Capitulo 7

1124 Palabras
Carmín Altamirano. Sentía como mi corazón latía sin remedio alguno, la verdad es que jamás pensé encontrarme aquí con este hombre, no tenía idea de que él trabajaba en este lugar. Pero yo sí sé quién lo sabía... La abuela. Esa condenada vieja me ha a oír cuando llegue a la casa. Suspiro mientras estamos en el elevador, las puertas se cerraron y sentí el ambiente volverse tenso. —¿Arde? — preguntó Fausto acercándose de más a mí. Pues obvio que arde imbécil ¡Me tiraste café hirviendo encima! —Como no tiene idea — contesté aguantándome las ganas de decirle alguna grosería y sacando mi mejor cara de niña buena. Noté como una sonrisa quería abandonar sus labios, pero la retuvo, sus pasos se volvieron inminentes ante mí, gracias a que portaba tacones me sacaba solo una cabeza, sus ojos fueron a parar a mi boca y ahora la que quería reír era yo. Ya falta poco Fausto, no te aceleres. Dejé que creyera que me tenía en sus manos, y justo cuando su cara no podía estar más cerca... *Ting* Las puertas del ascensor se abrieron y creo que mis ojos se iluminaron por ello, lo tengo todo fríamente calculado. Mostré mis blancos dientes y salí como pude de ahí. —Diablos — escuché que susurró. —¿Cómo? — pregunto divertida. —Nada, por aquí — se adelantó y nos guía a una doble puerta color negra que se hallaba al final del pasillo. La abrió e intenté parecer neutra. Pfff he visto mejores. —Pasa — —Permiso — ingresé observando todo, lo cierto es que la oficina es similar a la de mi difunto abuelo —¿Te gusta? — —No está mal — le dejé ver que no me sorprendía con cualquier cosa —aquí está usted todos los días — —No, de hecho, solo los lunes y miércoles en la tarde, y los viernes a la mañana como podrás notar — Contesté con un "ah" en tono bajito. Seguí simulando que observaba todo mientras sentía su mirada en mi espalda. En su escritorio se posaba una foto de él junto a un niño muy similar a este y una mujer pelirroja. ¿Será esa? —¿Esos son su mujer y su hijo? —siempre tan prudente con tus preguntas, Carmín. Al decir aquello Fausto me miró algo incomodo por lo que me retracté al instante. —Oh perdón, yo no quise... — —No, no te preocupes y si, él es mi hijo Lucas y la de allí es mi mujer — lo último lo dijo algo decepcionado. —¿Dije algo malo? — Intento sonar preocupada pero lo cierto es que no me importa en lo más mínimo...Aunque bueno, quizás sea divertido enterarme de que la está pasando mal. —No, no tú no dijiste nada malo. Es solo que — se gira y mira a la puerta —las cosas con ella no van nada bien, creo que ni siquiera se podría decir que somos un matrimonio — Interesante. Así que esa es la jugada que quieres imponer, Fausto. Poco inteligente de tu parte, déjame decirte. —Yo lo siento mucho, no quería incomodarle — reí internamente mientras caminé a él. Toqué su hombro de manera amistosa y dije —Para todo hay solución y si no, bueno, las cosas pasan por algo — se dio la vuelta y me observó, tomé sus manos y mirándole directo a los ojos seguí —los planes de Dios son perfectos, y si uno lo piensa, todo va encajando pieza por pieza — Sentí como dio un ligero apretón y se agachó un poco más. No, aun no puedes probarme, querido. Sentí su respiración acercarse en cada segundo, literalmente estaba entre la espada y la pared ya que no quería besarle, pero, por otro lado, lo que menos necesitaba que piense es que no tengo interés en él. Por favor, un milagro. Y como si nuestro divino señor hubiese escuchado mis pensamientos suplicantes, nuevamente nos vimos interrumpidos por la puerta del despacho que fue golpeada y luego abierta. Nos separamos de forma disimulada. La mujer cuyo nombre es Ainara dejó amablemente una camisa blanca en mis manos (la cual podía notar que era uno o dos talles más grandes que el mío) y se marchó poniendo su mejor sonrisa. Mordí nerviosa mis labios al notar que volvimos a quedarnos solos y que la mirada de Fausto ahora había bajado a la transparencia de mi escote. —Mmhh — hice un ruido con la garganta —creo que voy a cambiarme — —Puedes usar el baño que está aquí — No me negué debido a que no tenía ganas de más personas desconocidas que sigan viendo mis fachas. Con lentitud y un poco de movimiento de caderas fui hasta el dichoso baño. Cerré con pestillo sin hacer tanto ruido y procedí a quitarme la prenda manchada por la limpia. Intenté no chillar frustrada debido a que en verdad me quedaba grande. Acomodé la blusa lo mejor que pude, la arremangué y metí dentro de mi falda, debía tener cuidado con los botones ya qué en el mínimo movimiento se iban a desprender ya que, en verdad me queda floja. Aprovecho para admirarme en el espejo, retocando en el proceso y maquillaje y peinando mi cabellera. Sonreí antes de salir al campo de batalla de nuevo. Erguí mi postura y como lo que era fui donde Fausto. Como toda una diosa. Mis tacones resonaron haciéndole saber que ya estaba lista, le di una tierna mirada apenada mientras doblaba la ropa manchada. —¿Todo listo? — —Si — sonreí. Y en acto sorpresa los tres primeros botones de la camisa se desprendieron "accidentalmente", logrando así que su vista se perdiera allí, que se quedara boquiabierto, sin habla. Y que el fuego ardiente comenzara a nacer. -- -- Fuego ardiente, suplicante, complaciente. Tan mortal e inmoral, incendia mis deseos más oscuros. Trato de no dejarme llevar, de no caer. No quemarme. Tan fácil que pareciera aquella indicación. Pero, cuando se trata del fuego pecaminoso, aquel que prende nuestras vidas…. Resulta todo más tentador. Difícil. No tocar ni poder mirar esas llamas tan incandescentes. Indecente. Así he de sentirme porque no me puedo resistir... Su cuerpo completo es puro deseo oscuro, Y debo admitir que sin quererlo, Aunque trate de evitarlo, aunque intente reprimirme, Por más que yo haga y reprima esto que siento cada vez más cerca de mí. Sé que me desmoronaré frente a él. A ese fuego tan fuerte al cual nadie puede moderarse. Inclusive el más fuerte de los dioses ha caído ante él. El fuego mortal de la pasión.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR