FLORENCIA —No puedes hacer eso. —Puedo hacerlo. —No se te ocurra hacerle daño porque no voy a perdonarnos nunca—exclamó la italiana mientras perseguía a sus hermanos desde que supo que saldrían aquella noche y conoció su destino.—Si dañan a Franco me dañan a mí. —Si te dañan a ti, me dañan a mi y me duele Ludmila, como no tienes ni una puta idea. Me duele ver a mi hermana en esta cruenta situación a expensas que toda la Toscana la llame zorra y la señalen. No tienes derecho a pedirme que no mate a Contti. Va a responderte por las buenas o pienso matarlo al infeliz hijo de puta. Yo se que somos hombres, sé que somos capos pero te juro por Dios que si alguno de nosotros hubiera hecho eso lo obligó a responder indudablemente porque un Salerno no comete tal bajeza. Un Salerno no abandon

