Morgana. Me encontraba en mis clases de la Universidad como en un día cualquiera, sentada en uno de los primeros asientos de los cientos frente al escritorio y la clase del profesor Fynick; quien era un hombre de unos cuarenta y tantos años. Bastante maduro, a comparación de mí que tenía diecinueve. Era un maldito anciano, y lo sabía, pero no había perdido su buena figura. Porque lucía perfectamente esa camisa blanca que le hacía resaltar sus bíceps y esos pantalones de mezclilla negros que le marcaban la polla como a nadie. Joder, Fynick era el hombre por el que muchas estudiantes morían y estaba seguro de eso. Era el hombre más sexy de la Universidad. Y yo me lo iba a follar. No era ninguna miss popularidad, o alguna buena atleta. Pero a diferencia del resto de las chicas, tenía una

