La cena.

1255 Palabras
Pasión Prohibida Narrador. La cena está marchando mejor de lo que se creía. Julianne al ver al Sr. Griffin sonrió discretamente pero Agatha casi lo besa en los labios. Alex y Bethany estaban muy cómodos hasta que Eric se unió a ellos y los saludó de manera muy efusiva. Lukas, no dejaba de mirar a Julianne parecía hechizado y Mademoiselle Lenoir se dio cuenta y no dejó de sonreír. Todos aquellos personajes tenían miradas furtivas y eran presa de otro cuerpo. Bethany estaba realmente incomoda pero Eric disfrutaba de aquel físico del que Alex no era honrado. Eric reía y fue su idea realizar el primer brindis. — Quiero hacer un brindis — dijo golpeando su copa con el tenedor. — Por Bethany y Alex, los recién casados — y miró fijamente a su ex amante. — No cometieron errores al casarse, hacen una pareja perfecta — Los ahora esposos se miraron algo incómodos. No se esperaban eso precisamente de Eric. Le agradecieron el gesto pero aún muy impresionados. — ¡Salud! — dijeron todos al unísono. Julianne y el Sr. Griffin se miraron con complicidad. Ella parecía muy segura mientras que él, estaba bastante nervioso. — Oh no, esperen — dijo Eric. — La encantadísima cuñada no tiene su copa — refiriéndose a Julianne. — Por favor Julianne, ¿Nos podrías acompañar? — Ella de inmediato tomó su copa y la juntó al resto. — Por supuesto — y sonrió mirando a Eric con algo de hipocresía. A él no le afectó en nada. Todos conversaban con su compañero de al lado. Lukas no dejaba de mirar a Julianne y a su corta de edad hacerle ojitos para que ella sonriera gustosa. — Creí que estarían de luna de miel — comentó Mademoiselle Lenoir a los recién casados. — En dos días nos vamos — respondió Bethany muy gustosa. — Mademoiselle, cuéntenos. ¿Desde cuando vive aquí en Miami? — — Desde hace 25 años. Mi padre es francés y mi madre era americana... — La dama se vio interrumpida por la hija mimada, Míah. — Y nos ha acompañado desde que nacimos, mi papá la trajo a la casa para que fuera nuestra tutora, pero también... — e hizo una pausa breve de dolor por lo que diría a continuación. — Cuando mi mamá murió, la dejó a nuestro cuidado y el de mi papá. O sea, Mademoiselle es como de la familia, una familia que así como está, está perfecta — y miró directamente a los ojos a la mujer que ella consideraba que le arrebataría la atención de su padre. Agatha Johnson. Julianne por otro lado miraba con una sonrisa en el rostro por lo que sucedía. Miraba a ambas sabiendo la sorpresa que se llevarían. — Tengo entendido Sr. Griffin que se mantiene alejado de sus empresas — cambió el tema lo suficientemente rápido. — Si, en estos momentos he dejado todo en manos de los gerentes. Voy poco a la oficina, lo hago de forma ocasional — — A él le encanta estar con nosotros. Desde que mi mamá falleció, nadie nos separa — y miró a su padre con una sonrisa amplia, él sabía que Míah quería ser un dolor de cabeza ahora. — Bueno, si — y Agatha sonrió. — Así somos los papás con los hijos, pero ¿sabes algo Míah? Llega un momento en la vida en el que uno no debe centrarse tanto en los hijos — la chica estaba enfurecida al escuchar esas palabras. La sonrió se desapareció de su rostro. — Cómo que hay que disfrutar la vida, ¿no? Una nueva oportunidad — y sonrió. Julianne no podía contener la risa. Agatha estiro su copa a la del Sr. Griffin y cuando éste se disponía a aceptar sus palabras, Míah decidió una vez más, no estar callada. — Eso no es necesario, porque estamos muy bien, ¿Verdad papi? — El Sr. Griffin miraba solo a Julianne sin saber que hacer, pero Míah acercó la copa hasta lo de su padre y brindó por sus palabras. Todos los demás hicieron lo mismo pero sabiendo las intenciones que que cada palabra guardaba. Hasta los empleados notaron esas palabras y no lo podían creer. Hablaban en la cocina de todo el espectáculo que Míah había realizado por Agatha quien creía quería robarle el amor de su papá. Había alguien que deseaba hablar y ese era Eric. Bethany se encontraba en un espacio de la casa donde disfrutaba de soledad mientras conversaban por teléfono con una amiga y le daba detalles de lo que vendría en su luna de miel. Cuando colgó y volteó, se encontró con la mirada inquisidora de Eric quien aprovechaba para admirar su belleza. — ¿Sabes? No lo había dicho hoy te ves increíblemente hermosa — — Gracias —y se alejó un poco para así intentar marcharse. Él no lo permitió. — ¿Te acuerdas de lo que hicimos la última vez...— — ¡Detente ya Eric!— y él sonrió. — Te lo diré esta última vez, no más rosas Eric, no más indirectas, soy una mujer casada — — Ya sé y tienes toda la razón y eso te hace más atractiva — su sonrisa fue de auténtico morbo pero la de ella fue de burla. — Me das vergüenza — y lo enfrento. — Si sigues con esto, Alex va a darse cuenta — — ¿Se va a dar cuenta de qué? ¿De qué existe química entre tu y yo?— Las palabras de Eric eran un puñal para una joven que lo quiso demasiado pero que ya se había convertido en su pasado. Ahora Alex era quien honraba aquel amor que ella entregó y que no estaba dispuesta a echar a perder. Alex apareció y ella gustosa fue a su encuentro dejando a Eric allí parado. El rechazo de bethany creaba en él una pizca de dolor, pero quién falló en aquella relación y la perdió, fue él y eso hacía más dolorosa la puntada en el ego. Había otro lado algo difícil y esa era Mademoiselle Lenoir. Ella se encontraba acostando a Lukas y él no paraba de hablar de lo hermosa que era Julianne. — Bethany es muy linda también — — Si pero ya esta casada — — ¿Y es que acaso la quieres para ti? — — No, para Eric. Harían una linda pareja — — Creo que a Eric no le gusta una, sino varias. Yo hablaré con él y lo voy a convencer — — ¿De qué? — — De qué la invite a salir. Juliane es la mujer más bonita que he visto — Mademoiselle ayudó a Lukas a acostarse y cuando se dirigió a la ventana para cerrarla, se encontró con una escena que estaba segura, nunca lo imaginó. Julianne y el Sr. Griffin sentados uno al lado del otro en un banco ubicado en el jardín de la mansión de aquel señor. – La noche está espectacular — — Así es — y lo miró con complicidad. — Ahora que está toda la familia, me gustaría anunciar lo que hemos conversado — — Recuerda lo que hablamos. Es necesario que yo conozca a tus hijos primero — — Claro, claro, yo entiendo pero tengo ganas de contárselos a todos. Quiero que te cases conmigo — y tomó su mano. Esas palabras llevaron a pensar un poco. Había mucha disposición entre los dos pero no se sabían hasta que punto.
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