Dejando la noche atras

862 Palabras
La puerta está rota y Enzo está arreglando la cerradura para que esta noche podamos dormir tranquilos. Aprovecho y recojo un poco, la casa está un poco revuelta, pero no es nada que no se arregle un un ratito. Enzo me mira cuando acabo y siento que, igual que yo, siente que tenemos que dejar solos a Andrea y a Raquel. -¿Te apetece pasar unos días de vacaciones de verdad?- Nero no espera a que conteste y se dirige a la habitación. Tras hablar con Andrea, sale con nuestras maletas. - Les dejo mi móvil, nos tenemos que apañar con el tuyo.- Simplemente afirmo y les sigo, a Enzo y a Andrea fuera. - Llegué justo cuando Nero y sus hombres se largaban en sus coches. Cuando entré en la casa Reich está escondida detrás del sillón, pero no se que le hizo exactamente. - Andrea me abraza y niega con la cabeza mientras me frota la espalda en señal de que todo está bien. Mi coche está aparcado en el arcén. Enzo me abre la puerta del copiloto y cuando monto, corre a subir al volante de mi coche. Comenzamos viaje a quien sabe donde, mirando por el retrovisor a Andrea, que se queda triste, atrás. - Le he prometido que vamos a investigar que pasa, pero con Nero, nunca se sabe, es astuto como un zorro y no tiene miedo a morir, eso le hace intocable, pero hay que intentarlo. No me he dado cuenta de como hemos llegado hasta aquí. Tan absorta voy en mis pensamientos que dos horas se me han pasado como cinco minutos. Estamos a las puertas de un hotel, concretamente en la puerta de entrada de los coches. Entramos y hacemos un check in en el mismo coche. Es madrugada entrada, pero nos atienden con mucha amabilidad. Bajamos del coche y apenas tenemos que andar tras la recepcionista cuando llegamos a la habitación asignada. La recepcionista abre y nos da las tarjetas. Nos muestra la entrada de la Suite con una mesa redonda con cuatro sillas. Un botones llega con nuestras maletas y las pasa a la habitación, donde una cama enorme nos espera. Es alucinante, tiene una bañera en la misma habitación, cerca de la cama king size. A los pies de la cama hay una mesita de te y dos sillones. Dos grandes ventanales dan a la oscuridad exterior. Los empleados del hotel salen y nos dejan solos en la enorme habitación. - Eva, estás llena de arena de la playa.- Dice mientras se aleja de mi y abre el agua de la bañera. - No pienso bañarme así, delante de ti, mientras miras desde la cama. - Veo las intenciones que tiene. - No te voy a mirar. Te voy a tocar. Yo también me voy a meter en la bañera. - Le miro, subo una ceja y me acerco a las ventanas a cerrar las cortinas. Una cosa es hacer algo divertido con Enzo en la bañera y otra dejar que toda esa ciudad que se intuye por la ventana, nos vean haciéndolo. Enzo me toma por la cintura por sorpresa y desde su agarre trasero comienza a besar mi cuello. Sus manos recorren mi cuerpo por encima de la ropa buscando el fondo de la misma para tocar mi piel. Justo en este momento me asalta una duda: ¿como conoce Enzo este sitio? ¿A cuantas mujeres ha traído aquí? Aparto sus manos de mi y doy dos pasos para alejarme de él. Giro sobre mis talones y le miro. En el momento él se da cuenta que algo va mal. - ¿Que?- Me dice dando la vuelta el ahora y llegando hasta la cama, donde se vuelve y se sienta mirándome a los ojos directamente. Aprovecho que estamos así y puedo ver si miente y le lanzo mis dudas. - ¿Por que conoces este sitio? - Está a punto de hablar cuando mi boca vuelve a escupir mis tortuosas dudas. - ¿A cuantas mujeres has traído aquí? - Eva, ¿en serio? ¿ Y si te pregunto yo por el poli de Sevilla? - “Mierda. Tierra trágame.” - ¿Como sabes tu eso?- Atacar es la mejor defensa que encuentro. - ¿Pensabas que no iba a investigar sobre ti? Eres más inocente de lo que creía si piensas así. Pero si te quedas más tranquilo, este hotel es de la familia. Suelo quedarme aquí cuando vengo, y vengo mucho. Y siento decirte que si, que por esta cama han pasado algunas mujeres, pero de muchas no recuerdo ni su nombre. ¿Puedes decir lo mismo? ¿Recuerdas los nombres de todos los hombres con lo que te has acostado? Si, o al menos recuerdas sus caras, porque las mujeres sois así, el sexo nunca es casual para vosotras, por mucho que afirméis que lo es. - No quiero seguir escuchando. Salgo del dormitorio y busco el baño, donde cierro la puerta y pongo el pestillo. No quiero ver a Enzo. No quiero volver a verlo más. Lloro encerrada en el baño mientas oigo a Enzo moverse libremente por la habitación.
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