El momento de revelarle a alguien sobre mi boda finalmente había llegado, y esa persona especial era mi tía, la figura que casi había asumido el papel de madre en mi vida. Con ese propósito, Diego y yo la invitamos a un almuerzo en nuestro departamento. La incertidumbre flotaba en el aire mientras preparábamos el escenario para compartir la noticia. No sabía con certeza cómo mi tía reaccionaría ante la noticia de mi matrimonio. La mezcla de emociones y expectativas llenaba la habitación, creando una tensión palpable mientras aguardábamos su llegada. — No me digan que tendrán un bebé. Nos miramos y reímos; no tenía idea de lo que queríamos decirle. — Tía, nos casaremos. — No es sorpresa, ¿cuándo? — Mañana — dijo Diego. Sus ojos se abrieron como platos; luego, su expresión cambió a en

