Fausto Villanueva.
Doy vueltas y vueltas por el cuarto de invitados, miro mi celular de reojo, en verdad mis manos pican por tomarlo y enviar ese maldito mensaje.
Necesito escribirle, necesito hablar con ella.
Necesito escribirle a Carmín antes de que la ansiedad termine por carcomerme.
Resoplo e intento hacerle caso a la parte racional de mi cabeza, trato de convencerme de que lo que estoy a punto de hacer no va con mis principios y mi moral, pero después de unas cuantas vueltas más por la alcoba, me termina por ganar la desesperación.
Con mis manos un poco sudorosas por los nervios, tomo mi teléfono y busco entre los contactos su nombre, hasta que por fin doy con él.
Carmín A.
Debo admitir que ser profesor me dejó el gran beneficio de poder averiguar su número telefónico. Si, quizás quede como un maldito acosador al hablarle tan pronto pero es que, después de lo sucedido en el aula, no creo que ella esté tan tranquila tampoco.
Siente lo mismo, se sintió mutuo.
Tomando coraje, escribo el primer texto.
—Hola Carmín, disculpa que te moleste, pero de verdad no he podido dejar de pensar en ti—
Claro, conciso y confiado, toco la opción de enviar sintiendo como el corazón está a punto de salirme por la boca, sinceramente me siento como un adolescente cuando envía un mensaje a su crush. Si, así de ridículo y nervioso.
Pasan menos de dos minutos cuando el móvil vibra, con algo de titubeo lo desbloqueo y automáticamente se abre la conversación con la rubia. Lo primero que noto es que ya me aparece su foto de perfil, foto al cual me roba un suspiro.
Se la puede apreciar a ella mirando directo a la cámara, con su típica sonrisa radiante, su hermoso cabello suelto con ondas, unos pantalones algo holgados, un top y zapatos de tacón. Se ve preciosa.
Luego de verla por unos segundos, voy al mensaje.
—Hola, profesor Villanueva ¿Cómo consiguió mi número? Y, no se preocupe, yo tampoco he podido dejar de pensar en lo que sucedió hoy…—
Sonrío al leer su respuesta y un poco más confiado, me recuesto en la cama sintiendo el cómodo colchón recibirme con comodidad. Pienso por unos segundos en que le voy a contestar.
—No sabes lo feliz que me hace saber que esto es correspondido y, respondiendo a tu pregunta, digamos que el ser profesor te da ciertos beneficios—
Noto el “escribiendo” ponerse al instante.
—Bueno, digamos que un hombre como usted tiene sus encantos…¿Qué estás haciendo, Fausto? Porque supongo que por aquí te puedo tutear—
Suelto una risita de satisfacción, esta chica me encanta. Con esa frase soy consciente de que el juego acaba de comenzar. La partida de ajedrez en la que nos metimos empezó, y estoy seguro de que será muy divertido.
—Estoy acostado, ha sido una mañana algo pesada…¿Y tú?—
Pasan un minuto exacto para su contestación, la cual cuando llegó me dejó atónito.
Una foto de ella en lo que parecía un baño de burbujas llenó mi pantalla. Carmín lucía su cabello en un rodete, una sonrisa inocente adorna su cara mientras que solo su cuello y brazos están descubiertos.
Maldita seas, espuma.
Leo el texto adjuntado “Relajándome en la tina”, seguido de ello, otro mensaje de ella.
—¿Fausto? ¿Estás ahí? De verdad lo lamento si fue mucho—
—No, no te preocupes, de hecho, te ves muy bonita — como idiota adjunto una carita sonriente.
Sintiéndome estúpido miro entre mis pantalones, los cuales dejan notar un bulto prominente en ellos. Si, me he puesto caliente con esa foto, y ni siquiera se la ve totalmente desnuda. Un poco adolorido, decido irme directo al baño con el celular en mano.
Voy a la galería y abro la foto de la ardiente rubia, no me hago esperar y bajo mis pantalones, comenzando a pasar mi mano por mi erección, primero voy lento y luego, la velocidad aumenta. Siento mi polla calentarse más con cada caricia, mis ojos devoran la fotografía de la joven mientras siento la cima acercarse a mí. Muerdo mi labio inferior evitando gruñir mientras el orgasmo toma poder de mi cuerpo.
Los espasmos recorren mi espalda, mi respiración es agitada. Luego de soltar varios suspiros secos, abro mis ojos, los cuales me dejan ver la pantalla del móvil manchada con mi propio semen. La imagen aun sigue brillando, pero está cubierta por dicha capa.
Que estupidez acabo de cometer.
Limpio el celular y rápidamente abro el chat con Carmín.
—Necesito verte— escribo decidido.
Necesito apagar el fuego que crece en mí.
Tengo la necesidad de deshacerme cuan lava liquida en su cuerpo, sentirla y hacerla mía. Y no me importa tener que romper mis limites con tal de lograrlo, siempre obtengo lo que quiero y ella no será la excepción.
--
....
Dulce
Tan Dulce como la miel,
Ardiente cuan salsa picante,
Brillante similar a un diamante,
Astuta como una serpiente, silenciosa y endulzante.
Quizás algún día yo sea el ganador, y pueda probar el dulce sabor de tu piel.
En mis sueños más lívidos, eres la protagonista,
Allí estás tú, presente en todo momento.
En todos ellos, no hay nadie más que pueda ocupar tu lugar,
Por más que quiera o lo intente, eres tu quien me vuelve tu esclavo.
Mi dulce y ardiente Carmín.
Desearía ser yo quien también robe tu aliento;
Mis labios te buscaran con Anhelo,
en cada amanecer y al caer el sol.
Eres el sueño que despierta mi desvelo,
la melodia que acaricia mi razón.
Tu mirada, fuego que me consume,
tus palabras, un susurro en mi oído.
En este juego de atracción que nos resume,
espero ser el elegido.
Bajo el cielo estrellado, tu y yo,
unidos por la pasión que nos envuelve.
En cada beso, en cada abrazo, en el eco,
de nuestro amor que el universo resuelve.
Así, juntos en esta peligrosa danza sin final,
completamos el poema de nuestro incorrecto amor,
donde cada verso es un ritual,
y tú, mi dulce y ardiente Carmín, mi esplendor.