Una ducha

1001 Palabras
Tirada en el suelo del baño, sobre las toallas, he caído dormida. La luz encendida me molesta un poco al notar unos brazos levantando mi cuerpo del suelo. Solo puede ser Enzo. Trato de retorcerme para que me suelte, pero me pega contra su cuerpo y no consigo moverme lo suficiente. - Shhh. Ya, Eva, por favore.- su voz llega a mis oídos claramente. Su boca está pegada a ellos y el perfume de su cuerpo me embriaga. - Pensé que estábamos jugando, no quise enfadarte o ponerte triste. Eva, creo que te quiero, y nunca he querido a ninguna mujer. Por favor, no he querido hacerte daño, te prometo. Si tu me quieres, si me quieres, nunca más escucharas nada que te haga daño. Enzo le da un fuerte golpe a la puerta del baño y la deja inservible.- No volverás a encerrarte.- Acaba de cambiar de estado de animo. No se si es porque le he estado escuchando con los ojos medio abiertos, si porque he escuchando atentamente lo que me promete, creyendo sus palabras, o porque no hago nada, pero Enzo me lleva a la cama y me tira sobre ella. Me coloco sobre la cama, intento huir, pero Enzo tiene una mirada salvaje, noto la lujuria en él. Se lanza sobre mi como un león hambriento. Sus manos recorren mi cuerpo y se detiene en mis pechos, que aprieta, besa, lame y chupa como un hombre sediento recién llegado a un oasis en mitad del desierto. El interior de cuerpo comienza a subir la temperatura y noto como mis pezones se endurecen al toque de su lengua. Sus piernas, entre las mías, se han convertido de repente en tres, tan dura la que esté en medio que me asusta y me excita al mismo tiempo. Enzo sigue besando mi cuerpo mientras su mano baja por mi estomago, pasando por mi ombligo y metiendo su mano entre mis piernas. Sube su boca hasta la mía y me besa los labios. - Vamos a estar siempre juntos, siempre.- Me mira a los ojos mientras noto como entra en mi, tan duro y yo lista que mi cabeza gira sobre mi nuca, en la almohada y grito de placer. Enzo entra y sale de mi muy despacio mientras noto su respiración en mi cuello, hasta que mi mirada vuelve a sus ojos, entonces sube el ritmo y si el placer antes me embriaga, ahora sube al máximo y explota algo dentro de mi. - Serás mía para siempre.- Afirmo con la cabeza. - No. Así no. Dímelo. Di que vas a estar siempre conmigo.- El placer me lleva a gritar: Si. Si, si contigo. Siempre. Los primeros rayos de sol entrar por las dos puertas de cristal que dan a la terrada de la suite. Siento la consciencia volver poco a poco a mi cuerpo y salir del reino onírico donde caí tras esa extraña sesión de sexo con Enzo. Enzo. Palpo la cama buscando el cuerpo del hombre que anoche me hizo gritar como una loca, pero no encuentro nada. Abro totalmente un sólo ojo y veo que estoy desnuda, tapada con la sabana y sola. Miro en cada dirección y no encuentro a Enzo. El primer pensamiento que recorre mi mente es que me ha dejado sola allí y me enfado por creerle y confiar en él otra vez. Respiro hondo y me incorporo en la cama. Al mirar por los cristales veo que quizás me puedan ver y me tapo con la sabana. Me siento mareada y desubicada. Estoy a punto de salir de la cama cuando oigo la puerta de la habitación. Enzo entra con ropa deportiva y totalmente sudado. Lleva una manzana en las manos y la muerde, apoyado en el quicio de la puerta. - ¿Ya despierta?- Enzo me mira a los ojos mientras da otra mordida a la manzana. Puedo ver sus ojos recorrer todo mi cuerpo y noto que el calor interior vuelve a mi. - ¿Tienes hambre? He pensado que podríamos desayunar en el bufet, hay una cocina maravillosa. Las tortitas las hacen a demanda, y el zumo en el momento. ¿ Nos duchamos y bajamos? - Vale, puedes ducharte primero mientras busco mi ropa. - Nooo. Jajaja. - Enzo tira hacía atrás la manzana, por encima de su hombro y de un salto llega al borde de la cama y me coge, metiéndonos a los dos en la bañera que está a un lado de la cama. Enzo abre el grifo y el agua comienza a cae encima de la sabana que me tapa y de su ropa deportiva. Jamas he estado una hora en la ducha, hasta ahora. A partir de hoy no volveré a entrar en una ducha sin sonrojarme. Nunca imaginé todo lo que una pareja puede hacer en una ducha. Me tiemblas las piernas y no se como puedo mantenerme en pie, pero hago un buen esfuerzo y me visto mientras Enzo hace lo mismo. Al llegar al restaurante bufet el jefe de sala saluda a Enzo y noto que son buenos amigos, hablan un par de minutos en italiano y nos lleva a una mesa cerca de la cristalera que da a la playa. Estoy a punto de levantarme para elegir algo para el desayuno cuando Enzo tira de mi brazo y me vuelve a sentar. - Tranquila Nena, ahora viene nuestro camarero.- Le miro extrañada, nunca había visto un camarero en un bufet para atender, de hecho, nadie más es atendido por camarero. - Enzo, puedo levantarme, no pasa nada. - No, no puedes, somos los jefes, no puedes hacer ese desprecio al personal.- Me pongo colorada al ver lo feliz que se acerca a nosotros un camarero joven, con camisa blanca y pajarita. - ¿La señora quiere probar nuestras magníficas tortitas y un zumo de pomelo y naranja recién exprimido para comenzar?- El camarero me habla a mi, pero mira a Enzo, que afirma y pide lo mismo para él.
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