Martina apuraba su café. Mala idea, pensó, lo último que me hace falta ahora es tomarme un café bien cargado, pero es que era su costumbre para no perder fuelle después de la comida del mediodía. Se sentía bastante cabreada. Ella pensando en darse una alegría con Víctor y se encuentra con que otra vez le han tomado la iniciativa. Ni siquiera follar con ese idiota. La mosquita muerta de Raquel se lo había levantado en sus narices. Pensó que después de una semana estaría tan desesperado que podría manejarlo a su antojo, pero otra vez, la que quedaba fuera de juego era ella…suma y sigue. Vaya una mierda, no le salía una a derechas y además estaba quedando como el culo en cada ocasión. ¿Le habría contado Víctor lo suyo a Raquel? Conociendo al nene no era una opción a descartar ni mucho menos.

