10
Mi boca está devorando la cavidad bucal de Mijaíl, la mano de él viaja por todo mi cuerpo y siento una corriente recorrer todo mi ser, es la primera vez que percibo este tipo de cosas, de un momento a otro, tiro a Mijaíl en la cama, me siento sobre el mafioso rozando sin ningún tipo de vergüenza su erección entre mis piernas, comienzo a hacer círculos con mi cadera para poder palpar más la fricción con mi intimidad. Mijaíl jadea.
—Oh bebé, eres tan deliciosa—, confiesa el ruso estrujando mi trasero.
Comienzo a dejar besos por todo su cuerpo hasta llegar al inicio de su cadera, Mijaíl levanta el torso para mirarme.
Gime cuando siente mis manos sobre el broche de su pantalón, introduzco mi mano liberando a su amigo, acumulo saliva en mi boca y escupo sobre él. Mijaíl me mira con morbosidad por mi acción, ni yo misma me reconozco y sé que estoy bajo los efectos de una droga poderosa. Cierro los ojos para concentrarme, necesito respirar para liberarme de esta sensación que no me pertenece.
Sin previo aviso llevo mi boca húmeda al glande de Mijaíl, él se tensa, lleva por inercia su mano a mi cabeza dándole masajes y esto hace que me prenda más, dejo caer abundante saliva al m*****o de Mijaíl, haciendo que un gruñido bestial salga de su boca, paso mi lengua por el inicio de su m*****o.
—¡Carajo! —exclama cuando comienzo a devorar a su amigo, mi boca sube y baja haciendo que su m*****o llegue hasta lo más profundo de mi garganta, doy lengüetazos y absorbo con fuerza con cada movimiento.
—No quiero hacerlo… —Susurro tomando entre mis manos su polla, el mafioso apoya el cuerpo de su peso sobre sus hombros para poder así mirarme, —eres igual que Roberto, solo me quieren hacer daño… ¿tu única manera de tenerme es así?
Las manos del ruso me empujan haciendo que cayera de espalda sobre el colchón.
—¡Te odio! —le grito desesperadamente, mis manos cubren mi húmedo rostro. Necesito irme de aquí, sin embargo, presiento que moriré pronto. Deseo ver a mamá y decirle que la amo más que a mi propia vida, quiero decirle a Malka que, si quiero ir a esa estúpida fiesta con él y deseo con toda mi alma ver por última vez a Jhon para desearle que arda en el infierno, en ese mismo en donde estoy ahora mismo.
Mijail tuvo que drogarme para poder lograr algo que por sí mismo jamás tendrá. Mi cuerpo.
—Lo has jodido todo, Victoria—Su mano derecha acaricia mi rostro y gimo entre lágrimas, —pero, te diré algo, cariño…—me giró bruscamente hacia él—, si no tienes un orgasmo ahora mismo, te va a dar un paro cardíaco y morirás… Tienes dos opciones, amor…
Me senté en el borde de la cama al sentir como algo caliente comenzaba a quemar mi piel desde dentro.
—¿Qué me diste?
Mis manos arrancaron mi camisa.
—Es muy fácil, conejito, dejas que te toque… —Sus labios tocaron mi hombro derecho, y me estremecí, —o corre a ese baño y te masturbas sola…
No lo dudé dos veces y di un par de zancadas hasta llegar a la pequeña habitación de lavado. Cerré la puerta con seguro, me quité el pantalón e introduje mi mano dentro de mis bragas.
Mi coño estaba húmedo, tan húmedo que ya se escurría entre mis piernas. Mi dedo índice tocó ese trozo de carne que jamás antes había tocado; mis caderas se sacudieron, entre tanto mis pezones dolían demasiado.
—Ah… Ah… —Los jadeos brotaban de mi boca, me senté sobre el retrete y abrí mis piernas para rozar mis labios vaginales con más fervor—, Dios, ah… Ah… ¡Dios!
De un momento a otro sentí como un fuego bajaba desde mi vientre hacia mi intimidad y allí sentí mi primer orgasmo.
Unos aplausos del otro lado de la puerta me hicieron entrar en sí—Maravillosa…—Tuve que subir la tapa del inodoro para poder vomitar. Me sentía estúpida e impura.
—Eres un hijo de puta.
Ataqué saliendo del baño.
—Fue la mejor hora de mi puta vida—, dice con voz roca y cerrando el cierre de su pantalón.
—Maldito pervertido… —ataqué alejándome lo más que pude de él.
—¡Espera! —soltó haciendo que me pare de golpe junto a la cama—no te muevas—susurra en mi oído.
Cubrí el resto de mi desnudez con una bata de seda que Mijaíl me había entregado hacía algunos segundos, el mafioso caminó hacia la puerta con el ceño fruncido, la abre rápidamente encontrándose a la mujer pelirroja detrás de ella.
—¿Qué hacías allí Lorren? —le pregunta a la mujer que hasta ahora me entero que se llama de esa forma.
—Señor…yo…—el rostro de la empleada era igual al color de su cabello, ella carraspeó su garganta y apretó los ojos. ¿Cómo puede ser posible que una mujer mayor como ella, le tema a un hombre menor de veinticinco años?
—Recuerde… la reunión hoy con los jefes de los carteles—la expresión de Mijaíl se tornó suave.
—Sí, gracias por recordarme—, se dio la vuelta para salir de la habitación.
—¡Espera! —la detuve—, ¿Desde hace cuánto estabas allí? —puedo ver el rostro apenado de ella.
—Desde que el señor entró—abrí los ojos como platos y Mijaíl comenzó a reírse de la situación.
—Han escuchado tus gemidos, osita—palidecí.
—Yo…—me di la vuelta y me encerré de nuevo en el baño.