Lucían intento controlar su agitada respiración luego de cerrar de un fuerte portazo que resonó por los pasillos la puerta de su despacho. Colocó sus manos sobre el escritorio sintiendo sus músculos tensos. Leisel y Leonard se habían besado delante de sus ojos. ¡Delante de sus jodidos ojos! —¡Maldita sea! —Exclamó lanzando una figura de porcelana que decoraba su escritorio, la pieza de hizo pedazos en el suelo de la misma manera que su interior. Comparado con lo que sentía por dentro estaba actuando con prudencia, una sirvienta se coló en la habitación y comenzó a recoger los pedazos, Benedetto le siguió haciendo que su presencia fuera notable. —¿Qué pasa? —Preguntó Lucían controlando sus emociones, se sentó dejándose embargar por el sonido de la gente que disfrutaba fuera la fiesta. El

