Viva

912 Palabras
–Nos vemos en un rato en la playa. – Dice Andrea desde lejos, Reich asiente y sigue tirando de mí. –Es un puto malcriado insoportable. – No soporto más y estallo. Para e intento calmarme al ver cosas bonitas en un escaparate. –No.- Reich me responde a una pregunta que no he hecho. – No lo es. Jamás le he visto perder los nervios. Tampoco le he visto ser tan déspota con nadie. Me había extrañado un poco, pero ahora lo entiendo. - Reich me mira con condescendencia. Es como si tratara de hablarme con la mirada, pero no la entiendo. –Reich, ¿te estás poniendo de su parte? – Dentro de la tienda veo miniaturas del castillo que hemos visitado y de platos típicos. Son imanes, así que entro para comprar alguno para mis madres. – No me estoy poniendo de parte de nadie. A ti te solía conocer, pero no sé si sigues siendo igual, y a él le estoy comenzado a conocer. No puedo decirte que estoy ni de su parte ni de la tuya. - Reich guarda un par de segundos de silencio mientras pago mi compra y salimos de nuevo a la calle. – Solo te digo que acabado de ver a una pareja que se estaba besando apasionadamente y al minuto estaban a punto de matarse. – Reich me sonríe con malicia y me deja en mitad de la calle mientras ella entra a una frutería que está al otro lado de la calle. Sale guardando unas frutas en su bandolera, me agarra del brazo y seguimos calle abajo, hacia donde debe estar la playa. –¿Tú sentías que estabas haciendo algo malo o pecando cuando besabas a Nero? – Me siento tan mal por confraternizar con el enemigo que necesito saber lo que siente ella. Parece que la pregunta también la afecta, pues se detiene en seco en mitad de la calle. –Si. También me pasa con Andrea. Pero es distinto, Nero era más salvaje, más aventura. Andrea es como volver a casa después de haberte saltado las reglas, como cuando eras joven o niño y volvías con un gran secreto que se quedaba ahí, en una esquina, que te hace sentir vivo, pero sabes que está mal. – La entiendo perfectamente. Sonrío y me devuelve la sonrisa. - Sabes que esto puede llegar a ser una jodida mierda, un paso en falso y…- Sin acabar la frase, Reich me agarra por la cintura y me hace correr calle abajo. – Así de jodidamente buena va a ser nuestra puta mierda de vida. – Reich parece más viva que nunca y no puedo más que correr y reír a su lado. “ Y tan jodida que va a ser” pienso cuando recuerdo el beso con Enzo. Tardamos menos de diez minutos en hacer un recorrido que posiblemente habríamos hecho en veinte si hubiéramos bajado como personas normales, pero lo hemos hecho entre corriendo y saltando, como si fuéramos niñas. El paseo marítimo no es muy grande, tampoco lo es el pueblo, pero sí que tiene el encanto de las casas blancas encaladas del sur y el castillo allí arriba, vigilándolo todo. Andrea y Enzo evidentemente no está por aquí, no les ha dado tiempo a llegar. Hay algunas personas disfrutando de paseos en la playa y en un descuido ya no veo a Reich a mi lado, está corriendo por la arena. La miro desde el paseo y al fin, por su insistencia me descalzo y la sigo a la arena de la playa. No se lo voy a decir, pero esto sienta genial, puedo notar como mis preocupaciones se escapan por mis pies siendo absorbidas por la arena de la playa. Raquel no para en la arena, tira su bolsa y los zapatos en la orilla y corre al agua. Yo comienzo a notar algo raro, no me siento gusto haciendo esto, pero la sigo, ya que me ha venido genial bajar a la arena, lo mismo mojarme los pies es aún mejor. No llego a pisar el agua cuando noto movimientos rápidos a mi espalda. No son Andrea y Enzo, por lo que instintivamente saco mi arma de la cintura. Un par de chicos están al lado del bolso de Raquel. Corro todo lo rápido que puedo y agarro al más pequeño por la pierna, le tiro al suelo y pongo mi rodilla en su cuello cuando noto que el otro va a intentar agredirme para ayudar a su compañero, levanto mi arma y le apunto directamente a la cabeza. Justo cuando el que está en pie parece que va a escapar Andrea se lanza sobre él y comienza a golpearle. Enzo me separa del que está en el suelo, agarrándome de la cintura y bajándome el arma para esconderla y levanta el muchacho que parece árabe de un empujón. Raquel llega corriendo desde la orilla y guardo mi arma recogiendo nuestras cosas. Andrea y Enzo les están dando una buena paliza a los ladrones y me doy cuenta de que esto me puede traer problemas. – Hay que irse de aquí. No podemos arriesgarnos a que nos reconozcan. – Le hablo a Reich bajito y la indico que se ponga su calzado, mientras yo hago lo mismo para ir a buscar nuestro coche. Al poco llegan los chicos, que confirman que han dejado a los ladrones a la orilla del mar, con su respectiva paliza.
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