Estaba sentada en las piernas de Diego en su oficina. Había venido a visitarlo; supuestamente, era un rato, pero no nos hemos despegado. — Ya quiero que sea viernes para robarte — besa mi cuello. — No hay que esperar; vamos a tu depa — beso sus labios. — Mi departamento es un desastre. Entra Iván sin golpear; cuando nos ve juntos, su cara cambia. Quisiera matarlo con mis propias manos; no puedo creer lo lejos que llegó. — Te confundiste, Paloma; no está con Luciano. — Un error lo comete cualquiera — dice cínicamente. — Nos vemos, flaquito; te amo — beso sus labios desenfrenadamente; él me corresponde. Luego de eso, me voy; subo al ascensor, veo que Iván viene corriendo. Intento cerrar el ascensor pulsando el botón, pero logra entrar antes de que se cierre. — No sé qué te dijo, per

