insegura. No quería que una chica como ella le resultase guapa, porque sentía que no podría competir, porque pensaba que jamás llegaría a ser tan guapa como ella. — Sí… — contestó ella, mirándome fijamente — Y no quiero que quedes en ridículo, realmente me agradas Maddy — Oh… — miré a todos lados, ya no quería seguir en esta conversación — Bueno… eh… — abracé mi mochila — Yo… — mi pecho subía y bajaba, las dos chicas soltaron risitas burlonas — Tengo clase de violín y no quiero llegar tarde… Y diciendo esto, salí huyendo de los vestidores del gimnasio. Aún podía escuchar las risas de Lucy y Ariadna, las cuales, junto con las palabras de mi madre, me empezaron a atormentar. A todo el mundo le parecía raro que un chico como él gustase de una chica como yo ¿Por qué? ¿Tan fea era como para que a todos les resulte poco creíble? ¿Tan poca cosa me consideraban todos, como para que crean que Nate no podría fijarse en mí? Comencé a caminar lejos del gimnasio, mirando mis zapatos lustrados, pensando en muchas cosas, siendo la principal una vieja duda que creí ya haber superado: ¿Por qué le gustaba a Nate? Todo empezó a perder sentido para mí, no entendía por qué un chico tan guapo como él iba a sentirse atraído a una chica como yo. Lentamente mi autoestima fue cayendo al suelo. Hasta mi propia madre me decía que yo no era tan guapa como las demás chicas, que nunca un chico como él se fijaría en mí. Entonces… ¿Cómo era posible? — Maddy… — alcé la mirada, Nate estaba delante de mí — ¿Estás bien…? — Sí… Miré a otro lado, no quería que se diera cuenta de que no estaba para nada bien. — No parece… — posó una mano sobre mi hombro — ¿Quieres decírmelo? — Yo… — miré al suelo, no quería verle a los ojos o porque lo más seguro es que me largase a llorar si veía ese brillante verde — Es que… — Maddy… — tomó mi rostro por la barbilla y me obligó a mirarle con suma delicadeza — Dime… puedes decírmelo… confía en mí, quiero que confíes en mí… — Eh… — respiré hondo, tomando su mano y apartándola de mi rostro — Le gustas a Lucy Fallon — solté — Eh… tengo que irme… tengo clases de violín… — ¡Espera! — me tomó de la mano, sonriéndome — ¿Te molesta que le guste? — ¿Qué…? — le miré con los ojos bien abiertos, sintiendo las mejillas calientes y el cuerpo temblar — No… es decir… bueno… ¿Por qué habría de molestarme? — Pues… — se acercó a mí — Porque te gusto… — Ah… eh… yo… pues… — sentía todo mi rostro caliente — Yo… pues… eh… — Me encanta cuando te pones nerviosa — entonces acarició mi cabeza como si fuera un perrito, eso hizo que me sintiera un poco más calmada — Maddy… no tienes por qué sentirte insegura… — tomó mi mano — Que le gusté a Lucy no importa, lo que importa es quién me gusta a mí y esa eres tú — Pero te parece guapa — Ya te dije que tú me pareces más guapa — Es que no tiene sentido… Comencé a caminar lejos de él, quería huir, quería que no siguieran pisoteando mi autoestima, ya suficiente tenía con mi madre como para que mis compañeros de clase también lo hicieran. — ¿Por qué no? Nate comenzó a seguirme. — Porque… — seguí caminando — Ella es en serio guapa — Y tú también — Deja de decir eso — ¿Por qué? ¿Por qué no puedes aceptar que me pareces guapa? — negué con la cabeza — Maddy, me pareces muy bonita, entiéndelo — Ya cállate… Apreté los puños. — Maddy, me gustas y mucho, no entiendo por qué te pones así — se paró delante de mí — ¿Por qué no puedes aceptar que me gustas? ¿Por qué no puedes aceptar que me pareces la chica más bonita de la escuela? — Nate, ya basta… — ¿Por qué? ¿Por qué no quieres que diga lo que pienso? — Basta… — ¡Solo dime el por qué! — ¡Mírame! — grité, sin poder contenerme más — ¡No soy bonita! ¡No lo soy! ¡Ya deja de mentirme! — ¡No te miento! — ¡Sí lo haces! ¡Y no sé con qué intensión! ¡Pero ya basta! — los ojos se me llenaron de lágrimas — ¡Solo déjame en paz! — ¡Maddy! De nuevo me detuvo tomándome de la mano. — Por favor… — ¿Qué te hicieron como para que pienses que no eres bonita? — abrí al máximo los ojos, dándome media vuelta y mirándolo a esos ojos verdes que tanto me gustaban — Maddy… — no dijo nada más, solo me abrazó con fuerza — No importa si miles de personas te intentan convencer de lo contrario, siempre me tendrás para recordarte lo bella y especial que eres… — Lucy dijo que ando de arrastrada tras de ti… Susurré. — No le hagas caso — Nate apretó su abrazo, de seguro estaba intentando calmar mi sistema nervioso simpático nuevamente — Además, el que siempre está siguiendo al otro soy yo — soltó una risita, eso me hizo sentir mejor — En verdad me gustas, Maddy… — Gracias… Fue lo único que se me ocurrió decir en ese momento. — ¿Ya te sientes mejor? Preguntó, acariciando mi cabeza como si fuese un perrito. — Sí… Susurré, bajando la mirada. — Deja de hacer eso… — pidió, volviendo a tomar mi barbilla — Deja de agachar la mirada, sé que eres tímida, pero también sé que una parte de ti no lo es y quiero ver a esa Maddy alegre conmigo… — Lo intentaré… Nos miramos por unos instantes, entonces sonrió. — Vamos, te llevo a tu casa — Pero tengo clase de violín… — miré mi reloj — Y ya estoy llegando tarde — ¿Y? — preguntó — Me dijiste que no te gusta el violín — Y no me gusta — ¿Entonces por qué quieres ir a hacer algo que no te gusta? — Porque… No tenía una respuesta para eso. — Maddy… — me tomó por los hombros — No debes de aceptar cosas que no te gustan solo porque tienes miedo a que se enfaden contigo… — le miré a los ojos — Las personas que realmente te quieran, se quedarán a tu lado porque quieren hacerlo, no porque obedezcas y aceptes — asentí con la cabeza — Lo que tú quieras importa y te debería de importar más que cualquier otra cosa — Está bien… Susurré. — ¿Y qué quieres? — ¿Qué quiero? — Sí… ¿Qué quieres hacer? — preguntó — En vez de ir a tus clases de violín — Ah… pues… — fruncí el entrecejo, la verdad es que nunca me habían preguntado algo así — Quiero ir al cine — Eso lo haremos mañana… — me recordó, sonreír — Algo que se pueda hacer en este momento — Ummm… — volví a fruncir el entrecejo, llevándome una mano a los labios y pellizcando mi labio inferior — Quiero un helado — contesté finalmente, él sonrió — Pero no cualquier helado, quiero un McFlurry con trocitos de chocolate — Entonces vamos por un McFlurry — Espera… ¿Y tú práctica de soccer? — Por una vez que falte no creo que haya problema — No creo que sea correcto que te pierdas tu práctica por ir a comer helado conmigo — Bueno… para mí lo vale — Pero para mí no — me crucé de brazos — Dijiste que lo que quiera debería de importar más que cualquier cosa — él asintió — Y lo que quiero es que no pongas en riesgo tu beca por mí… — nos miramos fijamente — Ve a tu práctica y mañana vamos al cine y a comer helados — Está bien… — sonrió, volviendo a acariciar mi cabeza como si fuese un perrito — Pero de todas formas déjame llevarte a casa — Eh… — comenzamos a caminar — De hecho, si regreso ahora, mi mamá se enojará por no haber ido a mi clase de violín y no quiero que se enoje conmigo — comencé a hablar a toda velocidad — ¿Puedo ir a tu práctica de soccer? — ¿En serio? — Sí… — contesté — Prefiero ver a once chicos correr detrás de una pelota que asistir a mis clases de violín — Oh pues… no tengo ningún problema y no creo que ninguno se oponga — me miró — Ven… — y entonces volvió a abrazarme — Eres muy tierna… — Gracias… Me separé de él, aún me incomodaba que me abrazara tanto, pero era soportable. — Vamos… Te resumiré esta parte: Fuimos al campo de soccer, me senté en las gradas con la intención de leer un poco mientras la brisa acariciaba mi rostro, pero al final terminé mirando toda la práctica completa y fue entretenido. Riker y otros chicos del equipo estuvieron burlándose de Nate, diciéndole cosas que no logré entender bien, y él solo reía. Después de eso, los chicos fueron a los vestidores a asearse, Nate fue el primero en salir y, tendiéndome la mano para ayudarme a bajar de las gradas, me llevó hasta su auto y juntos partimos a mi casa. Mi día sí que había mejorado gracias a Nate, sentía que mi autoestima había aumentado dos rayitas, me sentía feliz, me sentía en paz y me sentía apreciada por ese guapo chico de ojos verdes y espalda ancha. Lamentablemente… la felicidad nunca podía ser eterna para mí…
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