—No. Eso no está bien — negué con la cabeza, retrocediendo aún más—. ¿Tienes una idea de lo que estás diciendo? Estás tratando de justificar lo injustificable. —Así es como lo ves, pero no es así como lo veo. Ya te lo dije, alguien como tú no sería capaz de entenderlo. —Y créeme, tampoco quiero hacerlo. —Te has retractado, ¿verdad? —Yo… —No tienes que decir nada. Con tu expresión y titubeo lo has dicho todo. Lo que te dije antes, lo dije en serio. Te estoy dando la oportunidad de irte, y créeme que esta vez no pienso detenerte, tampoco obligarte a quedarte. Si una cosa he aprendido en esta puta vida, es que es mejor estar solo — caminó hacia la puerta y la abrió—. Desde este momento, nuestros caminos van a dividirse. De igual manera, mi trabajo terminó hace mucho tiempo aquí. Mucha su

