Diego Mónica llega a mi departamento, ella un mar de lágrimas de inmediato me abraza. No sé qué le pasa; nunca la había visto así de mal. — ¿Qué pasa? — Eduardo no es mi padre, Paloma me lo restregó en la cara. — Paloma. — Sí, Diego se burló de mí y me lo dijo de la peor manera — solloza. — Tranquila, te daré agua. — No quiero volver, Diego. Me puedo quedar acá. No tenía corazón para correrla y menos en este estado. — Diego, eres lo único que tengo; no tengo familia ni amigos. — Siguen siendo tu familia; tu madre sigue siendo Bárbara y Eduardo. — No me hables de él. Le dejé a Mónica mi cuarto y me fui al cuarto de huéspedes; no puedo creer lo que acabo de escuchar. Jugueteo con el anillo en mi mano, pensando en Paloma. ¿Qué estará haciendo ahora mismo? Solo imaginar que puede

