Los días habían pasado rápidamente y yo casi no veía a Troy. Me dedicaba a mi hermano y a mis estudios. Salía en ocasiones con Rodrigo, pero cada vez lo toleraba menos. Lo odiaba profundamente. En este momento, me encuentro frente a Matías mientras preparamos nuestras carpas para acampar este fin de semana. El sol comenzaba a descender, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados. El aire fresco del bosque llenaba mis pulmones, brindándome una sensación de libertad que hacía tiempo no experimentaba. —¿Estás segura de que quieres poner la carpa aquí? —preguntó Matías, ajustando la lona con manos hábiles. Su voz tenía un tono de duda, pero también de preocupación. —Sí, creo que es un buen lugar —respondí, tratando de sonar convencida. La verdad es que no me importaba mucho dónde la co

