Carmín Altamirano.
—Ya llegué, abuela— medio grito al pasar la sala.
Intento pasar de largo, pues en verdad no tengo ganas de hablar, estoy que me hierve la sangre. En verdad me cargo un humor de perros.
—Pss pss pss, ven aquí muchachita. ¿Qué son esos modales de no saludar a tu abuela?— habla mientras apenas subí dos escalones.
Pongo los ojos en blanco y me obligo a girar y bajar de nuevo. Dejo mi mochila en el sofá y voy directo a ella.
—Hola, abuela— me analiza de arriba a abajo y una sonrisa se ensancha en su boca.
Me conoce demasiado, diría yo.
—¿Qué novedades tienes?—
Y es cuando siento mi cara arder, sin evitarlo me siento y pongo un almohadón en mi rostro ahogando un grito de frustración.
Pura y lívida frustración.
—Es que no lo soporto, abuela. De verdad, creí que sería más fácil pero no. Me hierve la sangre de verdad, odio que me toque—
Su mirada cambia a una de sorpresa.
—¿Que te toque? ¿Qué? Acaso ustedes ya—
—NO. No, nada más allá ha sucedió, aún. Él pues, me pidió que me quede al terminar la clase y....me besó—
Es cuando la abuela Sarah comienza a saltar como si de una niña pequeña se tratase, riendo en el proceso y aplaudiendo.
No puede ser verdad.
A este punto siento que el corazón se me va a salir por la boca de tanta rabia que siento.
—Así que él hombrecito ya cayó redondito a tus pies—
—Si, y no es la primera vez—
Su boca se abre en "O" y pone una mano en su pecho fingiendo estar ofendida.
—O sea que ya ha sucedido ¿y no me has contado? Quiero saberlo todo, nena—
—El primer beso fue en el club, no preguntes cómo, pero, terminamos jugando con él y sus amigos a la pelota y, no lo pude evitar. Le pegué un balonazo directo a su cara y, tuve que acompañarlo a la enfermería y sucedió—
Entrelazo mis dedos con nerviosismo.
—Estoy muy contenta— dice con una sonrisa de suficiencia—estás siguiendo cada paso de nuestro plan, y esto es obra del señor. Él te está encaminando—
—Si abuela, pero, ¿No podemos hacer otra cosa? De verdad, no sabes cuánto odio sentirle cerca. Es demasiado sacrificio—
—No ¿Acaso estás loca? Seguro ya lo tienes comiendo de tu mano. Te aseguro que todo pasará en menos de lo que pensamos, acuérdate, grandes sacrificios ameritan grandes recompensas. Además, hemos estado planeando esto por años, no te puedes echar para atrás justo ahora—
Y sin dejarme hablar, se levanta de su asiento dedicándome una fuerte mirada.
—En quince minutos estará el almuerzo, ve a cambiarte y date una ducha para bajar ese mal humor que te cargas, nena— acentuó la forma de llamarme y se alejó.
Me siento tan impotente, no puedo asimilar esto. En verdad que pensé que sería más sencillo, pero me equivoqué.
Señor, por favor dame la fuerza que necesito para poder seguir con esto, que se haga tu completa voluntad.
Amén.
——————————
—¿No vas a decir nada?— pregunta la abuela.
En todo el almuerzo ninguna habló, eso porque por lo general soy yo quien se encarga de contarle sobre mi día, el que he hecho hoy o como se siente. Pero no, la verdad es que con la mala ostia con la que me encuentro, no tengo ganas de hablar.
No contesto, solo niego con la cabeza para tomar el anteúltimo pedazo de carne y llevarlo a mi boca.
—Así que piensas hacerme berrinche, mocosa—ni siquiera la miro—pues te diré una cosa, Carmín— procedió a levantarse de su silla—ni porque me hagas este tipo de escenas voy a dejar atrás nuestros planes ¿Me oyes? Vamos a acabar con lo que empezamos y es mi última palabra— golpea la mesa y se retira, dejándome sola.
Comienzo a respirar con algo de dificultad, pero me trago el orgullo y las lágrimas que amenazan con salir. Con esfuerzo termino con el bocado que quedó en mi plato, bebo un poco de agua y comienzo a recoger los trastes, los deposito en el lavavajillas, lo enciendo y me retiro de la cocina.
Con mucha pereza voy a mi cuarto, necesito descansar un poco luego de este asqueroso día. Al llegar voy directo al baño, me deshago de mi ropa y preparo la tina. Necesito un baño de burbujas.
Abro la llave, le agrego al agua un poco de aromatizante de rosas, sales de jazmín y jabón color rosa, mientras espero a que se llene voy por mi celular, quizás ponga un poco de música.
Vuelvo a la bañera, me introduzco en ella luego de apagar la llave y recoger mi cabello en un chongo. Me recuesto disfrutando de la espuma tibia que se formaron en este, el ambiente huele delicioso y fresco.
Cierro mis ojos decidiendo no encender el reproductor de música y empiezo a relajarme. Mi mente divaga en cosas positivas, dejando en blanco las malas promesas.
Porque si, sé perfectamente que lo que estoy haciendo no está bien, pero tampoco creo poder pararlo. Mi abuela me hizo jurar frente a Dios que haría justicia por lo que le sucedió a mi madre y contra ello, no podré.
No sé cuanto tiempo transcurrió, solo estoy consciente de que cuando estuve a punto de quedarme dormida, mi celular sonó haciéndome saber que un mensaje había llegado.
Rayos, olvidé ponerlo en vibrador.
Con la curiosidad en boca, seco una de mis manos y me estiro hasta alcanzar el móvil. Lo desbloqueo y voy directo al w******p.
Número desconocido.
Frunzo el ceño y abro el mensaje.
—Hola Carmín, disculpa que te moleste, pero de verdad no he podido dejar de pensar en ti—
Mierda, esto tiene que ser una maldita broma.