CAPÍTULO XLVIII Todos tenían mucha razón cuando aseguraba que Aidán era un hombre muy fuerte, tan solo un par de días y se encontraba bastante recuperado, ya podía hablar sin agitarse y aunque aún no se ponía de pie, si lograba mantenerse sentado en la camilla, su cuerpo poco a poco iba dejando de estar adolorido por el impacto. —¿Han sabido algo de ella?—preguntó de pronto a Selene, quien se encontraba ayudandolo a comer. La joven supo de inmediato que se refería a Sofía, las pocas veces que Aidán se había referido a ella en aquellos días, había sido de la misma manera, negándose rotundamente a llamarla madre y no porque le hubiera disparado, sino por qué cuando lo hizo, su único objetivo era lastimar a Selene y a su bebé, eso jamás se lo perdonaría. —No, Oliver me contó que le han se

