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975 Palabras
12 Tiempo después de que Lorren me explicara todo sobre el plan ideado por la madre de Mijail, me dijo que la hora para escapar sería cuando Mijail se reuniera en su oficina con los demás jefes, al parecer tenían todo planeado. —¡Victoria! —escucho la voz de mi captor retumbar por todo el lugar, me llevo las manos a la boca nerviosa. ¿Y si se dio cuenta del plan? Temblorosa bajo las escaleras, lo veo con el ceño fruncido y con un par de hombres con maletas de hierro. —¿Qué sucede? —Ellos son ingenieros electrónicos y me ayudaran a colocarte un GPS—¡¿qué mierda?! —¿Qué? —susurré—Mijail me toma de la mano y me obliga a sentarme sobre sus piernas; unos de los señores, levanta el borde del jean que estaba usando y siento un clic, al ver mi tobillo, me habían colocado un brazalete electrónico de seguridad carcelaria. —¡¿Que mierda hacen?! —exclamo, enojada, pero, ya era tarde ya tenía esa cosa en mi pie —Solo es por seguridad—espeta él encogiéndose de hombros. Creo que mis planes de escape se fueron a la mierda por esto —¡Quédate quieta! —me dice Lorren, tratando de levantar el cierre de mi vestido. Suspiro, frustrada pensando que no fue buena idea haber comido tanto antes de vestirme. —¡Aush! — me quejo al sentir presión en mis costillas. —¡Mijail está loco! este vestido es muy pequeño, ¿no pudo haber escogido otro? — ella tenía razón, el vestido era de color rojo, ceñido totalmente a mi cuerpo con un escote que me dejaba ver hasta el alma. —Creo que mejor uso otro, — agrego ya agotada. —¡No! — grita asustada—, No quiero morir por haber desobedecido un capricho de ese hombre, ¡Tienes que ponértelo ahora! Aguanto el aire lo máximo que puedo, hasta que por fin levanta la cremallera cerrándola completamente. —¡Por fin! — grita Nathan, ¿desde cuándo estaban allí? —¡Ves que si es Fiona! —le habla divertido Ethan a Nathan, me lleno de ira. —Sí, está como gorda—, ahora si los mató a los dos. Les tiro los tacones que me tenía que colocar para la fiesta del ruso, haciendo que el par de dioses griegos huyan despavoridos. Estoy en la primera planta mirando como entran y salen personas, veo en el fondo del salón a un grupo de mujeres murmurando, y no tengo que ser adivina para saber qué son las mujeres de los mafiosos que vinieron a la fiesta de hoy, todas están llenas de joyas y vestidos ostentosos. Una de aquellas chicas me queda mirando, es una joven con ojos claros, con cuerpo de infarto y de seguro operado, unos rasgos finos y cabellera larga negra. Veo cómo camina hacia mí. —¿Eres Victoria Volkov? — y siguen molestando con ese apellido. —Depende para que sea—, le digo a aquella mujer. Ella sonríe. —Ahora que serás la máxima autoridad para nosotras—, mira hacia atrás— Nos preguntábamos si querías ir a tomar el té mañana—bufé. —¿Es ella? — pregunta una mujer rubia que parece sacada de una revista de súper modelos, la pelinegra asiente. —Pensé que Mijail tendría mejor gusto, —masculla la chiquilla mirándome con sorna. —¿Y tú eres…? —le pregunto con indiferencia. —La amante de Mijail. — sentí un frío recorrer mi cuerpo. —¡Oh! —me llevo una mano al pecho—, ¿Y te dejaron salir de la perrera? —las mujeres que estaban con ella, se rieron por mis palabras. —Eres una...—la pelinegra la detuvo antes de que intentara pegarme. Mis hombros se ensancharon mostrando mi superioridad. —Cuida tus palabras Mariah, ¡No querrás que Mijail se enoje! — la mujer se dio media vuelta y se marchó, las demás imitaron su acción dejándome ahora completamente sola. Veo que todos están entretenidos en la reunión de hombres poderosos, tengo más de una hora sin ver a Mijail, trato de tomar aire ya que llevo mucho tiempo con personas preguntándome tonterías, ofreciéndome comida o solo se colocan al lado mío quizás para intentar agradarles a su futuro jefe. Giro la perilla de la puerta principal que da hacia un gran jardín; observo una multitud esparcidas por todo el patio trasero, la mayoría ya están borrachos, así que no se dan cuenta de mi presencia. Con sutileza trato de llegar al camino que da a la parte baja de la colina por donde el coche que me trajo hasta aquí entró el día que llegué a este infierno. Acomodo mi cabello en una coleta alta, me subo un poco el vestido y me vuelo el barandal que da hacia el bosque que vi cuando llegué, caigo sentada haciendo que mis caderas duelan, pero, estoy decidida a salir de aquí. Corro lo más rápido que puedo, el sudor cae por mis mejillas y la desesperación me invade. Mis tacones se entierran en la arena así que decido dejarlos tirados en la mitad del bosque. Mis pies están cansados, porque estoy corriendo cuesta abajo, veo al final la reja por donde hace un par de días el carro donde me traían entró a la residencia Volkov. Al llegar intento abrir las rejas, pero, se encuentran cerradas con una enorme y gruesa cadena que me es imposible romperla. Busco desesperadamente algo para quebrar el hierro. Encuentro una piedra y comienzo a pegarle lo más fuerte que puedo, mis manos pequeñas me duelen y las uñas largas no me dejan hacer bien mi trabajo, sin embargo, me esfuerzo hasta que logro quebrarlo.
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