Capitulo 8

1166 Palabras
Fausto Villanueva. Mi sonrisa de adolescente enamorado no podía borrarse de mi rostro, lo cual, no me molestaba para nada. Hace años que no siento esta sensación, es como si volviera a tener veintidós años de nuevo, como si mi vida de soltero empedernido estuviese de nuevo presente. El solo hecho de pensar en lo sucedido me hace sentir escalofríos, esa chica simplemente logra que me olvide de todo. Mi coche aún sigue aparcado afuera de la casa de Carmín, quien de manera muy testaruda dejó que la trajera. Luego del incidente de la camisa, la cual se desprendió dejándo a la vista sus pecaminosos pechos, ella se mostró muy avergonzada y pidió de manera altanera irse, a lo cual accedí, pero con la condición de ser yo quien la trajera sana y salva. Me fue increíblemente difícil resistirme a sus encantos, el tenerla en mi oficina, con la blusa descubierta dejando a vista sus grandiosos atributos acompañado con esa cara tan angelical y llena de vergüenza que me provocaba una ternura ardiente...fue simplemente irresistible. Pero lo logré, logré contenerme. Si quiero tenerla conmigo será ganándola poco a poco, no yendo a lo brusco, esos no son mis principios. Suspiro ruidosamente reprimiendo mis pensamientos anteriores, sin esperar puse mi auto en marcha, conduje de manera lenta y tortuosa a mi morada, en todo el recorrido no pude dejar de pensar en esa dulce jovencita de tan solo veinte años. Tan llena de sensualidad, amabilidad, inteligencia y una pisca de picardía, siendo ella consiente de tales efectos causantes en los hombres, lo sé, se le nota en los ojos que sabe cuáles son las intenciones de los demás y las maneja a su antojo. Y eso me encanta, amaría ver como toma el control en mí, atándome en la cama, moviendo con desdén sus caderas sobre mí o...Poder dominarla de tal manera que todo su ego quede idolatrado por el placer puro de poder probarnos el uno al otro. Sería totalmente delicioso. Sacudo mi cabeza al notar una erección prominente entre mis piernas, un poco frustrado la acaricio sobre el pantalón y finalmente aparco en el estacionamiento de mi hogar, me lleno de pensamientos desagradables los cuales logran que mi problema anterior desaparezca. Y ahora tengo que lidiar con otro problema, María. Algo dentro de mí se incomoda, jamás creí que a ella la vería como un problema, pero...finalmente se volvió en uno. Las peleas se han intensificado en estos últimos días, ella jura que tengo una amante y que mi trabajo es solo una excusa para poder estar con tal mujer. Aunque creo que esa alucinación se está acercando a la realidad... Oculto una risa impertinente y con pereza introduzco las llaves en la puerta, la cierro y ya adentro miro la hora en el reloj de mi pared marcando las 15:00hs, al parecer he pasado más tiempo fuera que lo normal en un viernes. Niego con mi cabeza y al girar puedo notar a María parada en medio de la sala, posee un aspecto un poco desalineado, su cabello está en una desarreglada dona, aún está en pijama y unas ojeras adornan bajo sus ojos. Quiero sonreír, aun así se ve bonita. —¿En dónde estabas? — comienza a recriminar con voz enojada. Ah, ya no se ve tan bonita... Hago una mueca y mirándole a esos ojos incriminatorios respondo —estuve en la oficina, María, trabajando — —¿Y esperas a que me trague ese cuento? Por favor, tus llegadas del trabajo cada vez son más tardes — No contesto eso, solo la esquivo preguntando —¿Dónde está mi hijo? — —¿Te refieres al hijo del cual nunca estás pendiente? En su habitación durmiendo la siesta, no quiero que vayas a molestarlo — Sus palabras lograron molestarme, le lancé una dura mirada y subiendo las escaleras proclamé: —Tú no me vas a prohibir verlo cuando yo quiera, también es mi hijo y estoy en mi casa, María — Sin verla y quitándome el saco junto con la corbata me dirijo a su habitación, voy cómodo y acorde a la situación, sin hacer tanto ruido abro la puerta confirmando lo que he sospechado. Lucas se encuentra sentado en el medio de las cuatro paredes, sentado en un tapete de peluche con forma de nave espacial con sus piernas cruzadas cuan indio, en sus manos blancas se encuentra un Nintendo Switch y sus ojos se encuentran concentrados en dicho juego. Miro sus dedos moverse con hábilesa mientras el sonido de la risa de Mario Bross resuena en el ambiente. —Vaya que, si eres bueno, todo un campeón — —¡Papá! — grita eufórico al verme, soltando la consola al instante para saltar a mis brazos —viniste, te extrañé tanto, pensé que no vendrías ya que mamá dijo que tenías demasiado trabajo como para estar conmigo — Su voz llena de inocencia repitiendo esas palabras llenas de veneno me ponen incómodo. —¿Eso te dijo tu madre? — el pequeño asintió —pues no es verdad, yo siempre tendré tiempo para ti, campeón, eres lo más importante que tengo en esta vida — Envuelvo mis brazos alrededor de su pequeño cuerpo y acaricio su cabeza, me da tanta rabia que mientras no estoy, su madre aproveche para meterle ideas insalubres en su mente. Es solo un niño, su única preocupación debe ser jugar, divertirse y preocuparse por no querer bañarse. —Qué te parece si te das una ducha y te llevo al parque de diversiones o a donde tú quieras, pasaremos la tarde solo tú y yo ¿vale? — El niño sonrió con emoción mientras gritaba "SI, SI" con euforia en su voz. —¿Puede venir mamá con nosotros? — —Por supuesto que si, campeón — acepté, aunque la idea no me gustaba tanto. —¿Podemos obviar la parte del baño? — pidió agudo. —No, ve a la ducha — —Contra mi c*****r! — gritó para luego empezar a correr. —Ya verás enano — — — — — — — — --- Maldad. A veces la maldad viene tomada de la mano de las personas de la cual menos te lo esperas. Esa sensación vertiginosa de entrar en alerta al darte cuenta de que nada es lo que pareece. La perversidad está adentrada en todo ser humano, la decisión de dejarla salir a flote está en cada uno. Dicen que los oscuros pensamientos están infiltrados, aparecen de infraganti al menos tres veces por día... Es allí cuando nos sentimos atraídos por aquella emoción. El deseo de lo prohibido nos engaña. Algunos caen ante dichoso sentir, otros nos retraemos hasta más no poder. Más sin embargo, ni el más santo de los santos es salvado de cometer tan solo un acto de maldad. En esta vida, lo prohibido es lo que nos hace sentir vivos. Y tarde o temprano, la necesidad de sentirnos orgánicos nos hará traicionarnos sin darnos cuenta...
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR