El trabajo nos va a separar.

806 Palabras
-¿Esto lo hace por respeto a ti o por machismo puro? - Le pregunto a Enzo sin mirarle a la cara. Está a punto de responderme cuando mi teléfono móvil suena en mi bolsillo. En la pantalla aparece el nombre de Cañete. Descuelgo. - ¿Que pasa Cañete?- Digo mientras me levanto de la mesa y busco el camino de salida del comedor. - Tiene que volver al trabajo jefa. Hay movimientos en los Pesci y los jefes quieren una redada con detenciones de la nueva cúpula, tenemos que preparar todo ya. - La voz de mi compañero calvo me taladra el cerebro. Tengo que detener a la personas con la que estoy en estos momentos. No me había dado cuenta de a lo que estaba jugando y ahora me llegan las consecuencias. Cuelgo tras decir confirmar que llegaré por la tardes y me doy la vuelta, chocando contra el pecho de Enzo. - Bueno, y ahora ¿Que vas ha hacer? - Le miro a los ojos mientras no entiendo ni su pregunta ni nada de lo que está ocurriendo a mi alrededor. - ¿De que hablas? - Hablo de que tienes que volver a Madrid y detenerme. - Doy un paso atrás con miedo. Lo ha escuchado, pero él ya sabía que soy policía. - Podemos salir después del desayuno. ¿Te parece? - Afirmo y él pasa su mano por mi cintura, empujando suavemente mi cuerpo hacía donde estábamos sentados. Desayunamos en silencio. A mil, al menos, no me apetece hablar de nada. El camarero va y viene y solo se dirige a Enzo. Ahora ya no me importa. Hemos acabado y estoy a punto de levantarme cuando Enzo tira de mi muñeca hacía su pecho, poniendo mi mano sobre su corazón. - Si te digo la verdad, ¿tu también seras sincera?- Noto el latir de su corazón, parece acelerado. - Eemm.. - Eva, yo también tengo miedo, pero no me arrepiento. - ¿Mi trabajo va a separarnos, verdad? No puedo dejarlo todo por unos días de sexo loco, no está bien. - Para mi no es solo sexo Eva. Si hubiera sido eso habría pasado en Madrid, en un día cualquiera, donde nadie se habría enterado. - Me quedo pensativa y opto por no hablar, no se ni que pensar ni que decir. - ¿Que quieres? ¿Algo romántico y bonito? Esta bien. - Enzo de levanta de golpe y sin dejar que reaccione me coge del brazo y me levanta de la silla. Cruzamos el comedor y salimos por una puerta que es una salida de emergencia. La alarma del hotel comienza a funcionar y todos se sobresaltan. Los camareros corren de un lado a otro y la gente de seguridad corre hacía nosotros, se detienen al ver quien a sido el que ha abierto la puerta de emergencia y nos se acercan. Cruzamos un camino, un jardín y una carretera para llegar al paseo marítimo. Allí Enzo me suelta y mira alrededor. No se que busca, pero de repente me coge en brazos y, como si de una novia se tratara, me baja por las escaleras que dan a la playa. - Para Enzo. - Veo como la orilla de la playa se acerca peligrosamente y sigo en brazos del loco italiano. - No. - Por dios, Enzo, para, no me quiero mojar. - Tarde, de tres zancadas estamos los dos dentro del agua, que extrañamente está templada. Aún sigo en sus brazos. Las olas me dan en el trasero. Poco a poco me baja y quedamos uno frente al otro, siendo golpeados por las olas. - Neptuno será mi padrino. Atrapé a mi sirena y no pienso dejarla escapar. Esta es nuestra boda privada, nada ni nadie nos va a separar. - Enzo posa su boca en la mía justo en el momento que una gran ola nos golpea. Él se tambalea, pero yo siento como la ola tira de mí hacía dentro del mar. Miro con miedo a los ojos de Enzo y noto que no me muevo del sitio. Sus fuertes brazos están agarrándome, suave y fuertemente a su pecho. - Creo que Neptuno nos ha dado su bendición, Sirennetta.- Enzo nos saca un par de pasos del mar hacía la playa y nos deja caer cerca de la orilla del mar, cubriéndonos con el agua salada y la arena de la playa. - ¿Pero que haces Enzo? Mira como nos hemos puesto. - No pasa nada. Mira, ya llegan. - Miro por encima del hombro de Enzo y veo llegar a dos hombres de seguridad del hotel y una chica vestida de doncellas con albornoces y toallas. Enzo comienza a reír y me enfada. - Idiota.- Le digo a Enzo bajito mientras paso a su lado cogiendo una toalla.
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