Martín. Mi vida como sacerdote siempre había sido más o menos normal, con altibajos. Supongo que como la de todo el mundo. Por supuesto, tenía mis momentos de crisis o dudas, pero tengo que decir que nunca habían sido provocados por una mujer o por temas de sexo. Nunca tuve novia formal. Los típicos tonteos de cuando eres adolescente, pero nada serio. Con mis treinta y cinco años aún podía decir que era virgen. Por supuesto me había masturbado muchas veces, pero nunca había hecho el amor con ninguna mujer. Mucha culpa de mis masturbaciones la tenía Elena, una amiga de mi pueblo que crecimos juntos. Siempre me había fijado en ella, pero no aprecié nunca que ella se fijara en mí. De niños crecimos juntos en el colegio y según íbamos creciendo ella se iba transformando en una mujer increí

